Aprender a usar un teléfono inteligente, enviar mensajes o realizar un trámite en línea fue, durante años, uno de los principales objetivos de la alfabetización digital para las personas adultas mayores. Hoy, ese proceso evoluciona: conforme la inteligencia artificial (IA) comienza a integrarse a buscadores, aplicaciones y servicios, comprender el funcionamiento de esta tecnología se convierte en una habilidad más para desenvolverse en la vida cotidiana.
Esta transformación también se refleja en el acceso a internet. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2025, el porcentaje de personas de 75 años y más que utiliza internet pasó de 3 a 30.3 por ciento en la última década.
En ese contexto, una nueva generación concluyó el programa de capacitación en inteligencia artificial de la Escuela Digital para Adultos Mayores (EDAM), desarrollado en alianza con Kavak. La iniciativa, que ya suma tres generaciones, ha acercado estas herramientas a más de 200 personas.
Hacia la autonomía digital
Para EDAM y Kavak, uno de los objetivos centrales del programa es la autonomía digital: que las personas adultas mayores puedan realizar trámites y resolver dudas cotidianas sin depender de alguien más.
Frida Quevedo, directora de EDAM, recuerda que el detonante del curso de inteligencia artificial fue la pandemia, cuando trámites como los bancarios comenzaron a realizarse solo mediante aplicaciones y muchos adultos mayores se quedaron sin la posibilidad de hacerlos de forma presencial. “Necesitamos empezar a cerrar esa brecha digital para que las personas, de manera autónoma e independiente, puedan resolver estos problemas desde su casa”, señala.
El programa busca que los participantes conozcan aplicaciones prácticas de la inteligencia artificial, desde organizar información y generar contenidos hasta utilizar herramientas digitales con mayor seguridad.
Una brecha que no es de capacidad, sino de oportunidades
Para Kavak, iniciativas como esta buscan que más personas incorporen la inteligencia artificial a su vida cotidiana. Saúl Crespo, vicepresidente de Asuntos Corporativos de la empresa, considera que uno de los principales aprendizajes del programa ha sido comprobar que la brecha digital no está relacionada con la capacidad para aprender.
“La brecha digital no responde a una falta de capacidad tecnológica, sino, muchas veces, al acceso a las herramientas, a la orientación y la confianza. Cuando esas condiciones existen, los adultos mayores dejan de ser observadores y pasan a ser usuarios activos”, señala Saúl Crespo.
La experiencia también permitió identificar cómo los participantes incorporan la inteligencia artificial en actividades cotidianas, desde planear un viaje y organizar un presupuesto hasta consultar información o detectar posibles fraudes digitales.
Ese riesgo no es abstracto para Tomás Majluf Álvarez, integrante de la generación que ahora se gradúa. Antes de tomar el curso, perdió dinero al caer en un sitio falso mientras buscaba información para un viaje a Estados Unidos. “Me sentí muy deprimido y ya me daba miedo entrar, ya mejor no pregunto”, recuerda. Hoy, dice, aprendió a verificar la información antes de confiar en cualquier resultado. “Te están dando una seguridad al ver las fuentes, que es lo que nos han enseñado”, puntualiza.
Vencer el miedo, la primera lección
Para quienes se gradúan, el aprendizaje va más allá de dominar una herramienta. Graciela Cárdenas cuenta que aprender fue, sobre todo, un ejercicio de “ensayo y error”, sin nadie a quien preguntarle en casa. Hoy utiliza la inteligencia artificial para crear imágenes —incluso corrige a la herramienta cuando se equivoca— y para mantener contacto con sobrinos y nietos a quienes ve poco. “Todo un horizonte se abre ante uno ya de la tercera edad”, asegura.
Cecilia Novelo se inscribió con un objetivo concreto: armar el recetario de postres de su familia, algo que antes le habría tomado horas frente a una máquina de escribir. Con la IA, explica, puede dictar el texto y generar las imágenes en minutos; también la usó para diseñar la invitación a la fiesta de una sobrina que llegaba de Francia. “Es una satisfacción enorme lograr hacer algo sin tener que estar pidiendo ayuda que no llega”, cuenta. Del ambiente del curso destaca algo distinto a otras experiencias: “Aquí me hacen sentir que valgo como persona que está aprendiendo, tienen una paciencia de santos”.
Tomás resume su graduación como un logro personal: “Me siento muy orgulloso de haber dado este paso. Es algo a lo que le tenía mucho miedo y cuando llegué se me hizo una maravilla”.
La siguiente etapa de la alfabetización digital
La alfabetización digital continúa evolucionando. Si hace algunos años el desafío era aprender a usar internet, hoy también incluye el conocimiento de herramientas de inteligencia artificial. Con esa perspectiva, EDAM y Kavak preparan nuevas generaciones del programa para que más personas adultas mayores desarrollen habilidades que les permitan participar con mayor autonomía y seguridad en un entorno cada vez más digital.
GCM