• Madres de familia en Guadalajara sufrieron con encierro ante crisis de inseguridad: "Sentí taquicardia, ganas de vomitar y de llorar a mares"

El terror que vivió Gabriela no fue aislado. Miles de personas enfrentaron crisis emocionales derivadas de la emergencia provocada por los bloqueos, balaceras y ataques.

Josefina Ruiz
Guadalajara /

La tarde del domingo pasado, en que los bloqueos y hechos violentos paralizaron distintos puntos de Jalisco, Gabriela, madre de tres hijos y repostera, sintió cómo el miedo le recorría el cuerpo. El estrés comenzó cuando su hija mayor, Ivana, le avisó que cerrarían la carnicería donde trabaja ante el rumor de que habían detenido a “un narco pesado”.

“Nunca me había tocado vivir algo así, de esa magnitud, y realmente el estrés empezó en cuanto todo se empezó a difundir”, confiesa.

Al inicio no dimensionó lo que ocurría, hasta que comenzaron a circular publicaciones en redes sociales y a llegar llamadas que advertían del caos. “Empecé a entrar en pánico, yo creo que todos, ¿no?”. Mientras su hija permanecía en el negocio, a cuadra y media de casa, Gabriela imaginaba lo peor.

“El miedo se volvió físico: empecé a temblar, a sudar frío, me puse helada”.

Crisis de ansiedad en casa

Los síntomas escalaron rápidamente. “Ya empezaba a sentir taquicardia, mareo, dolor de cabeza, ganas de vomitar (…) y el nudo en la garganta de querer gritar y llorar a mares”. Sin embargo, había algo que no podía permitirse: quebrarse frente a sus hijos pequeños.

“Cuando te toca ese papel de ser el pilar, no te pueden ver doblado, no te pueden ver quebrado, porque si tú entras en pánico, imagínate si tus hijos lo ven”.

El terror que vivió Gabriela no fue aislado. Miles de personas enfrentaron crisis emocionales derivadas de la emergencia provocada por los bloqueos, balaceras y ataques a establecimientos tras la detención del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación. 


La incertidumbre se extendió durante dos días en Jalisco y, tras la suspensión de actividades, este miércoles se reanudaron las clases presenciales luego de desactivarse el Código Rojo por parte de las autoridades estatales.

Lo que viven los menores

Para Erika Yadira Macías Mosqueda, responsable del programa de Educación Emocional y Bienestar del Instituto de Psicología y Educación Especial del Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS), de la Universidad de Guadalajara, la experiencia de Gabriela refleja lo que atravesó gran parte de la población.

“De hecho, miedo y ansiedad los experimentamos todos. Los adultos, los niños… me parece que toda la población estuvimos y seguimos expuestos a esta situación”, explica.

Cambiar el rumbo mental

Mientras afuera el silencio se mezclaba con el miedo, dentro de casa Gabriela decidió cambiar el rumbo de la noche.

“Dije: ‘no pueden verme así los niños’ (…) ‘¿quién quiere hot cakes?’, y todos contestaron: ‘yo, yo, yo’”.

Bajó a la cocina, apagó las luces por los rumores que circulaban y, con una lámpara colocada entre la pared y el refrigerador, comenzó a cocinar.

“Agarré mi batidora, mi fiel amiga, la que me quita el estrés en ocasiones (…) y me puse a hacer las cosas con la luz apagada”.
Brindar calma a niñas, niños y adolescentes en situaciones alarmantes, como la ocurrida, es la recomendación principal (Foto: Especial)

Entre música baja y respiraciones profundas, preparó hot cakes y manzanas caramelizadas. “Logré sacar adelante mi crisis de ansiedad y les di a mis hijos una noche que, para muchos, fue muy pesada y difícil, pero para ellos fue más amena”.

No negó la realidad, pero tampoco la expuso con crudeza. “No pude disfrazarles del todo la realidad, porque tampoco lo veo viable, pero tampoco puede uno ser tan crudo”.

La calma empieza en el adulto

Brindar calma a niñas, niños y adolescentes en situaciones alarmantes como la ocurrida es la recomendación principal de la especialista. Sin embargo, reconoce que no es sencillo cuando el propio adulto atraviesa un estado emocional complejo.

“Esa seguridad que les vamos a transmitir parte de cómo nos sentimos nosotros. Primero, los adultos tendríamos que tranquilizarnos”, subraya Macías Mosqueda. “Si nosotros estamos inquietos, inquietamos a los niños”.

Gabriela lo entendió de manera intuitiva. A pesar del malestar físico, eligió encender la batidora en lugar de romper en llanto frente a sus hijos.

Para la especialista, este tipo de acciones son clave: “ponerlos a hacer actividades que les gustan, recreativas, dibujar, cantar, bailar (…) distraer su atención hacia cosas agradables”. También recomienda el contacto físico: “un abrazo sentido, acogedor, les ayuda a bajar la ansiedad y el miedo”.

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Señales de alerta en la infancia

De acuerdo con especialistas, algunos comportamientos que pueden ser indicadores de estrés o ansiedad en niñas y niños son los cambios de humor, el cansancio constante, el insomnio, así como comer poco o en exceso.

Para evitar pensamientos intrusivos, sugieren mantener una comunicación abierta que permita identificar qué los hace sentir inseguros, brindar consuelo y apoyo, e implementar actividades lúdicas.

Recomendaciones para reducir el estrés

Académicos de la Universidad de Guadalajara recomiendan seguir estos pasos para reducir o erradicar la ansiedad ante situaciones de inseguridad:

  • Mantener a salvo la integridad física.
  • Practicar ejercicios de respiración profunda y prolongada.
  • Limitar el consumo de noticias informales y redes sociales; informarse solo a través de medios oficiales.
  • Mantener la rutina y la cotidianidad: respetar horarios de comida, sueño y recreación.
  • Procurar buenos hábitos de sueño; evitar cafeína, alcohol y redes sociales al menos una hora antes de dormir.
  • Evitar el aislamiento social y mantenerse en contacto con familiares y amistades.
  • No tomar decisiones importantes ni consumir alcohol u otras drogas durante estos periodos.

Negar lo que ocurre o minimizar el miedo infantil puede ser contraproducente en estos casos (Foto: Especial)

Reconocer sin negar

Cuando la tranquilidad y el contacto físico no son suficientes, los menores pueden manifestar irritabilidad por problemas mínimos o llanto excesivo. Además, estas circunstancias pueden detonar pensamientos catastróficos, como el temor a la muerte de padres o seres queridos.

Algunos incluso pueden negarse a asistir a la escuela. Frente a ello, la experta insiste en limitar la sobreexposición a noticias.

“Evitar que estén sobreexpuestos (…) preguntarles qué es lo que se están enterando, qué platican con sus amigos”, recomienda.
La rutina, añade, funciona como un ancla emocional. “Tener horarios para desayunar, comer, cenar (…) la rutina les da certidumbre y tranquilidad”.

En casa de Gabriela, esa rutina improvisada fue una pijamada familiar. “Nos quedamos todos aquí, pusimos cobijas y nos acomodamos; todos dormimos juntos”. Verlos reír le devolvió algo de paz.

Negar lo que ocurre o minimizar el miedo infantil puede ser contraproducente. “Decir ‘no es cierto’ o ‘es una exageración’ invalida las emociones y no les ayuda”, advierte. Tampoco la sobreprotección extrema.

El escudo emocional

Para Macías Mosqueda, la clave está en reconocer lo que se siente. “Es una situación muy desafortunada para todos. Adultos y niños estamos experimentando emociones desagradables, y hay que reconocerlas”.

Gabriela lo resume con una frase heredada de su abuela: “Armarse de tripa, corazón y bofe, y ser ese escudo”.

Un escudo que no es de acero, sino de hot cakes, música bajita y juegos de mesa; de respiraciones profundas en una cocina a media luz mientras, afuera, el miedo intenta colarse por debajo de la puerta.

En medio de la violencia, la protección empieza en casa: en la regulación del adulto, en la palabra honesta y en el abrazo que, aunque no cambie la realidad, sí puede cambiar la forma en que una niña o un niño la atraviesa.

JVO

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