El pintoresco Macondo, pueblo ficticio creado por Gabriel García Márquez en Cien años de soledad, no existe en el mapa real, pero entre las páginas de la novela posee una amplia biodiversidad propia del Caribe colombiano.
El canto aturdidor de las aves, como canarios, azulejos y petirrojos, ocupan un lugar destacado en la obra del escritor, por lo que el biólogo y observador de aves, Diego Calderón, fue parte del equipo de las reconocidas empresas Dynamo, La Tina y WhereNext que se aliaron para darle vida al paisaje sonoro y la naturaleza de la serie de Netflix: Cien años de soledad, basada en la novela homónima del célebre escritor colombiano.
Grabaciones de sonidos naturales
“En total grabamos más de 30 gigas de archivos, casi 600 cortes de muy buena calidad, y entre ellos tenemos casi 100 especies de aves, todas nativas, especies del Caribe colombiano, de la zona de Macondo. Lo más bonito es que Macondo no queda en ninguna parte, pero queda en todo el Caribe colombiano”, señaló el biólogo colombiano, en entrevista para MILENIO.
El equipo grabó en total el sonido de 94 especies de aves, 5 especies de anfibios y reptiles, entre ellos, 4 ranas; además grabaron el sonido de cigarras, moscas, grillos, hormigas, así como de dos especies de mamíferos, un mono tití y un mono aullador.
También incluyeron otros elementos de la finca, como perros, gatos, cerdos, gallinas, gallos, chivos, caballos y aves enjauladas, esta última, una de las grabaciones más difíciles como observador de aves en su medio silvestre.
“Al inicio, en la fundación de Macondo, José Arcadio llena el pueblo de aves y de jaulas y esto es un componente de la relación de las personas con la naturaleza, pero infortunadamente (en la novela) estaban enjauladas y sorpresivamente durante nuestro viaje de grabación nos encontramos con algunas aves en jaula, las grabamos, pero para mí fue uno de los momentos más difíciles, sentirme que estaba grabando estos individuos que no tenían libertad, pero yo sabía que tenía que hacerlo para la serie, para la producción, para la reproducción del libro de lo que escribió Gabriel García Márquez, así que fue una grabación bien interesante”, relató.
El biólogo destacó como parte del paisaje sonoro para Cien Años de Soledad, también incluyeron grabaciones de elementos como el viento, agua, aguaceros, tormentas, hojas moviéndose con el viento, “todo lo que hiciera sonido, todo lo que hiciera ruido y tuviera algún audio en Macondo, en la naturaleza, lo grabamos”.
“Este tipo de iniciativas me encantan y quisiera que hubiera mucho más cuidado y mucho más nivel de detalle como el que tuvo la producción de Dynamo, Netflix, WhereNext, La Tina, etcétera, para mostrar la realidad, así sea una serie de ficción (...) Ha hecho que muchas personas tengan un anclaje diferente con la serie y se apersonen más de todos estos animales y esta flora y está fauna”.
“Uno solamente conserva lo que ama y lo que conoce y así sea ficción, pues todas estas aves son reales y merecen ser conservadas. Entonces, yo creo que vale mucho la pena que series, películas y producciones de este estilo sigan apostando por grabar animales y sonidos de verdad en el campo y no usar tanta inteligencia artificial o bibliotecas genéricas de cualquier parte del mundo, sino grabar los animales que realmente suenan en tu película, en tu serie”, resaltó.
RP