Enfermedades que llegaron a México en barco: por qué los cruceros son puntos de propagación de agentes mortales

Más de una enfermedad llegó al país por mar: desde la viruela en la colonia a los peligros modernos. El Dr. Mauricio Rodríguez explica a qué se debe.

Los barcos históricamente han sido vehículo de propagación de enfermedades | Samantha Martínez /MILENIO
Ciudad de México /

M+.-A lo largo de la historia, los barcos han abierto el paso a nuevos mundos, guerras y por supuesto, enfermedades. El reciente brote de hantavirus reportado en el crucero MV Hondius hizo evidente lo que por siglos ha ocurrido: el transporte marítimo de agentes infecciosos que, ante el desconocimiento, resultan letales.

A partir del siglo XVI, cuando la única manera de realizar largas travesías era en barco, el Viejo Mundo logró expandir sus fronteras lo que también implicó expandir la presencia de un mundo microscópico en los territorios conquistados, entre ellos, lo que hoy es México. El resultado fue la muerte de millones de personas.

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“Fue como se trasladaron los microorganismos. Cuando Europa se expandió y conquistó otras regiones del mundo llevaron y trajeron agentes infecciosos hacia África, Asia, América y eso movilizó a los microorganismos”, comparte el doctor y vocero del programa de riesgos universitarios de la UNAM, Mauricio Rodríguez.

Antes del hantavirus: las enfermedades que viajaron en barco a México

Los barcos en la historia son una de las principales vías de entrada para diversas enfermedades infecciosas, especialmente en la época colonial. Aquellos grandes navíos de los que descendieron los españoles introdujeron virus y bacterias  para los que la población de la región no estaba preparada lo que devino en la muerte de comunidades completas.

De acuerdo con estudios los enemigos microscópicos que llegaron por barco al país fueron:

Viruela

La enfermedad arribó al territorio hace poco más de 500 años. Desembarcó en Veracruz desde el barco del capitán Pánfilo de Narváez quien encabezaba una expedición de 19 naves enviadas desde Cuba con el objetivo de vencer a Hernán Cortés.

Los resultados de aquella batalla marcaron la expansión del virus. Cortés llevó consigo a los desertores de su rival, entre ellos al mencionado al joven esclavo que portaba el virus consigo. Ante la letalidad la población indígena la nombró como Mayacimil, o sea "muerte fácil".

Imagen del Códice Florentino en el que retrata la viruela | Foto: Especial

Sarampión

Se dice que en esos años “Dios castigó a la Nueva España con diez plagas trabajosas”, en la lista estaba la viruela, el hambre, la guerra y el sarampión , que en aquellos años fue bautizada como tepitonzahuatl.

La epidemia que ocasionó al expandirse y las que posteriormente se dieron de forma periódica en el país fueron resultado de los diversos viajes de exploración y conquista. De acuerdo con historiadores "aun siguiendo los cálculos más conservadores resultaría que no menos de la mitad de la población murió en el lapso de una generación” debido al virus que llegó por mar.

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Tifo

Documentos como el Códice Telleriano- Remensis reflejan, de modo particular, la situación de ciertas zonas del país que fueron azotadas ante la llegada de virus en viajes transatlánticos

Entre 1576 y 1581 Nueva España se vio arrasada por una tercera gran epidemia –llamada en la época matlazáhuatl–, esta vez, al parecer, de tifo exantemático. La enfermedad infecciosas aguda es causada por una bacteria: Rickettsia prowazekii y transmitida por el piojo del cuerpo humano (Pediculus humanus corporis). Estos fueron polizones dentro de los barcos españoles.

Algo parecido ocurrió con la tosferina y las paperas, enfermedades que descendieron de los navíos que zarparon del Viejo Mundo.

Si bien la historia de América quedó marcada por las enfermedades que trajeron consigo los conquistadores, Europa no quedó exenta de experimentar el intercambio: entre sus traslados llevaron consigo la sífilis, como explica el Dr. Rodríguez.


Con los años, los agente infecciosos siguieron llegando a través del mar, un caso curioso es el de la fiebre amarilla que, se cree, estuvo presente desde antes de la llegada de los españoles en gran parte del territorio —habría sido tan devastadora que contribuyó al fin de las grandes ciudades mayas—, pero se mantuvo lejos de las costas del océano Pacífico.

Esto cambió en agosto de 1883 cuando la el transmisor principal llegó finalmente a los puertos de Mazatlán, como describe un estudio dirigido por la Unidad de Investigación Social, Epidemiología y de Servicios de Salud, Instituto Mexicano del Seguro Social.

Enfermedad en tiempos modernos

El intenso intercambio de mercancías en el siglo XIX dio pie a la propagación del cólera, una enfermedad descrita dentro de la Antología de escritos histórico-médicos del Dr. Francisco Fernández del Castillo como “muy aguda y grave, la cual, rápidamente vacía al paciente en vómitos violentos, diarrea y abundante secreción.”

El bacilo viajó en barcos que zarparon de Europa y Estados Unidos, para luego de ingresar principalmente por los puertos del Golfo de Tampico y Campeche. Nada pudo detener su ruta por el resto del país.

Los barcos fantasma: por qué históricamente son focos de infección

Desde el mar surgieron leyendas sobre barcos a la deriva, sin rastro de vida alguna en su interior: embarcaciones fantasma que enfrentaban su destino, escrito principalmente, debido a las condiciones de alto riesgo para la transmisión de enfermedades.

“En primer lugar es un lugar cerrado, limitado que obliga a una convivencia estrecha. No se puede salir mientras no se esté en un puerto. Ahí están pasajeros enfermos y sanos”, explica el también profesor de asignatura en el departamento de microbiología y parasitología.

Si bien con el tiempo la ciencia encontró la ruta más acertada para el tratamiento de afecciones, al día de hoy siguen persistiendo factores que aumentan el riesgo de propagación, por ejemplo, solo existe una fuente común de agua y de aire. De ahí que algunos brotes sigan surgiendo dentro del barco.

Por ejemplo, una inadecuada técnica de preparación de alimentos los expone a una contaminación cruzada con excretas. No por nada en la literatura los norovirus se han convertido en uno de los agentes infecciosos más comunes en los cruceros.

Por otro lado, en los viajes largos aumenta el riesgo de que alguno de los pasajeros suba con un polizón infeccioso. En ocasiones la infección ya está en periodo de incubación lo que representa un reto de diagnóstico y de tratamiento, como dejó en evidencia el reciente brote de hantavirus — que salvo la cepa Andes en casos raros, no suele transmitirse de persona a persona— reportado a principios de mayo.

Crucero Hondius afectado por brote de hantavirus. | Especial

“La infraestructura de atención médica en los barcos es relativamente limitada. No tienen pruebas completas de diagnóstico ni un laboratorio clínico extenso”, dice el doctor Mauricio. De hecho, incluso los cruceros más equipados se enfrentan a las limitaciones que plantea un viaje en el mar.

Despliegue actual debido al hantavirus

A varios siglos de distancia de algunas de las peores epidemias transportadas vía marítima, el hantavirus ha despertado alerta en más de una región del planeta, no solo por el impacto que tendrá para el turismo marítimo (qué ya se ve amenazado con los elevados costos de combustibles) sino también por el futuro de la atención y control de enfermedades.

El comunicado de Oceanwide Expeditions (empresa del buque Hondius) aclara que operaron "a ciegas" inicialmente. Luego de confirmar la presencia del virus, la dificultad se concentró en la coordinación en algunos puertos. Hasta el momento en que se escribe esta nota la operación involucró a 19 países y más de 130 personas. Sin el Reglamento Sanitario Internacional, esto habría sido imposible, como detalla el experto.

Los casos confirmados se encuentran bajo vigilancia en Suiza, Francia, Holanda, República de Sudáfrica, EE. UU. y España. Cada país aplica sus propios protocolos (cuarentena en centros especializados o en casa). Sin embargo, el doctor Mauricio llama a no sacar de proporción el brote reciente, ya que es muy poco probable que derive en una epidemia o que los efectos del crucero alcancen a México.

En tanto, acota una reflexión: en medio de la salida de Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud y la amenaza de Argentina de seguir el mismo camino, solo aumenta la amenaza de perder enlaces vitales para responder de forma global en los años venideros.

LHM

  • Lizeth Hernández
  • Más que contar, me gusta escuchar historias. Egresada de la FCPyS, UNAM, escribo para interpretar a una ciudad que se devora a sí misma. Actualmente cubro temas de ciencia, salud y en ocasiones, relatos del pasado.

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