El ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, exdirigente del extinto Partido de la Revolución Democrática (PRD), murió este miércoles 28 de octubre sin haber logrado su máxima aspiración política: ser presidente de México.
Cuauhtémoc Cárdenas y su búsqueda por la presidencia
Cárdenas ganó las elecciones presidenciales de 1988, pero el PRI maquinó un escandaloso fraude electoral que le impidió emular al general Lázaro Cárdenas, su padre, presidente de México casi 50 años atrás.
Ante el fraude, Cuauhtémoc optó por detener un inminente estallido social y convocó a la fundación del PRD; siempre negó haber hecho un acuerdo político como lo divulgaron Carlos Salinas y Porfirio Muñoz Ledo. Se postuló a la presidencia en tres ocasiones, pero su último intento fue más simbólico que competitivo.
Homicidio de Paco Stanley: la guerra mediática contra Cárdenas
Cuauhtémoc fue el primer jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal —hoy Ciudad de México— que resultó electo por voto popular y el primero al que las televisoras privadas le montaron una guerra mediática para forzarlo a renunciar.
Lo culparon del homicidio del comediante Paco Stanley, asesinado por el crimen organizado.
Durante su corta jefatura, Cárdenas armó el nuevo andamiaje jurídico de la capital, creó las primeras secretarías, limpió la red de alcantarillado, recuperó espacios públicos y pavimentó hasta la última calle de la ciudad.
- ¿Cuáles eran?
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Era el último de los tres líderes de la Corriente Democrática que sobrevivía: Muñoz Ledo y la maestra Ifigenia Martínez murieron en 2023 y 2024, respectivamente.
Cuauhtémoc nunca sintió con una responsabilidad histórica por conservar el legado de su padre, pero defendió el petróleo y presentó una propuesta de reforma energética.
Cuando el general Cárdenas estaba en campaña por la Presidencia, nació su único hijo varón. Sucedió el primero de mayo de 1934, en la colonia Guadalupe Inn, de Ciudad de México.
“A las 18 horas, Amalia dio a luz un niño. Feliz coincidencia la de su nacimiento en este día”, escribió el general en uno de sus numerosos apuntes.
“Llevará por nombre Cuauhtémoc Lázaro Cárdenas Solórzano”. Cuauhtémoc —“Águila que desciende”, según el náhuatl clásico— vivió hasta los seis años en Los Pinos, la antigua residencia presidencial. Creció con niños y adolescentes de diferentes estados del país, a quienes sus padres les patrocinaban la educación.
En el jardín de niños tuvo de compañero a Muñoz Ledo, quien entonces tartamudeaba.
El ingeniero conservaba recuerdos vagos sobre el día en que su padre expropió el petróleo, en marzo de 1938, pero en la adultez investigó y escribió sobre el general como nadie. En esos pasajes, el niño Cuauhtémoc acompaña a su padre en algunas giras presidenciales por las presas.
De ahí la atracción de Cuauhtémoc por la ingeniería civil, carrera de la que se graduó a los 22 años, en la UNAM. En 1954, como universitario participó en la protesta por el golpe de Estado en Guatemala.
Tiempo después vio cómo su padre apoyó a Fidel Castro. La destreza de Cárdenas como ingeniero y la influencia política del general Cárdenas lo llevaron, en 1959, a dirigir un comité de estudios que derivó en la Comisión del Río Balsas, la que también capitaneó.
Cuauhtémoc solía contar que su primer contacto con la política ocurrió en enero de 1961: en medio de la Guerra Fría, participó en la Conferencia Latinoamericana por la Soberanía Nacional, realizada en México, donde se reunieron diferentes tendencias y posiciones políticas “en busca del progreso, bienestar y paz de sus pueblos”.
Junto a su padre, militó en el Movimiento de Liberación Nacional, cuyo objetivo era democratizar al PRI y consolidar una postura más de izquierda. No lo lograron y el MLN se disolvió.
Los inicios de Cárdenas en la política
La noche del 2 de abril de 1963, en la calle de Andes 605, Lomas de Chapultepec, Cárdenas se casó con Celeste Batel, con quien tuvo tres hijos: Lázaro, Cuauhtémoc y Camila.
Al año siguiente fue nombrado Ingeniero Residente de la Secretaría de Recursos Hidráulicos para coordinar, de 1964 a 1969, la construcción de la presa de La Villita sobre el río Balsas.
No todo era felicidad: mientras inspeccionaba las obras, declaraba en quiebra la empresa que había abierto antes de casarse: Compañía Constructora Inde. Además, el 19 de octubre de 1970 murió el general, el hecho más doloroso para Cuauhtémoc.
En 1974 quiso ser el candidato a la gubernatura de Michoacán, pero el entonces presidente Luis Echeverría se inclinó por Carlos Torres.
“Me resigné porque yo había aceptado el juego donde sola una voz elegía quién llegaba y quién no”.
En 1976, José López Portillo, el nuevo mandatario, fue esa voz que lo eligió: en compensación por su trabajo en la campaña, primero lo nombró senador, luego lo hizo subsecretario de Fauna y, en 1980, lo apoyó para que fuera gobernador.
La DFS, la agencia espía del gobierno mexicano, registró un encuentro entre Cárdenas y la reina Isabel II de Inglaterra, el 18 de febrero de 1983, en el puerto de Lázaro Cárdenas.
“A las 17:00 horas, la reina (llegó) al muelle para abordar el yate Britannia, donde tomó el té con el gobernador del estado”. Durante la gestión de Cuauhtémoc, algunos medios denunciaron nepotismo y expropiaciones de tierras.
Cárdenas todavía era gobernador cuando se encontró a Muñoz Ledo en las oficinas centrales del PRI. Coincidieron en que el partido estaba atado al “dedazo”. Se reunieron después en casa de Ifigenia. Asistieron el ex diputado Rodolfo González Guevara, el ex rector de la UNAM, Pablo González Casanova, entre otros.
Días después formaron la Corriente Democrática. El periódico Unomásuno lo dio a conocer el 16 de agosto de 1986. Los planes de la corriente, sin embargo, no resultaron: en octubre de 1987, Salinas fue impuesto como candidato presidencial. Cuauhtémoc y su grupo renunciaron al PRI.
Surgió entonces la oportunidad de concertar un acuerdo entre tres partidos políticos para formar el Frente Democrático Nacional (FDN). Heberto Castillo y Rosario Ibarra de Piedra declinaron por Cárdenas y éste fue candidato presidencial.
El fraude electoral contra Cárdenas
Días antes de las elecciones, el 2 de julio de 1988, Cuauhtémoc estaba de gira por Michoacán cuando le avisaron que su amigo el abogado Javier Ovando y el asistente de éste, Román Gil, encargados de la red electoral del FND, habían sido secuestrados en el entonces Distrito Federal, en la colonia Nápoles.
Al día siguiente aparecieron sus cadáveres en un auto dejado en la Merced Balbuena.
El FND llegó a las elecciones con dos homicidios y el robo de la red de contactos. Después de una jornada que el PRI ensució, Manuel Bartlett, entonces secretario de Gobernación y titular de la Comisión Federal Electoral, anunció que “el sistema se calló/cayó”.
Hasta ahora no se sabe si fue del verbo callar o caer. Lo cierto fue que nunca dieron el resultado del 45% de las casillas y Salinas se declaró ganador.
El fraude electoral provocó una revuelta social que Cuauhtémoc contuvo al convocar la creación de un partido político que aglutinara a todas las corrientes de la izquierda. El PPS cedió su registro y el FND se convirtió en el PRD en mayo de 1989. Cárdenas contaba que en el sexenio salinista mataron a más de 300 perredistas.
Los adversarios al interior del partido, sin embargo, le causaron más daño a Cuauhtémoc: en 1994, durante su segunda campaña presidencial, se hicieron públicas las diferencias entre él y Muñoz Ledo, cuando éste, como dirigente nacional del PRD, acordó con el PRI votar la reforma electoral.
La confrontación Cárdenas-Porfirio hizo crisis en agosto de 1995, durante el tercer Congreso Nacional del PRD, en Oaxtepec. Muñoz Ledo planteó “la transición pactada”, que en los hechos significaba mantener el diálogo con Ernesto Zedillo.
Cárdenas propuso un “gobierno de salvación nacional”, sostenido en los movimientos sociales y en el EZLN. Para evitar la fractura entre Cuauhtémoc y Porfirio, el PRD siguió vinculado al zapatismo y a otras fuerzas políticas, pero Porfirio anuló el puritanismo perredista.
En el libro Jefas y Jefes, autoría del periodista Alejandro Almazán, Cárdenas dice que hubiera sido mejor definir el rumbo ideológico en aquel tercer congreso, “en vez de haber terminado en una mezcolanza que se redujo a las cuotas y al reparto del partido”.
Aprobada la reforma electoral en DF en 1996, tanto Cuauhtémoc como Porfirio buscaron la candidatura perredista a la jefatura capitalina.
“El debate entre ambos fue su ruptura pública”, le dice Bejarano a Almazán. En aquel debate, realizado el 27 de febrero de 1997, en el Polyforum Cultural Siqueiros, uno de los moderadores les preguntó: “¿Por qué es el mejor?”. Porfirio echó rienda de su ingenio:
“Porque en la calle todavía me dicen senador”. Cárdenas le rebatió: “Bueno, a mí en la calle me dicen presidente”.
Cárdenas obtuvo la candidatura del PRD con más del 70 por ciento de los votos. Meses después, la tarde del 6 de julio de 1997, cuando ya no cabía duda de que el ingeniero ganaría la jefatura capitalina, Zedillo le dijo al entonces regente Óscar Espinosa Villarreal, con quien monitoreaba las votaciones:
“Esta nunca la hubiéramos ganado, Óscar. ¡Ni con el mismísimo Jesus Christ Superstar de candidato!”.
El caudillismo de Cárdenas le dio para dejar a Rosario Robles como su sustituta en la jefatura capitalina, para vetar a Porfirio como candidato a jefe de Gobierno, para apoyar la candidatura de López Obrador al DF, y para postularse a la presidencia por tercera vez.
Pero el caudillismo ya no le dio para ser competitivo. Incluso López Obrador tomó su distancia y se negó a acompañar a Cuauhtémoc en algunos actos proselitistas.
La relación entre el ingeniero y López Obrador se fracturó aún más por la amistad que sostenía su hijo Lázaro con Carlos Ahumada, el orquestador de los ‘videoescándalos’ que golpearon a López Obrador en marzo de 2004. Ese mismo mes, Cuauhtémoc renunció como integrante del CEN. Se mantuvo como militante del PRD hasta 2014.
Desertó tras la desaparición de normalistas de Ayotzinapa, donde el alcalde perredista de Iguala se vio involucrado.
En 2005, Cárdenas intentó una cuarta candidatura presidencial. “Creo que soy la única posibilidad que existe en la izquierda de construir una mayoría política en torno a mí”, dijo el 3 de octubre de aquel año.
Declinó al notar que la mayoría apoyaba a López Obrador. Muñoz Ledo pronosticó que Cárdenas buscaría otro partido, porque “siempre ha estado acostumbrado a imponerse como candidato”.
Se equivocó Porfirio: Cuauhtémoc se quedó en el PRD, pero no apoyó a López Obrador ni en la campaña ni en la defensa del voto por voto. La escritora Elena Poniatowska se lo reprochó a Cárdenas.
Él contestó en una carta que las diferencias con López Obrador eran sobre “las formas de hacer y entender la política”.
En septiembre de 2021, cuando Cárdenas había sorteado el covid-19, se reencontró con López Obrador en Vícam, Sonora. El ingeniero fue el invitado especial a la ceremonia de petición de perdón al pueblo Yaqui. Se abrazaron fuerte y luego cada uno se sentó donde les correspondía.
No hubo reconciliación. En su siguiente libro, Por una democracia progresista, criticaría las políticas de López Obrador.
Un mes después del reencuentro, el 19 de octubre, el día en que el general cumplía 51 años de fallecido, murió Celeste Batel. Tenía 84 años y 58 de casada con Cárdenas.
Más de un periodista lo llamó “líder moral de la izquierda”. Nunca le agradó ese título.
RM