DOMINGA.– Miel es uno de los peores casos de maltrato animal registrados en México. Era una perrita de la calle, rescatada en Morelos por una mujer con discapacidad. Alguien atacó a Miel con la brutalidad de un machete, un cuchillo y un picahielo; incluso fue violada. Las heridas eran tan graves que no hubo alternativa: tuvieron que dormirla. Hasta hoy, el crimen sigue impune.
Es la desoladora realidad que enfrentan millones de perros: padecen hambre, sed, enfermedades y están expuestos a accidentes, maltrato y abuso sexual. Ante la omisión de la sociedad y administraciones públicas que no asumen su responsabilidad en esta ecuación, refugios o albergues para perros no sólo son necesarios sino imprescindibles en este país.
Esto dicen las cifras. Siete de cada diez animales sufren algún tipo de violencia en este país, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). De acuerdo con un estudio de Mars Petcare de 2024, al menos 29.7 millones de perros y gatos vivían en condición de calle; y según estimaciones del Congreso de la Ciudad de México, cada año se abandonan unos 500 mil.
Este es el contexto en el que surge el Refugio Franciscano A.C., tristemente célebre por un escándalo de despojo que involucra abuso de poder y un pleito entre particulares cuyo trasfondo remite a la voracidad inmobiliaria. Hasta hace unas semanas, hospedaban a quizás la manada de perros más grande en un albergue, al poniente de la Ciudad de México.
En una alcaldía donde nada detiene la construcción de lujosos y modernos edificios, el refugio se ubicaba desde 1977 en el kilómetro 17.5 de la carretera libre México-Toluca, en Cuajimalpa. Lo fundó Ita Osorno, piedra angular en el rescate animal; una mujer que después de algunos años en Bélgica, se enfrenta con los horrores de la “perrera” de Culhuacán –es decir el centro antirrábico que ella describió como “la antesala del infierno” por la crueldad ejercida contra los animales–, esto hizo que consagrara con su vida a la protección animal.
La guerrera animalista conoce a Antonio Haghenbeck, con el que entabla una amistad cercana. El empresario y filántropo, sabiendo de la labor y compromiso de Ita, le da en comodato el hoy codiciado predio para albergar y proteger animales en situación de calle y abandono.
Por 48 años el Refugio Franciscano funcionó con recursos materiales muy limitados provenientes de donativos –como sobreviven todos los refugios–, pero con abundancia de cuidado y amor para 25 mil animales que, se calcula, fueron rescatados a lo largo de su historia. La consigna era clara y temeraria: nunca decir no a cualquier animalito que necesitara ayuda.
Hoy todo el país está volcado en el seguimiento de un conflicto entre los propietarios del terreno y la asociación que cuidaba a los animales, así como el paradero de mil 095 animales que fueron sacados de su hogar y puestos al amparo de las autoridades que intervinieron ante denuncias de supuesto maltrato. DOMINGA hace un recuento del caso de los franciscanitos.
Influencers difunden una narrativa de maltrato animal
El 11 de diciembre de 2025 pasará a la historia como uno de los días más oscuros para el mundo del rescate animal. La pesadilla inició al filo de la medianoche, cuando un comando de hombres embozados desalojó, con fuerza pública incluida, a los cuidadores presentes dentro del inmueble que ya no pudieron ingresar a ver el estado de mil 095 perros y 39 gatos vivían ahí.
Tampoco les fue permitida la entrada a sus veterinarias que imploraban pasar para administrarles medicamentos o tratamientos, que muchos de los perritos y gatitos requerían, o para ponerle sus prótesis a una perrita sin patitas.
Gina Rivara, directora del refugio, recuerda cuando le avisaron que la Fundación Antonio Haghenbeck acababa de tirar la puerta con lujo de violencia: “Empecé a no sentir las piernas. Sí caminaba pero se me entumieron, también las manos, salimos como locos todos. Fue una cosa espantosa. Pero lo peor fue el estrés y miedo que sufrieron los animalitos, inmerecido, injusto, vil”.
Valiéndose de una sentencia provisional otorgada por el Juzgado 60 Civil, que la autoridad admitió sin revisión alguna, por tres días la Fundación Haghenbeck –dueña del predio– permaneció a puertas cerradas.
El 12 de diciembre permitieron el ingreso de influencers que tomaron videos y fotografías mostrando perros enfermos, suciedad e instalaciones deterioradas que movieron en redes sociales, generando la indignación pública; una de ellos, Sofía Morín, de 24 años, que forma parte del comité de bioética de la Agencia de Atención Animal de la Ciudad de México, levantó junto con otras personas una denuncia penal por supuesto maltrato en contra del patronato y el 13 de diciembre ingresó la Fiscalía para levantar un peritaje.
“Durante varios días los animales no tuvieron alimento, bebida ni medicamento. Cuando ingresó Sofía Morin para tomar sus fotografías –asegura Patricia Enríquez, subdirectora del refugio– ya se habían fabricado pruebas para enderezar la denuncia contra ella y Gina Rivara, por supuesto maltrato animal”, escribió Ricardo Raphael en su columna de MILENIO.
Lo que se vendió en reels y stories virales como el mayor rescate de perros, por aparente maltrato de sus cuidadores, terminó siendo un despojo histórico para los animales rescatados en la capital mexicana.
858 animalitos desalojados del Refugio Franciscano
El 7 de enero de 2026, después de que la Fiscalía confirmara “crueldad animal”, y pese a que la Fundación Haghenbeck había permanecido ya 28 días en el lugar, un operativo de más de 200 policías con armas largas, sustrajo 858 perros que fueron asegurados y trasladados a por lo menos tres refugios improvisados: 304 a un albergue en el Ajusco, 183 al Deportivo Los Galeana en la Delegación Gustavo A. Madero y 371 fueron trasladados a las instalaciones de Brigada de Vigilancia Animal, adonde ni el Patronato del refugio ni animalistas pudieron ingresar.
La Fiscalía anunció que 20 se hospitalizaron y 21 murieron. Al momento, el gobierno ha informado de la muerte de seis animales más posterior a su extracción y 171 en estado delicado. Activistas acusan que la cifra de decesos es mayor.
Bajo el inclemente sol del mediodía, metían dos o tres perros en cada jaula que iban apilando en camiones de redilas y de basura; algunas quedaron de cabeza, otras se caían. Uno de los camiones lleno de jaulas y tapado con una lona no auguraba nada bueno para los animalitos que habían metido ahí, con 32 grados, se teme que hayan llegado deshidratados o peor, asfixiados.
Los lamentos de los animalitos se podían escuchar con claridad. Esos perritos rescatados, que por fin habían abandonado los horrores de las calles, que habían encontrado una familia que los amaba, comenzaron a vivir un nuevo infierno.
“Tuvieron tiempo de sobra para sembrar [pruebas]”
Antonia Sánchez del Villar, veterinaria especialista en maltrato animal, señala que en la extracción de los perritos fueron violados todos sus derechos y las Cinco Libertades de Bienestar Animal: libertad de hambre y sed; libertad de incomodidad; libertad de dolor, lesiones o enfermedad; libertad para expresar comportamiento natural; libertad de miedo y angustia. “Materialmente los asaron vivos, hubo un momento que me indigné tanto que les dije: ‘¡mejor mátenlos pero no los torturen más!’”, dice Antonia.
Al Deportivo Los Galeana llegaron 183 perritos en kennels y dentro de éstos permanecieron por al menos seis días. Para un animal, especialmente un perro, el encierro total en el que no puede moverse es una forma de tortura. “Esto genera indefensión aprendida, el animal ‘se rinde’ y deja de luchar. También estereotipias, que son movimientos obsesivos o llantos debido al estrés del encierro”, dice Sánchez del Villar.
Las evidencias que mostró la autoridad, continúa Sánchez del Villar, fueron pan con chocolate que supuestamente servía de alimento, además de agua sucia y excremento y orines de animales que no se limpiaron por varios días. “Tuvieron tiempo de sobra para sembrar lo que quisieran”, dice.
La Fiscalía asegura que los perros vivían hacinados y sin posibilidad de movimiento. DOMINGA visitó el refugio en junio de 2025 y lo que vimos fue a una mayoría de perros que corrían felices y movían las colas a todo el que los visitaba. Una realidad que no coincide con las imágenes que circularon en redes, de perritos “con sarna, tumores o heridas no tratadas”.
Una de las fotos más difundidas fue la de un franciscanito presuntamente mordido por ratas, un roedor por lo demás presente en la ciudad, incluidos los zoológicos. “He tenido la oportunidad de observarla, incluso hasta con lupa. Es obvio que ese animal fue atacado por sus congéneres por el mal manejo en el traslado, por la improvisación, por el abuso, el estrés”.
“En el refugio los teníamos controlados, sabíamos quién no se llevaba bien con quién, qué perro era agresivo. Los animales son muy nobles con el humano pero con sus congéneres, si no tienen buena química, pueden llegar a destrozarse”, dice Antonia, quien también ha atendido a los animales desde hace 30 años.
Coincidentemente en un documento que recién se hizo público, la Fundación Haghenbeck hizo un recuento de los perros y gatos muertos bajo su custodia, uno de ellos en efecto, fue “atacado y posteriormente muerto el 24 de diciembre”.
Marielena Hoyo, exdirectora del zoológico de Chapultepec, que condujo por 20 años lo dice claro y fuerte: “La ciudad tendría que haber intervenido con los perros ahí adentro. Cuando entran a una revisión por ejemplo, alguna queja sanitaria, te dan un periodo de tiempo para que compongas lo que están observando y te dicen que volverán en tantos días. Y si no sucede, te clausuran”.
La también miembro honoraria del patronato del Refugio Franciscano, recuerda que Ita Osorno –quien murió en 2010– era tan respetada y querida que no se atrevieron a hacer nada contra ella hasta ahora que creyeron que el refugio estaba solo. “Lo único que hicieron es demostrar que el refugio es de todos, a todos nos pertenecen estos animalitos”.
Por su parte Mariano Osorio, periodista y conductor, sostiene que ni la Fundación Haghenbeck ni el gobierno vieron venir esta oleada de voces de gente “que respetamos, conocemos y entendemos al Refugio, que desde su imperfección y pobreza entregó amor puro y sólido a muchos animales durante todos estos años. Siempre se puede hacer mejor las cosas, pero este proceso de respeto y credibilidad de tantos años, y tanta gente, no es gratuito”.
Osorio, quien se hizo protector y rescatista y quien entabló una amistad entrañable con Ita Osorno, continúa describiendo la gran labor del refugio frente a la irresponsabilidad de la gente: “Llegaban muchas personas y dejaban a los perritos a la puerta del refugio porque iban a ‘donar’ a su perro; los aventaban por encima de la barda y entonces caían lastimados; los dejaban al filo de la carretera, o soltaban al perro y se arrancaban en el coche y el perrito se iba atrás de ellos y un coche atrás en la carretera lo atropellaba”.
“Inventar que les daban chocolate en medio de la comida, que es tan tóxico, es lo más perverso y burdo que pude haber escuchado en mucho tiempo”.
“Un pleito entre particulares”
El conflicto entre el Refugio Franciscano y la Fundación Antonio Haghenbeck se remonta a los años noventa. Cuando fallece el filántropo y animalista Antonio Haghenbeck y de la Lama, en 1991, deja en su testamento predios en comodato a dos asociaciones –el Refugio Franciscano y el Albergue Canino, de la entonces vicepresidenta de la Fundación, Josefina González Polo– con la condición de que se destinen a la protección de perros y gatos en situación de abandono.
Años antes, en 1984, se había establecido ya la Fundación, cuya misión es administrar los bienes de don Antonio y garantizar que su patrimonio se dedicara a la protección animal. La Fundación ha argumentado que el refugio no ha cumplido con esta cláusula, ya que no “protegían”, sino que “maltrataban”.
Lo cierto es que el predio de 16 hectáreas de bosque, donde los perritos salían a pasear diario, de las cuales el refugio utilizaba 10 mil metros, y luego les fue recortado a 5 mil, fue vendido en 2020 al Banco Ve Por Más, que a su vez transfirió los derechos al Fideicomiso 303. Finalmente, “el terreno fue vendido a Fibra Uno, el fideicomiso inmobiliario más grande de Latinoamérica, que desarrolló los proyectos Torre Mayor y Mitikah”, de acuerdo a documentos publicados por la periodista Elena Chávez.
El monto real de la venta fue de 650 millones de pesos, aunque el documento asentado en el Registro Público de la Propiedad dice que fue vendido por 650 mil, sin que la Junta de Asistencia Privada (organismo destinado a regular a las asociaciones de beneficencia) dijera nada, mucho menos cuando la Fundación dejó de dar fondos para el mantenimiento del refugio desde 2010.
Pero además la discrepancia entre la cifra declarada y la real, podría representar un fraude fiscal a la ciudad.
Sumado a esto, según registros de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda, en 2023 se hace el cambio de suelo para construir en el predio multifamiliares y oficinas. Pero ante la presión de la opinión pública que se volcó a favor del Refugio Franciscano e incluso levantó denuncias en contra de funcionarios, Clara Brugada, la Jefa de Gobierno –quien ha declarado que su administración no se metería en un “pleito entre particulares”– anunció el 12 de enero, ya con los perritos desalojados, que no se autorizará ninguna construcción ahí mientras dure su gobierno.
Después de que la Fundación vendiera el predio en 2020, el Refugio Franciscano interpuso un amparo, argumentando que se estaba violando el testamento de Antonio Haghenbeck y que ellos debían seguir con el comodato. Así que, en 2022, la Fundación acusó por primera vez al Refugio de maltrato animal; recurso que no prosperó luego de que la Fiscalía, entonces a cargo de Ernestina Godoy, encontrara al refugio funcionando adecuadamente.
Así que se firma un convenio –que la Fundación luego impugna en tribunales– en el que el refugio aceptaba abandonar el predio a cambio de que ésta construyera un nuevo albergue en un terreno que el patronato debía conseguir y que logró obtener en 2024 en Texcoco. El Juzgado 60 decide omitir que sí lo consiguió y gira la orden de desalojo que ejecuta la Fundación el 10 de diciembre de 2025, a la media noche, cuando estaba abierto el periodo de amparo.
En 2023, la Fundación realizó una donación de 14 millones de pesos a la Brigada de Vigilancia Animal, dependencia que resguarda animales rescatados, para la creación de la Ciudad de los Perros y Gatos, obra que se terminó a marchas forzadas para llevar ahí a todos los franciscanitos, de acuerdo a la autoridad, de manera “paulatina”.
El Patronato del refugio se opone tajantemente a este nuevo traslado. Curiosamente, Mónica Ballesteros, directora de Brigada Animal, adonde supuestamente fueron enviados 371 franciscanitos, ha sido denunciada por maltrato por organizaciones animalistas.
La traición a Antonio Haghenbeck
La actual presidenta de la Fundación Haghenbeck, Carmela Rivero, quien también es fundadora de dos empresas inmobiliarias, alega que “no es de interés de nadie” lo que pase con el terreno. “Los propietarios pueden hacer lo que quieran con su propiedad!”, ha dicho, agregando que: “si alguien tiene experiencia de lo que quería don Antonio cuando estaba haciendo su testamento, fui yo. Y lo que hizo fue sólo simbólico para tranquilizar a Ita”.
DOMINGA buscó a Josefina González Polo, abogada y exvicepresidenta de la Fundación. Su anterior albergue, Albergue Canino, estaba mencionado en el citado testamento y es la actual poseedora del albergue Reserva para la Protección de la Flora y Fauna Silvestre Doméstica y del Medio Ambiente, adonde llevaron 304 franciscanitos en el Ajusco. Ella tiene otra versión.
“Conocí a don Antonio Haghenbeck y platiqué con él durante cuatro meses todos los miércoles. A mí me platicaba su vida personal y, cuando me conoció supo que lo primero para mí son los perros, es ahí donde establece en su testamento que yo debía velar por que esos terrenos fueran siempre para los animales. Si Carmela lo saludó, lo conoció o platicó con él, no recuerdo [...]. Aquí lo que teníamos que seguir era la voluntad moral de don Antonio”.
González Polo se amparó pero todavía no puede ingresar a las instalaciones de su albergue en el Ajusco, a medio construir, que nunca le terminó la Fundación y que hoy “están a cargo de la influencer Sofía Morín”, acusa Josefina. González Polo, quien ha sido protectora de animales y rescatista desde hace 40 años, explica que la Fundación Haghenbeck tiene un modus operandi.
“A mí, en 2021, me prepararon un montaje igual. Fueron a mis instalaciones con Eugenio Derbez de invitado. Yo no podía acompañarlo porque tengo un problema de movilidad. Al día siguiente se queja con la Fundación de que mis animales estaban siendo maltratados y que estaban en muy malas condiciones. La Haghenbeck me cita y dice ‘te vamos a quitar la ayuda por lo que dijo Derbez’”.
Al día siguiente, la abogada llegó al albergue con el veterinario que la acompañaba siempre. “Estaba la Brigada Animal, dos patrullas, Verónica Blanco, apoderada legal, y Carmela Rivero tratando de entrar a mis instalaciones para desalojarme. No me dejé y se fueron. Por eso pienso que le realizaron un montaje al Refugio Franciscano”.
“Es obvio suponer que es su modus operandi, probablemente allá adentro en el Refugio alguien hizo lo que hizo para que, cuando entraran las autoridades, vieran todo el desastre. Lo puedo casi asegurar porque me lo hicieron a mí”.
Los franciscanitos tienen el espíritu quebrado
Fernando Pérez Correa, el abogado del Refugio Franciscano desde 2010 y también protector, apunta que ya no hay recurso legal que se pueda interponer a la resolución de amparo dictada por la Jueza 60 Civil, Ana Miriam Yépez Arriola el viernes 23 de enero pasado. El predio deberá ser devuelto a las 12 horas del 30 de enero, aunque los perros siguen asegurados y el proceso judicial continúa. Por lo que no pueden darse en adopción.
“Que nos pongan cámaras, que vayan diario incluso de manera permanente, queremos que ustedes estén tranquilos y que vean la verdad de cómo funciona el Refugio. No les vamos a cerrar la puerta, de hecho, también dijimos que de manera ordenada, y no todos los días, pero vamos a dar acceso a los medios para que vayan a vernos. Y desde luego, a los voluntarios, que nos ayuden a pintar y mejorar las instalaciones. También hay que exigirle a la Fundación que cumpla con su compromiso de construir el nuevo refugio en nuestro terreno de Texcoco”.
Josefina González Polo confronta a la Fundación Haghenbeck: “Esos animales tienen el espíritu quebrado y van a empezar a morir, por el estrés tan espantoso que les causaron, su sistema fisiológico ya se descompuso por el estado de estrés constante”.
“Que les daban pan, que no tenían espacio, que estaban heridos, que tenían tumores, sí corazón. Pero se sentían seguros y amados, les hicieron una cosa tan espantosa. En un albergue de mil perros, aproximadamente 100 perros están en malas condiciones, ¡es normal y se van tratando poco a poco! Nada más el que ha vivido un albergue sabe las necesidades que se tienen, pero sacaron fotos sólo de esos perritos en mal estado”. ¿Dónde están los demás perros?
Ante las denuncias de falta de alimento, medicamentos, agua y de muertes, por parte de activistas como Raaiza González, quienes realizan guardias permanentes afuera de los sitios donde se resguardan a los franciscanitos, hoy domingo la sociedad civil volverá a marchar al Zócalo para exigir que se cumpla la entrega del refugio en tiempo y forma, y la devolución de los perros y gatos. El tiempo sigue pasando y la suerte de los franciscanitos continúa siendo incierta.
GSC