• ¿El entretenimiento ya es un lujo? La reventa de boletos amplía la brecha social

  • El aumento de la reventa digital, los bots y los precios exorbitantes ha convertido los conciertos y eventos deportivos en experiencias exclusivas. El debate ya no sólo es sobre boletos caros, sino sobre quién puede acceder hoy al entretenimiento.

Rodrigo Gallardo
Ciudad de México /
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Ir a un concierto o a un evento deportivo se ha convertido, para muchas personas, en una meta cada vez más difícil de alcanzar. Lo que antes era una experiencia compartida, hoy depende, en muchos casos, del tamaño del presupuesto.

La reventa de boletos ya no es sólo un problema de precios elevados. Es un mecanismo que limita el acceso a la cultura y al entretenimiento. Estudios muestran que, durante las ventas masivas, los bots pueden capturar hasta el 60% de los boletos en los primeros segundos. Minutos después, esos mismos accesos reaparecen en plataformas de reventa con precios que pueden multiplicar varias veces su valor original.

El impacto va más allá del bolsillo. Diversos estudios señalan que asistir a conciertos y espectáculos fortalece la identidad comunitaria, las redes sociales y las experiencias compartidas. Cuando el acceso depende exclusivamente del ingreso económico, también se amplía la desigualdad cultural.

Las cifras reflejan la magnitud del fenómeno. El mercado global de boletos supera los 70 mil millones de dólares al año y la reventa fue valuada en más de 31 mil millones de dólares en 2025. En México, boletos para espectáculos de alta demanda, como los de Taylor Swift o Luis Miguel, llegaron a ofrecerse hasta en 119 mil pesos.

A ello se suman vacíos legales. Aunque la reventa en la vía pública puede ser sancionada, no existe una regulación federal específica para combatir la reventa digital o el uso de bots, lo que permite que estas prácticas continúen en redes sociales y plataformas especializadas.

El debate ya no se limita al costo de un boleto. También plantea una pregunta de fondo: ¿el entretenimiento sigue siendo un derecho cultural o se está convirtiendo en un privilegio reservado para quienes pueden pagarlo?

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