Cuando se habla de la Independencia de México, los nombres de Hidalgo, Morelos, Guerrero y otros insurgentes suelen ocupar el centro de la historia. Sin embargo, cientos de mujeres también participaron en la lucha: algunas organizaron redes de información, otras aportaron recursos y algunas incluso tomaron las armas.
Josefa Ortiz de Domínguez es uno de los casos más conocidos. Cuando la conspiración de Querétaro fue descubierta, logró hacer llegar un mensaje a los insurgentes pese a estar vigilada y encerrada. Su aviso contribuyó a que el levantamiento se adelantara y comenzara la madrugada del 16 de septiembre de 1810.
Leona Vicario también tuvo un papel fundamental. Fue informante, financista y colaboradora de publicaciones insurgentes. Años después, incluso tuvo que defender públicamente sus motivaciones frente a quienes intentaban explicar su participación únicamente a partir de sus relaciones personales. Su respuesta dejó claro que las mujeres también tenían razones políticas para luchar por la independencia.
Pero ellas no fueron las únicas. Gertrudis Bocanegra participó en redes de comunicación y abastecimiento; Altagracia Mercado llegó a financiar y dirigir fuerzas insurgentes, mientras que otras mujeres participaron directamente en los combates. Algunas fueron perseguidas y ejecutadas; otras quedaron apenas mencionadas en los relatos que llegaron hasta nuestros días.
También existen historias en las que resulta difícil separar los hechos de la leyenda, como ocurre con la llamada Güera Rodríguez, cuya figura fue creciendo con el paso del tiempo hasta convertirse en uno de los personajes más mitificados de aquella época.
La Independencia, entonces, puede contarse desde otro ángulo: el de las mujeres que estuvieron detrás de mensajes, redes, recursos y batallas, pero que durante mucho tiempo quedaron fuera del relato principal.