Dalí + Hitchcock + México = Surrealismo

Café Madrid

Ochenta obras originales muestran la estrecha relación entre Salvador Dalí y Alfred Hitchcock en ‘Dalí: Escenografía de un sueño’, exposición que explora el surrealismo y el cine.

Sala de la exposición ‘Dalí: Escenografía de un sueño’. (Facebook Fundación UNAM)
Madrid /
Únete al canal de Milenio

Durante estos días, a un costado de la Zona Arqueológica y Museo del Templo Mayor, una enorme escultura de un reloj derretido atrapa la atención de los viandantes. Es, cómo no, una de las famosas figuras del locuaz y extraordinario Salvador Dalí que, tan estoica como juguetona, da la bienvenida a “la exposición del año” en la capital mexicana. Se llama Dalí: Escenografía de un sueño y lo mismo te abraza que te zarandea. Por eso nadie debería perdérsela.

Poco después de entrar al imponente Palacio de la Autonomía de la UNAM, que a lo largo de cuatro siglos, sobre las ruinas aztecas, ha sido convento, cuartel militar, escuela y hasta salón de fiestas (una mezcolanza delirante tal vez destinada a acoger esta muestra), uno se sumerge en un estanque de puro surrealismo. Ochenta obras originales del pintor catalán se encuentran repartidas en ocho salas. Son litografías, esculturas, estampas, dibujos, libros y pinturas, la mayoría ligadas a la colaboración de Dalí con el director de cine Alfred Hitchcock.

Huyendo de la inestabilidad bélica en Europa, el artista de las extravagancias se fue a Estados Unidos. Eran los comienzos de la década de 1940 y Hollywood vivía sus años dorados. Así que varios cineastas se pusieron en contacto con él para pedirle una colaboración en sus películas. Hitchcock fue quien lo convenció al pedirle que le diera “realismo” al sueño del personaje interpretado por Gregory Peck en la película Recuerda, estrenada en 1945 pero que, todo hay que decirlo, no suele aparecer en la lista de las “mejores” del genio del suspenso audiovisual.

La cinta cuenta la historia del doctor Edwards, el nuevo director de una clínica psiquiátrica. Ahí trabaja la doctora Petersen (Ingrid Bergman), quien se enamora de él. En realidad, Edwards es un enfermo mental que cree haber asesinado al verdadero doctor, pero no recuerda nada. La doctora se propone entonces ayudarle a recuperar sus recuerdos. Y al analizar sus sueños se desata la escena onírica ideada por Salvador Dalí: ojos gigantes, paisajes y figuras deformadas, recortadas por unas enormes tijeras. Aunque en el primer metraje ese material surrealista duraba más de veinte minutos, por motivos comerciales se redujo a apenas dos minutos (lo cual representó una enorme decepción para el autor del decorado).

La escenografía de esa parte del filme es el corazón (o el cerebro) de la exposición. Su espectacularidad radica en la suma del surrealismo de Dalí y del suspenso psicológico de Hitchcock: la salud mental, la memoria, la paranoia y los miedos profundos (agudizados entre buena parte de la población occidental de la época, debido al trauma y las secuelas de la Segunda Guerra Mundial). Ojos enormes, una partida de blackjack con cartas en blanco, hombres sin rostro, rocas con rostro, arquitecturas imposibles y perspectivas deformadas, plasmadas en un telón de diez metros de longitud y cinco de altura, en el que el sueño no es una evasión de la realidad sino una forma de manifestarla. Y a un lado, por supuesto, se encuentran los bocetos originales que revelan el proceso creativo del hombre que llegaba a ciertos lugares acompañado por una pantera.

Pero antes, en el pasillo inicial, hay fotografías en gran formato de Salvador Dalí y Alfred Hitchcock, así como las esculturas Paranoia e Identidad suspendida. Unos pasos más adelante, la tecnología (eso que llaman deep fake) “revive” a los dos protagonistas de la muestra y son ellos quienes explican el significado del filme que los unió.

Después se accede a una sala con suelo de cristal, una “ventana” a antiguas estructuras coloniales, algunas partes con mosaicos. Ahí está instalado un sillón en forma de labios, tan rojos como carnosos, nombrado Mae West Lips Sofa. También está el busto Zootrope Model, con la firma visible de Dalí, y una serie de grabados que interpretan escenas de Romeo y Julieta. En las siguientes salas destacan esculturas como Venus de Milo con cajones o Space Elephant y cuadros como Homenaje a Newton y El ángel surrealista.

Con frecuencia el impacto duradero de la obra de Salvador Dalí en el universo de las artes plásticas del siglo pasado ha quedado relegado por su imagen excéntrica, provocadora y de gran impacto mediático, que él mismo cultivaba. Pero no olvidemos que también dejó su huella en el mundo del cine.

AQ / MCB

  • Víctor Núñez Jaime
  • Es reportero y escritor. Sus trabajos, en todos los géneros periodísticos, se publican en los principales medios del mundo hispano. Es autor de libros como Los que llegan. Crónicas sobre la migración global (Debate) y ha sido galardonado, entre otros premios, con el Internacional de Periodismo “Mario Vargas Llosa”, el Premio a la “Excelencia Periodística” de la Sociedad Interamericana de Prensa o el “Rey de España” que otorga la Agencia EFE. Escribe en Laberinto desde hace dos décadas.

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite