M+.-El herpes zóster es un viejo conocido con el que el cuerpo mantiene una larga y estrecha relación: este virus culpable de la varicela durante la infancia es capaz de permanecer inactivo durante años hasta que algo lo despierta.
También conocido como culebrilla, su reactivación durante la adultez ocasiona una muy dolorosa erupción y en casos más severos, neuralgia posherpética, un dolor neuropático crónico tan intenso comparable con el malestar experimentado durante el parto.
Al respecto, la Dra. Gloria Huerta, infectóloga, maestra y doctora en ciencias médicas, advierte: “En este momento de la historia, el 99.5% o más de las personas que tenemos 50 años o más, ya tenemos este virus dormido”.
¿Por qué se reactiva el virus?
El virus de la varicela-zóster puede pasar desapercibido por años. Se ubica principalmente en ciertas células del sistema nervioso localizadas a lo largo de la médula espinal y la base del cerebro. Dado que estas estructuras son longevas y rara vez se renuevan pueden resguardar al virus por décadas.
A lo largo de esos años, el sistema inmunológico se encarga de vigilar que el inquilino se mantenga bajo los parámetros establecidos, sin embargo, como cualquier sistema, puede fallar.
“Depende de un sistema inmune fuerte, resiliente y robusto para que se mantenga inactivo, pero en el momento que empieza a envejecer (principalmente por factores asociado al ambiente, comorbilidad o inmunocompromiso) el virus se puede despertar”, agrega la experta en vacunación.
Los extremos de la vida se caracterizan por mayor probabilidad de infecciones: en la infancia debido al proceso de madurez del sistema inmune; en la vejez se relaciona con la inmunosenescencia, es decir, el deterioro gradual del sistema inmunitario asociado al envejecimiento.
La Dra. Huerta aseguró durante la entrevista con MILENIO que todas las personas de 50 años o más presentan cierto grado de inmunosenescencia, lo que explica porqué el 80% de los casos de herpes zóster ocurren de esta edad en adelante.
“Este declive se ve agudizado si existen comorbilidades o inmunocompromiso a edades más tempranas (como vivir con VIH, ser sobreviviente de cáncer o tener enfermedades reumatológicas)”, comentó.
Una vez despierto, el virus no tarda en hacer alarde de su presencia: puede aparecer en cualquier zona del cuerpo en forma de ampollas.
Estrés y depresión: los desencadenantes que se pasan por alto
La edad no necesariamente refleja el proceso de desgaste que tiene el cuerpo, algunos otros factores pueden estar acelerando el envejecimiento y con ello, incentivando la reactivación del herpes. Así que, a pesar de que la edad es una variable importante, no es la única. Entre las más destacadas se encuentran:
- Depresión: aunque los resultados en estudios han sido contradictorios, se ha encontrado evidencia de que el estado mental puede influir en la efectividad de la vacunación contra la culebrilla en adultos mayores como reporta un artículo publicado en Clinical Infectious Diseases.
- Estrés: existen numerosas investigaciones que han asociado el estrés crónico con una reducción en la inmunidad celular.
- Trauma físico o psicológico: sufrir un accidente o atravesar un evento emocional significativo puede suprimir temporalmente el sistema inmune. En cualquier caso, estos procesos incrementan hormonas que debilitan la protección natural del cuerpo.
- Comorbilidades: de acuerdo con la especialista, las enfermedades crónico-degenerativas tienen un efecto bidireccional. El herpes zóster es más grave en pacientes con enfermedades crónicas, pero a su vez, el herpes zóster descompensa y complica la enfermedad crónica de base como la diabetes.
Otros factores incluyen la historia familiar (tener un familiar directo que lo haya padecido) y el género, siendo dos veces más frecuente en mujeres que en hombres. La pandemia también dejo en evidencia que las enfermedades infecciosas (como el COVID-19) alteran la inmunidad e incrementan el riesgo de desarrollar herpes zóster posteriormente.
El dato¿Qué tan frecuente es?
Una de cada tres personas que padeció varicela tendrá herpes zóster en algún momento de su vida, según datos del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades. Es importante tomar en cuenta que no se contagia de persona adulta a persona adulta, pero sí de adultos a infancias que no han sido vacunadas contra la varicela.
¿Cuáles son los síntomas y complicaciones?
La enfermedad puede generar un impacto profundo en la calidad de vida, especialmente durante la vejez.
Esto se debe a que el virus se reactiva en las terminales nerviosas, por lo que su síntoma característico es un dolor neuropático muy intenso, clasificado en las escalas por arriba del dolor de parto.
“El 50% de las personas afectadas padecerá este dolor por lo menos un mes, y puede derivar en una complicación llamada neuralgia posherpética, donde el dolor permanece por meses o incluso años. Esto interfiere con el sueño, la atención y las actividades diarias; hay gente que no tolera siquiera el roce de la ropa”, dice la especialista.
Su principal manifestación son los exantemas (ronchas y vesículas parecidas a la varicela) habitualmente en el tórax o abdomen. Aunque no hay un lugar que quede exento: pueden aparecer cerca de los ojos y oídos comprometiendo así la vista, audición y la movilidad facial.
Además de la posible ceguera o parálisis facial, se ha demostrado que padecer herpes zóster incrementa el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular (ictus) o un infarto agudo al miocardio hasta un año después de la infección.
“Aunque su mortalidad es baja (menos del 10% y ligada a pacientes profundamente inmunocomprometidos), sus secuelas cardiovasculares y en la calidad de vida son sumamente importantes”, comenta la infectóloga.
¿Se puede prevenir una infección de herpes zóster?
Así como pasa con otras enfermedades, no existe una fórmula mágica para evitar el virus. La prevención de la culebrilla va de la mano de diversas acciones encaminadas a un envejecimiento saludable: ejercicio, alimentación adecuada, salud mental y vacunación.
Considerando que en México y el resto del mundo la expectativa de vida está aumentando (hay más personas cumpliendo 50 años que niños naciendo), la vacunación a lo largo de la vida hoy representa una base preventiva indispensable para asegurar que esos años extra sean saludables y libres de dolor.
LHM