La cultura del antienvejecimiento (el llamado antiaging) y los estigmas hacia la vejez retratan los 60 años como una edad “digna de temer”; “destinada a las enfermedades y al abandono”, e incluso muy lejos de ser el “mejor momento” de cualquier persona.
Pero aunque el pensamiento común asocie la plenitud a edades como los 20’s, 30’s e incluso los 40’s, un estudio de la Universidad de Western, en Australia, demostró que el éxito en otros ámbitos de la vida del ser humano—o el punto máximo de su desarrollo —no llegan sino hasta los 55 y 60 años.
El peak psicológico no está en la “juventud”
En la jerga de internet, el término peak suele utilizarse por personas que afirman estar en el mejor momento de sus vidas o de un ámbito en específico (profesional, laboral, estético, etcétera). Así lo dice, por ejemplo, Bad Bunny en su canción Booker T: “Estoy en mi peak”, seguido de “Soy un rey, campeón” y “Mírame en lo que me convertí”.
Así, un joven de 27 años diría que “está en su peak” de rendimiento físico luego de terminar un maratón con su mejor marca o, desde el ámbito profesional, una mujer de 40 podría sentirse en su peak tras subir de puesto y ocupar una gerencia.
Y aunque pudiera pensarse lo contrario, estos peaks de la vida también llegan a los 50 e incluso los 60 años. De hecho, diversas investigaciones han comprobado que dimensiones cognitivas para la toma de decisiones y el éxito en la vida —tales como la inteligencia emocional, el razonamiento moral y la capacidad de decidir sobre el futuro —no parecen alcanzar su punto máximo en la adultez temprana (entre los 20 y 40 años), sino hasta la tardía (a partir de los 60 o 65 años).
Para demostrarlo, en la investigación se examinaron16 dimensiones psicológicas, tanto cognitivas como de personalidad, a partir de diferentes estudios a gran escala. Se incluyeron habilidades como el razonamiento, la memoria, velocidad de procesamiento y la inteligencia emocional, así como los "cinco grandes" rasgos de la personalidad: extraversión, estabilidad emocional, responsabilidad, apertura a la experiencia y amabilidad.
Así, al cruzar y tabular los datos, se arrojó un resultado que Gignac y Zajenkowki —autores del artículo —describieron como "un patrón sorprendente": ambos modelos indicaron que el funcionamiento cerebral general alcanzó su punto máximo al final de la mediana edad. O sea, alrededor de los 55 a 60 años.
¿Cuáles son los cinco rasgos de personalidad?
- 1 Extraversión: el grado de apertura con los demás y cómo nos desenvolvemos en contextos sociales.
- 2 Estabilidad emocional: cómo afrontamos situaciones difíciles de la vida.
- 3 Responsabilidad: capacidad de autocontrol; de centrarse en los objetivos, y de la disciplina que se tiene para cumplirlos.
- 4 Apertura a la experiencia: el grado de disposición a buscar y vivir nuevas experiencias.
- 5 Amabilidad: cómo nos relacionamos con los demás.
Los peaks de la vejez que no tienen los de 20 ni 30 años
Aunque los datos arrojaron que habilidades cognitivas como el razonamiento, la amplitud de memoria y la velocidad de procesamiento disminuyen progresivamente a lo largo de la edad adulta —empezando a los 55 años —, otras como la capacidad cristalizada (o sea, el conjunto de conocimientos, habilidades, vocabulario y experiencias que una persona acumula a lo largo de su vida) registraron un incremento a partir de los 45, alcanzando su punto máximo a los 65.
Respecto a los "cinco grandes" de la personalidad, los datos arrojaron que la estabilidad emocional fue la que incrementó de manera mucho más pronunciada a partir de los 40 años; alcanzando su punto máximo a los 70 y manteniéndose así hasta los 85.
Asimismo, se demostró que la alfabetización financiera (el conjunto de conocimientos que nos permiten tomar decisiones financieras sólidas y, con ello, llegar a un bienestar financiero individual) aumenta a lo largo de la vida adulta, con niveles máximos entre los 60 y 70 años.
Mientras que alrededor de los 65 años se alcanzan y mantienen en el punto máximo otras tres habilidades
Razonamiento moral
Proceso en el que una persona analiza una situación para decidir qué está bien y qué está mal; y, con ello, guiar sus juicios y acciones éticas.
Resistencia a la falacia del costo hundido
Capacidad de tomar decisiones mirando sólo el futuro sin dejar que aspectos como el dinero, tiempo o esfuerzo influyan en la elección. Por ejemplo: cerrar un negocio que no es rentable, terminar vínculos afectivos que no aportan o no terminarse un café que supo mal.
Capacidad de resistir los sesgos cognitivos
No optar por atajos mentales que pueden llevarnos a tomar decisiones irracionales o menos acertadas.
ASG