En adultos mayores, la depresión surge de manera silenciosa. Y cuando ha comenzado a aparecer, el diagnóstico de una enfermedad, la muerte del mejor amigo o la jubilación se convierten en factores que la intensifican, llevando a la persona a, incluso, presentar pensamientos suicidas.
Por supuesto, ante ese escenario la recomendación es recurrir a la ayuda profesional, sin embargo, la familia o los cuidadores también pueden fungir como una primera intervención. En entrevista con MILENIO, el psicogerontólogo, Elizeth Altamirano, propone un esquema de cinco pasos para lograrlo.
“Esto no sustituye la evaluación clínica. El objetivo es que la familia identifique cuándo un cambio merece atención”.
Cinco puntos para enfrentar la depresión
1. Observar
La observación no es sólo preguntar “¿Estás triste?”, sino prestar atención a aspectos de la vida cotidiana de la o el adulto mayor sueño, tales como: alimentación, higiene, actividad, relaciones, intereses, estado de ánimo y funcionamiento cotidiano.
Estar al pendiente de estos rubros puede permitir a la familia identificar a tiempo cualquier cambio de conducta que, al ser cada vez más frecuente, resulte preocupante.
2. AcercarseInterrogar a la persona puede hacerla sentir amenazada o cuestionada. Por ello, en lugar de cuestionar, Altamirano recomienda externar preocupación; es decir, desde el: “He notado que últimamente has estado diferente y me preocupa cómo te estás sintiendo”.
3. Escuchar
Una vez con la confianza de la o el adulto mayor, es crucial escuchar sus sentimientos y puntos de vista sin minimizarlos. Esta subestimación viene cuando, por ejemplo, recurrimos a frases como:
- “Échale ganas”
- “Tienes que ser fuerte”
- “Tú tienes todo”
- “Hay personas peor que tú”
- “Es normal para tu edad”
- “Ya se te pasará”
4. Buscar ayuda
Una tristeza común no representa perse un diagnóstico de depresión. Sin embargo, cuando dicha emoción genera cambios persistentes o interfieren con la vida cotidiana de la persona, es recomendable solicitar una valoración profesional.
¿Con quién recurrir? Se puede comenzar con el médico de atención primaria y complementar dicha atención con evaluación psicológica, psiquiátrica, gerontológica o psicogerontológica. Algunos de los tratamientos eficaces que Altamirano refiere son: psicoterapia y, en caso de necesitarlo, farmacológico.
5. Acompañar
La intervención familiar no termina cuando se recurre a los profesionales. Más bien, se convierte en una parte crucial del proceso de recuperación para acompañar, facilitar actividades, favorecer contacto social, respetar autonomía, evitar sobreprotección, ayudar a recuperar rutinas y reconocer pequeños avances.
ASG