• Influencers arriesgan la vida por clics

  • The New York Times
  • Al percibir que los algoritmos premian el contenido extremo por encima de los videos comunes y corrientes, los creadores de contenido se están moviendo a un terreno en el que la indignación, el miedo y el asombro retienen la atención.
Mark Walker
The New York Times /
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En 2021, Trevor Jacob, un exsurfista de nieve olímpico estadunidense, volaba un avión Taylorcraft de 1940 sobre las colinas del Bosque Nacional Los Padres en el sur de California y tomó una decisión que pasaría años deseando no haber hecho.

Las cámaras que había instalado para grabar el vuelo y compartirlo con su audiencia en línea lo captaron anunciando que el avión tenía problemas en el motor antes de saltar con paracaídas.

Una cámara atada a un selfie stick que sostenía lo grabó aterrizando sano y salvo con paracaídas, mientras que las cámaras fijadas al avión captaron cómo este se estrellaba contra la ladera de una colina.

Publicó un video de 13 minutos en YouTube titulado I Crashed My Plane (Estrellé mi avión), que acumuló cinco millones de visitas. Finalmente, resultó ser una confesión.

Los investigadores federales determinaron que el avión nunca tuvo una falla técnica: Jacob había simulado el accidente con la esperanza de alcanzar la fama en línea. La atención fue efímera.

La hazaña arruinó su vida y lo llevó a una condena en una prisión federal.

Jacob forma parte de un número cada vez mayor de influencers que traspasan los límites de la seguridad y el buen gusto en busca de visitas, según los expertos.

Ya quedaron atrás los años en que la fama en internet estaba al alcance de un adolescente que grababa rutinas de baile en su habitación o de un padre que enseñaba recetas desde la cocina.

“A medida que la tecnología ha evolucionado y los influencers tienen la oportunidad de ganar fama y riqueza, no sorprende que algunas personas estén dispuestas a arriesgarse a ir a la cárcel o incluso a morir”, explicó Kaveri Subrahmanyam, psicóloga de la Universidad Estatal de California.

La atención es moneda de cambio

En todo el mundo, aspirantes a influencers se meten sin permiso en las azoteas de los rascacielos, bloquean el tráfico en las autopistas, provocan a extraños en supermercados, aeropuertos y centros comerciales; se cuelgan de helicópteros, grúas, trenes y acantilados para grabar clips que duran solo unos segundos.

Algunos son arrestados, otros hospitalizados. En casos más trágicos, algunos han muerto.

A los psicólogos que estudian este tema no les sorprende.

La fama y la riqueza frente al riesgo de ir a la cárcel o algo peor es lo que parece haber hecho Dalton Eatherly.

Entre sus miles de seguidores se le conoce como Chud the Builder (Chud, el constructor). Un influencer que se describe como America-first (Primero Estados Unidos) ha acumulado vistas transmitiendo en vivo confrontaciones con personas negras, que a menudo incluían insultos racistas y acoso.

En mayo, una de las provocaciones de Eatherly en busca de clics casi le cuesta la vida; una disputa con un hombre frente al juzgado del condado de Montgomery en Clarksville, Tennessee, terminó en un tiroteo, ya que ambos hombres portaban armas de fuego.

Más tarde apareció un video de Eatherly en una camilla con un micrófono prendido en la solapa; alegó defensa propia, pero fue acusado de varios cargos, incluido el de intento de homicidio. El caso sigue pendiente.

Las plataformas de redes sociales TikTok, Kick y YouTube (propiedad de Alphabet, la empresa matriz de Google), así como Facebook e Instagram (propiedad de Meta), afirmaron que aplican normas comunitarias destinadas a restringir el contenido inapropiado y peligroso, y que bloquean a los usuarios que violan las políticas.

“Para evitar imitaciones, prohibimos que se faciliten, organicen o promuevan actividades dañinas”, aclaró un representante de Meta en un comunicado.

Los expertos que han estudiado el comportamiento digital y los incentivos en línea señalaron que es poco probable que las acrobacias que traspasan los límites disminuyan mientras las plataformas de redes sociales recompensen ese tipo de contenido.

"En muchos casos, eso significa escalar hacia afirmaciones cada vez más extremas y comportamientos de riesgo que pueden poner en peligro no solo a los propios creadores, sino a su audiencia, para quien es cada vez más difícil distinguir entre lo verdaderamente favorable y lo abiertamente dañino", afirmó Jasmina Tacheva, profesora adjunta de la Escuela de Estudios de la Información de la Universidad de Syracuse.

Eatherly no es el único influyente que se ha expuesto al peligro; en el condado de Loudoun, Virginia, el departamento del alguacil Mike Chapman respondió a una llamada relacionada con Tanner Cook, un youtuber que dirige un canal llamado Classified Goons.

Cook, conocido por acosar a extraños desprevenidos, se enfrentó repetidamente a un repartidor de DoorDash en el Dulles Town Center de Sterling, Virginia. Cook le puso un teléfono en la cara al conductor mientras una frase vulgar se reproducía en continuo, una escalada de las maniobras provocadoras que ha filmado en otros lugares. El repartidor, Alan Colie, disparó a Cook, quien sobrevivió.

Un jurado absolvió a Colie del cargo de lesiones maliciosas agravadas, al determinar que actuó en defensa propia, pero lo declaró culpable de disparar un arma de fuego en un edificio ocupado.

Tras el veredicto, Cook dijo que el tiroteo no cambiaría su enfoque: “Vamos a seguir haciendo los videos y a seguir presionando. Es lo que es”. Su canal de YouTube cuenta con 66 mil suscriptores.

Las publicaciones recientes lo muestran transmitiendo en vivo en tiendas, acusando falsamente a un desconocido de robar y siendo expulsado de los establecimientos. Un video publicado a principios de 2026 se titula “¡Casi me disparan otra vez!”.

Ni Cook ni Colie respondieron a las múltiples solicitudes de comentarios. La oficina de Chapman advierte regularmente a los residentes sobre los retos virales y las tendencias en línea. La búsqueda de la risa, dijo, puede acarrear consecuencias en el mundo real.

“Tal vez pienses que es gracioso —advirtió Chapman—, pero podría terminar en un desastre”.

Más allá de Estados Unidos

El gobierno británico instó a las empresas de redes sociales a eliminar el contenido más peligroso, incluyendo videos de usuarios que se graban a sí mismos conduciendo de manera peligrosa, tras una serie de accidentes mortales relacionados con acrobacias en línea.

Un vocero de Ofcom, el organismo regulador gubernamental de los servicios de comunicación, dijo que en julio se inició una investigación sobre el cumplimiento de TikTok en cuanto a las responsabilidades que tienen en materia de seguridad infantil.

“El contenido en línea que fomenta comportamientos peligrosos y los trata como entretenimiento es totalmente inaceptable y puede tener consecuencias trágicas y desgarradoras”, señaló el funcionario en un comunicado.

Un representante de TikTok señaló que el contenido que promueve conductas peligrosas o que podría provocar lesiones graves viola las normas comunitarias, que prohíben la conducta delictiva, el discurso de odio y el abuso físico o sexual, entre otras categorías.

La plataforma ha estado redirigiendo los videos de retos peligrosos a una página del centro de seguridad. Quienes incumplan las normas también pueden ser bloqueados de forma permanente, señaló el representante.

En Francia, Raphaël Graven, una figura de internet que se sometía a actos de violencia y humillación verbal ante su audiencia, falleció el año pasado durante una transmisión en vivo en la plataforma Kick.

En la autopsia se encontraron algunos moretones en el cuerpo de Graven, pero ninguno que pudiera explicar su muerte, según informaron las autoridades francesas.

A los dos hombres que administraban el canal de transmisión en vivo, Owen Cenazandotti y Safine Hamadi, no se les acusó de haber provocado la muerte, pero en agosto los condenaron por violencia agravada e incitación al odio y a la violencia en línea. Ambos recibieron penas de prisión suspendidas y fueron multados.

En un comunicado, Kick citó sus normas comunitarias y sus términos de servicio, señalando que los usuarios “deben cumplir con todas las leyes y regulaciones de su país” y que a quienes las infrinjan se les podría eliminar el contenido, suspender la cuenta o prohibir el acceso.

Las reglas de la empresa prohíben la violencia extrema, las representaciones de autolesiones, las imágenes gráficas de sangre y violencia, así como el contenido que ponga en riesgo la seguridad personal. Kick afirmó que modera las transmisiones en vivo tomando en cuenta “el contexto completo” para evaluar posibles infracciones.

Hoy, Jacob reflexiona sobre las lecciones que aprendió de la acrobacia con el accidente de avión:

“No me arrepiento de lo que hice porque me ha dado una gran lección de vida y me he convertido en alguien que de otra manera nunca me habría convertido —confesó—. Eso no significa que estuviera bien, ni que no haya sido una terrible decisión”.

Al recordar lo sucedido, dijo que había habido otras motivaciones, como el dinero, la curiosidad y el deseo de hacer realidad una hazaña espectacular, pero llamar la atención siempre fue parte de la ecuación. Decidió entonces que valía la pena correr el riesgo.

Las autoridades federales y YouTube llegaron a una conclusión diferente: “Contamos con políticas claras que prohíben los desafíos extremadamente peligrosos, las bromas muy pesadas o amenazantes y otros actos dañinos —dijo un representante de YouTube en un comunicado—. Por ejemplo, el video del accidente aéreo fue eliminado y el creador fue suspendido del Programa de socios de YouTube después del incidente”.

Los fiscales afirmaron después que Jacob destruyó intencionalmente pruebas al retirar los restos del accidente y mentir a los investigadores sobre su ubicación.

Trevor Jacob, quien se declaró culpable de un cargo federal por destrucción y ocultación de pruebas y cumplió poco más de cuatro meses de una sentencia de seis meses de prisión, dijo que el proceso judicial duró aproximadamente cinco años.

Las consecuencias se extendieron mucho más allá de la sala de audiencias: “Arruinó por completo mi vida —confirmó—. Me quedé sin hogar. Perdí todo mi dinero. Ha sido una lucha tremenda para salir del infierno”.

Para los espectadores más jóvenes, las recompensas de crear un espectáculo —que se traducen en comentarios y vistas— pueden causar una fuerte impresión, tentándolos a realizar sus propios actos peligrosos. A menudo, según los expertos, los espectadores más jóvenes apenas piensan en las consecuencias.

“Cuando eres joven, se piensa menos en los posibles resultados —aseguró Anton Ivanov, profesor adjunto de sistemas de información en la Facultad de Negocios Gies de la Universidad de Illinois—. Te interesan más los resultados inmediatos”.


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ksh

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