El enemigo silencioso detrás de infartos y embolias: casi la mitad de los adultos mexicanos padece hipertensión arterial... y no lo sabe

La enfermedad avanza sin síntomas durante años y puede causar daños irreversibles al corazón, cerebro y riñones antes de ser detectada.

La epidemia que no se ve: casi la mitad de los adultos mexicanos vive con hipertensión. | Foto: Yazmín Sánchez
Tampico /

M+.- La hipertensión arterial avanza en silencio entre la población, sin dolor, sin síntomas evidentes y, muchas veces, sin diagnóstico. Mientras las personas continúan con su vida cotidiana creyéndose sanas, su organismo acumula años de desgaste que pueden desembocar en infartos, daño renal, embolias o muerte prematura.

Para el doctor Lujhon Flores Gutiérrez, director de Medicina de Estilo de Vida Saludable de la Secretaría de Salud de Tamaulipas, que habló con MILENIO, la hipertensión se ha convertido en una “asesina silenciosa multiserial”, producto de hábitos normalizados como el sedentarismo, la mala alimentación, el estrés crónico, el consumo de alcohol y tabaco, así como la falta de descanso. El desafío, advierte, no solo es médico, sino cultural: aprender que la salud no se recupera en un hospital, sino que se construye —o se destruye— todos los días.

“Las cifras revelan la magnitud del problema. Datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición muestran que casi el 48% de los mexicanos mayores de 20 años vive con hipertensión arterial, pero lo más alarmante es que aproximadamente la mitad desconoce que la padece y, mientras tanto, deteriora lentamente órganos vitales, daña la retina, afecta los riñones y favorece infartos al corazón y eventos cerebrovasculares”.

Quienes ignoran su condición solo se enfrentan a su realidad cuando aparece una complicación grave. Incluso entre los ya diagnosticados, la mitad no logra mantener la enfermedad bajo control.

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Daña el organismo lenta y silenciosamente

El problema, advierte el especialista, es que la hipertensión rara vez genera síntomas. Una persona puede pasar décadas enferma sin sentir absolutamente nada. Esa ausencia de señales alimenta una peligrosa cultura de indiferencia: “Si no duele, no pasa nada”. Muchas personas incluso prefieren no hacerse estudios por miedo a confirmar lo que sospechan.

Otras minimizan el riesgo porque la enfermedad se volvió parte de la normalidad cotidiana. En un país donde el sobrepeso, la obesidad y la diabetes son cada vez más frecuentes, la hipertensión dejó de percibirse como una amenaza extraordinaria para convertirse en un “paisaje” habitual.

Sin embargo, detrás de esa normalización existe una crisis profunda relacionada con la manera en que vivimos. El doctor Flores sostiene que la hipertensión no aparece por azar, sino como consecuencia de años de hábitos que deterioran lentamente el organismo.

La salud no se recupera en un hospital, se construye todos los días”, resume. Para él, el verdadero desafío no es únicamente médico, sino cultural. La sociedad, dice, aprendió a pensar en la salud solo cuando aparece la enfermedad, pero no en la prevención cotidiana que podría evitarla.

Vivir con hipertensión sin saberlo: el peligro oculto detrás de una vida aparentemente sana. | Yazmín Sánchez

Pero la vida moderna parece diseñada para empujar en sentido contrario. Jornadas sedentarias, largas horas frente a pantallas, poco descanso y alimentos ultraprocesados forman parte de un entorno que facilita la enfermedad. Incluso dormir poco se ha convertido en una epidemia silenciosa.

“Más de la mitad de la población duerme menos de siete horas diarias y muchas personas viven permanentemente fatigadas. Las pantallas y la hiperconectividad alteran los ciclos del sueño y afectan procesos esenciales para la recuperación física y mental. Si queremos construir salud, tenemos que nadar contra la corriente”, expone.

Ataca a edades cada vez más tempranas

Uno de los aspectos que más preocupa a las autoridades sanitarias es que estas enfermedades aparecen cada vez a edades más tempranas. Antes, la hipertensión y la diabetes eran padecimientos asociados a adultos mayores; hoy es frecuente encontrar jóvenes de 20 años con presión arterial elevada, obesidad y alteraciones metabólicas.

La falta de actividad física y los malos hábitos alimenticios están adelantando enfermedades que antes tardaban décadas en manifestarse. Las consecuencias podrían ser devastadoras: las nuevas generaciones podrían vivir menos años y con peor calidad de vida que sus padres.

A pesar del panorama sombrío, el especialista insiste en que gran parte del problema puede prevenirse. Se estima que al menos el 80 por ciento de los casos de hipertensión podrían evitarse mediante cambios sostenidos en el estilo de vida. Comer más frutas, verduras y legumbres; reducir el consumo de sal; caminar al menos media hora al día; dormir entre siete y ocho horas; y disminuir el consumo de alcohol y tabaco son medidas capaces de transformar radicalmente la salud.

Lo que no se mide no se puede mejorar”, señala también al recomendar revisiones periódicas de la presión arterial, incluso en personas aparentemente sanas.

Desde la Secretaría de Salud de Tamaulipas se han impulsado campañas de detección, promoción de hábitos saludables y programas de educación preventiva. La creación de la Dirección de Medicina de Estilo de Vida Saludable busca justamente reforzar una idea que parece sencilla, pero que implica un cambio profundo de mentalidad: entender que el cuerpo refleja, tarde o temprano, todo aquello que hacemos —o dejamos de hacer— diariamente.

Y es que la hipertensión no surge de un día para otro. Se construye en silencio, durante años, en cada comida, en cada noche sin descanso, en cada jornada inmóvil y en cada hábito que el cuerpo termina cobrando con intereses.

Uno de los principales problemas de salud pública

La hipertensión arterial se ha convertido en uno de los principales problemas de salud pública en México por su alta prevalencia y por ser una enfermedad silenciosa y letal, capaz de provocar complicaciones graves e irreversibles durante años sin presentar síntomas.

Para la doctora Maricarmen Martínez Sandé, gerente médica de la farmacéutica Adium, el panorama es claro: “Si cuatro personas se reunieran en una habitación, al menos dos tendrían la presión arterial elevada, y posiblemente no lo sabrían”. Ese desconocimiento, advierte, es uno de los factores más peligrosos, porque retrasa el diagnóstico y permite que el daño vascular avance sin freno.

“Lejos de ser una condición aislada, la hipertensión forma parte de un proceso continuo que compromete al sistema cardiovascular, renal y metabólico”, subraya.

La especialista explica que hoy no puede entenderse como una enfermedad única, sino como un conjunto de alteraciones que suelen coexistir: diabetes, colesterol elevado, obesidad, sedentarismo y estrés crónico.

“Este conjunto, conocido como síndrome cardio-reno-metabólico, convierte al cuerpo en un terreno vulnerable donde el daño se acumula progresivamente hasta manifestarse en infartos, eventos cerebrovasculares o insuficiencia renal”.

Aunque durante años se le llamó “la asesina silenciosa”, la doctora señala que en muchos casos la enfermedad ya no es completamente silenciosa; simplemente es ignorada. El problema es que no existe una “prehipertensión” como tal: o la presión está dentro de parámetros normales o ya representa un riesgo que debe atenderse. Sin embargo, la normalización de cifras ligeramente elevadas ha contribuido a retrasar intervenciones que podrían evitar complicaciones mayores.

Cada año se detectan 300 mil nuevos casos

Los datos refuerzan la preocupación. En México se estiman alrededor de 300 mil nuevos casos de hipertensión al año, cifra que podría ser mayor debido al aumento sostenido de factores de riesgo. La tendencia, lejos de estabilizarse, se ha intensificado en los últimos años.

La médica insiste en la importancia del monitoreo constante, tanto en consulta como en casa. Fenómenos como la “hipertensión de bata blanca” —cuando la presión se eleva únicamente en el consultorio por nerviosismo— o la hipertensión enmascarada refuerzan la necesidad de mediciones más precisas, como el monitoreo ambulatorio de 24 horas (MAPA), que permite conocer el comportamiento real de la presión arterial durante el día y la noche.

La hipertensión que crece sin que nadie la note. | Foto: Yazmín Sánchez

El tratamiento, sin embargo, no se limita a los medicamentos. La doctora subraya que la base del control está en el estilo de vida. Dormir menos de siete horas, advierte, se ha convertido en un factor de riesgo tan relevante como la mala alimentación o el sedentarismo.

“A ello se suma el impacto del entorno digital, que interfiere en los ciclos de descanso y contribuye a la fatiga crónica que afecta a gran parte de la población”.

Más allá del tratamiento médico, la adherencia del paciente es uno de los principales desafíos. Muchos abandonan la medicación en pocos meses o la toman de forma irregular, lo que incrementa el riesgo de complicaciones. Y es que la enfermedad se percibe como de bajo riesgo, pero es de alta letalidad.

“Su control, sin embargo, no depende únicamente del sistema de salud, sino de una responsabilidad compartida entre médicos, pacientes y familias. La medición periódica de la presión arterial en casa, el registro de los valores y la consulta oportuna pueden marcar la diferencia entre un diagnóstico temprano y una emergencia médica”, considera Martínez Sandé.

En muchos casos, el simple hecho de contar con un baumanómetro en el hogar permite detectar alteraciones antes de que se conviertan en una complicación grave, refiere.

La hipertensión no aparece de manera súbita; se construye lentamente. Y, del mismo modo, su control también se construye día a día. En un país donde las enfermedades cardiovasculares encabezan las causas de muerte, la prevención deja de ser un consejo general para convertirse en una necesidad urgente.

JETL

  • Cristina Gómez
  • Con más de tres décadas en el periodismo, escribir es mi pasión. Buscadora de verdades ocultas, de convertir cifras en relatos y de tejer reportajes que dejen huella en la memoria colectiva, porque todo dato encierra un rostro, una vida, una historia. Orgullosamente panuquense y tampiqueña por adopción.

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