El amor por nuestros abuelos y abuelas nos incita a querer protegerlos y, con ello, alejarlos de situaciones “potencialmente peligrosas” como encender la estufa para calentar el café, bajar las escaleras solos o regar las plantas de la repisa.
Sin embargo, muchos de estos actos de amor recaen en lo que dicta el popular refrán de “No hacer cosas malas que parezcan buenas”. Y así, en lugar de cuidarlos los volvemos cada vez más propensos a la “inutilización aprendida”; es decir, cuando dejan de hacer cosas "no porque no puedan, sino porque ya no se les permite intentarlo".
En otras palabras, la atención del adulto mayor camina en una línea delgada entre el cuidado y la inutilización, para la cual es crucial tener en mente lo que el psicogerontólogo, Elizeth Altamirano, explicó a MILENIO: “Más que prohibir, se debe acompañar, adaptar y negociar”.
¿Tu adulto mayor ya no puede realizar ciertas actividades? Principales señales
La observación es clave para el cuidado: prestar atención a la capacidad física y cognitiva; a su respuesta emocional y sensorial, y a la seguridad al ejecutar sus actividades. No obstante, antes de llegar a cualquier conclusión, Altamirano recordó que la lentitud tampoco es signo de incapacidad.
“¡Cuidado! El que tarden más no significa que ya no puedan. A veces la familia confunde lentitud, cansancio o necesidad de adaptación con incapacidad total”.
Por ello, antes de pensar en la edad, lo que la familia y cuidadores deben hacer es observar si existe la presencia constante de algunos de los siguientes elementos:
- Riesgo físico: caídas frecuentes, pérdida importante del equilibrio, debilidad severa, fatiga extrema y problemas visuales importantes.
- Riesgo cognitivo: olvidos peligrosos (como dejar el gas abierto, perderse o confundir medicamentos), dificultad para seguir instrucciones simples o desorientación frecuente.
- Riesgo funcional: incapacidad progresiva para bañarse, cocinar, manejar dinero, tomar medicamentos o desplazarse de una forma segura.
Estrategias y tips para hacerlos sentir útiles
Los estigmas sociales nos han insertado la idea errónea de que el envejecimiento es sinónimo de incapacidad. Por ello, muchas personas buscan facilitar el día a día de sus adultos mayores, cuando no lo pidieron y, quizás, ni siquiera lo necesitan.
Y si bien es cierto que las habilidades motrices, cognitivas y sociales se debilitan con el paso del tiempo, esto no significa que la familia deba controlar y restringir a los mayores. Por el contrario,
es crucial fortalecer su autonomía y adaptarla a sus capacidades; esto, recomendó Altamirano, apoyándose en cuatro ejes principales:
1. Comunicación
Es casi inevitable el impacto emocional por la pérdida de ciertas habilidades. Sin embargo, este proceso puede ser mucho más ameno con acciones que empiezan desde lo más básico: el cómo lo comunicamos.
Específicamente, evitando frases como “ya no puedes”, “tú ya estás grande”, “te vas a caer”, “no entiendes” o “mejor yo lo hago”, y reemplazarlas con formas más respetuosas y terapéuticas, como “¿Qué te parece si lo hacemos juntos?”.
2. Conservar la participación
Otra manera de amenizar este proceso es preservar su participación, aunque sea de manera limitada según los riesgos identificados: “Si ya no puede cargar ollas o usar cuchillos, puede seguir eligiendo recetas, lavando verduras, supervisando o enseñando”, ejemplificó Altamirano.
“La utilidad no desaparece, se transforma. (...) El objetivo no es sustituir el sentido de utilidad, sino transformarlo”.
3. Validar la emoción
Reconocer el duelo y el esfuerzo que hacen para enfrentarlo, mediante expresiones como “Entiendo que esto puede ser difícil” o “Sé que has sido muy independiente, pero es necesario realizar algunos cambios”.
Estos pequeños actos ayudan a preservar la dignidad que han creído perder.
4. Evitar imponer
En lugar de ello, se recomienda incluirlos en cuestionamientos como “¿Cómo podríamos hacer esto más seguro?” o “¿Cuál crees que sea la manera más adecuada: esta o esta?”.
“Es mejor negociar que ordenar”, asegura el especialista. “Eso mantiene una sensación de control”.
Otras estrategias útiles
“Cuando ciertas actividades ya no son posibles, pueden compensarse mediante roles significativos, actividades con sentido, decisiones familiares y espacios donde la sabiduría y experiencia sigan siendo valoradas. (...) Prohibir tácitamente no va a ayudar en ningún sentido”, explicó Altamirano.
Y, de igual manera, ese sentido de utilidad se encuentran en las acciones más “simples” o “sencillas”, que no requieren un gran cambio de la dinámica familiar. Por ejemplo:
Dar roles dentro de la familia
Las personas mayores necesitan sentir que aún son necesarias; que pueden seguir aportando, y que siguen teniendo voz. Pueden participar en decisiones familiares, cuidado emocional, transmisión de experiencias, apoyo escolar de nietos, organización del hogar, cocina adaptada, actividades espirituales, administración sencilla o acompañamiento afectivo.
Adaptar, no eliminar actividades
En lugar de quitar, modificar su entorno de acuerdo a sus necesidades. Por ejemplo: utilizar una silla para cocinar, utensilios ergonómicos, agrandar el tamaño de las letras de su celular, incorporar bastones y tiempos más lentos.
Fomentar actividades con sentido
Los adultos mayores suelen deteriorarse más rápido cuando sienten que “ya no sirven”. Y para prevenir esos pensamientos, se les puede introducir a actividades como jardinería, tejido, lectura, grupos sociales, actividades comunitarias, espiritualidad, arte, música, memoria autobiográfica, enseñanza de oficios o voluntariado.
Reconocer públicamente su valor
Con frases simples como: “Gracias por enseñarnos”, “tu experiencia nos ayuda”, “nos gusta escucharte” o “todavía cuentas mucho para esta familia”.
ASG