• Internet prometió conectar a la generación Z. También la dejó más sola

  • Entre algoritmos, citas, ansiedad y redes sociales, la escritora Valentina Vapaux retrata a una generación que aprendió a vivir en línea y ahora intenta tener lazos reales.
Mariana Morales Meneses
Ciudad de México /
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M+.- Durante años la escritora Valentina Vapaux leyó cómo periodistas y generaciones mayores intentaban explicar a su generación, los nacidos entre finales de los 90 y principios de los dos mil con etiquetas como 'generación de cristal', ansiosos, hipersensibles o adictos a la pantalla. 

Valentina no se sentía reflejada en ninguna de aquellas. Por eso decidió escribir desde la crónica, el ensayo y la poesía. “Para entender a la generación, tenía que entenderme a mí misma”, dice a MILENIO.

Reunidas en un Zoom, hay un momento en la entrevista en que Valentina Vapaux, de veinticinco años y de origen alemán, deja de hablar de redes sociales, relaciones, ansiedad e inteligencia artificial, y resume a toda una generación, en una palabra: 'conexión'. Para llegar a esa palabra tuvo que escribir un libro, Generación Z: entre la autorrealización, la instasoledad y la esperanza de un mundo mejor (Taurus, 2026), que presentó recientemente en México.

En el camino de la escritura, cuenta Vapaux, fueron apareciendo Virginia Woolf, Joan Didion (una de sus influencias más claras) y escritoras contemporáneas que han puesto la identidad al centro de sus textos. A partir de todo eso, Vapaux buscó exponer todas las contradicciones de la Gen Z diciendo que es la generación más libre pero más perdida, más conectada pero más sola y más informada pero más saturada.

La explicación, dice, está en internet. Ese que se convirtió en el lugar donde muchos aprendieron a relacionarse, a compararse, a desear y a construir su identidad. “Las redes están construidas de una manera para hacernos quedar ahí”, dice. 

Esa búsqueda de una vida distinta también se refleja fuera de la pantalla. En DOMINGA, un reportaje mostró cómo cada vez más jóvenes defienden el home office no solo por comodidad, sino porque priorizan el tiempo, la salud mental y la autonomía sobre la cultura tradicional de oficina, una muestra de cómo esta generación también está replanteando su forma de vivir y trabajar.

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El 45% de los adolescentes reconoce pasar demasiado tiempo en redes sociales

En 2025, Pew Research Center reportó que 45 por ciento de los adolescentes reconoce pasar demasiado tiempo en las redes sociales, nueve puntos más que en 2022. Casi una tercera parte dice usar al menos una plataforma “casi constantemente”. Al mismo tiempo, 74 por ciento asegura que las redes les ayudan a sentirse más conectados con sus amigos, mientras 39 por ciento admite sentirse abrumado por el drama que encuentra ahí.

Esto más adelante lo explica con una imagen que aparece varias veces en su libro, el internet como un casino. Un espacio diseñado para mantener la atención encendida a punta de estímulos rápidos, emociones intensas. “Está construido para afectarnos”, dice. “Con emociones extremas. Algo triste, algo inspirador, algo que te haga llorar, algo que te haga quedarte”.

La comparación no suena exagerada cuando, horas después, hablo con Martha, una amiga de veintiún años que también pertenece a esa misma generación que Valentina Vapaux ha buscado retratar en su libro Generación Z: entre la autorrealización, la instasoledad y la esperanza de un mundo mejor; sin haber leído estudios sobre dopamina ni diseño conductual, Martha describe el mismo fenómeno:

“Ni siquiera las veo porque quiero. Me despierto y lo primero que hago es ver mi teléfono. Me aburro y lo agarro. No es algo que piense… es como memoria muscular”. Luego intenta explicarlo mejor. “Podía ver un video y luego otro y otro. Pasaba una hora y ni me daba cuenta. Está todo tan rápido y tan fácil que no lo sientes. Cuando me aparecía el límite de tiempo, lo quitaba. Luego volvía a abrirlo sin pensar”, dice.
La autora alemana Valentina Vapaux analiza en su nuevo libro las contradicciones de la Generación Z. | Foto: @bennethenkel

La dificultad de irse de las redes tampoco sorprende a Vapaux. Ella misma reconoce que buena parte de lo que es hoy existe gracias a internet. Su carrera, dice, empezó ahí, viendo creadoras digitales, imaginando que, si otras personas podían construir una audiencia y convertirla en una oportunidad profesional, ella también podía hacerlo escribiendo. “El internet fue para mí un espacio de encontrarme a mí misma… amo al internet, lo odio y lo critico”, dice la escritora.

Esa tensión atraviesa casi todo el libro. La web como un lugar de descubrimiento y, al mismo tiempo, como una máquina de comparación.


Las redes sociales cambiaron lo que los jóvenes esperan del amor

Cuando la conversación gira hacia influencers, cuerpos perfectos y vidas cuidadosamente editadas, Vapaux evita el discurso fácil de “todo es mentira” y agrega: “Puede ser auténtico. Puede ser falso. Pero es sólo una imagen, no es el 100 por ciento”. Martha lo entiende: “Siempre he sabido que todo lo que ves es súper falso”. Lo interesante viene después. “Pero aun así me afecta”.

Durante la pandemia, dice, esa sensación se intensificó. “La gente se editaba tanto que parecían robots”. Era saber que algo está manipulado y aun así medirse frente a eso. La misma lógica aparece cuando ambas hablan de relaciones. 

En el libro, Vapaux escribe sobre aplicaciones de citas y esa sensación constante de que, aunque alguien te guste, quizá haya alguien mejor unos perfiles más abajo. “Hay demasiadas opciones y se nos hace muy difícil elegir”, dice la escritora.

Martha no la contradice: “Todo va muy rápido en internet… y acaba igual de rápido. En ocho segundos viendo su perfil ya sabes cosas que antes te tomarían ocho citas”.

Las redes sociales también cambiaron lo que se espera del amor. 

“Yo ya tenía mis ideales, pero luego me empezaron a aparecer cosas que ni siquiera se me habían ocurrido que tenía que considerar”, dice Martha. El cuerpo tampoco escapa de esa conversación. Vapaux habla de la importancia que tiene crecer rodeada de contenido pornográfico y estándares de belleza imposibles. “Nos estamos comparando con algo que no es real”, dice en entrevista.
Datos de Pew Research Center revelan que el 45% de los adolescentes admite pasar demasiado tiempo en redes sociales. | Foto: Shutterstock


Martha reconoce que internet le enseñó cosas sobre sexualidad y sobre su propio cuerpo que probablemente no habría aprendido tan rápido en otro lugar. “He aprendido mucho. Te das cuenta de que cada cuerpo es distinto”. Pero ese aprendizaje vino mezclado con inseguridad. “Sí me llegó a afectar. Sobre todo, en la pandemia”.

La conversación termina, inevitablemente, en la salud mental. Vapaux no compra la etiqueta de 'generación de cristal'. Le parece una forma cómoda de burlarse de un grupo que aprendió a nombrar cosas que antes se escondían. “No creo que seamos de cristal. Creo que somos una generación muy valiente”.

Hablar de ansiedad, pedir ayuda, ir al psicólogo, decir en voz alta que algo no está bien, dice, requiere mucho más que silencio. Martha coincide, “nuestra generación cien por ciento es más ansiosa, pero también hablamos más de lo que sentimos”.

Al final vuelvo a hacer la misma pregunta. ¿Qué está buscando realmente la generación Z?

“Conexión”, responde Vapaux.

“Comunidad y entendimiento”, dice Martha horas después.

Las palabras son distintas pero la búsqueda parece la misma.

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