De gatos y sombras

Husos y costumbres

¿Qué ven los gatos cuando persiguen sombras? Ana García Bergua reflexiona sobre la imaginación y la persistente fascinación cultural por los gatos.

“Cada gato es un prodigio en sí mismo” (Foto: Alex Meier | Unsplash)
Ciudad de México /

Se va a cumplir un año de que mi amado gato Sacha se convirtió en sombra. Los gatos siameses se van oscureciendo con los años y así le sucedió a Sacha hasta el día en que tuvimos que acompañarlo a cerrar sus ojitos azules para que ya no sufriera. Cumplió 17 años y creo que tuvo una buena vida. Desde entonces es una sombra cuya presencia siento a ratos, de paso por el corredor acostado en mi cama o en su rincón del sofá. Canica, su sucesora, se dedica a perseguir sombras: la de las hojas de los árboles que se filtran por los cristales, las sombras de los dedos en el teclado, la de un pájaro que pasa veloz detrás de la ventana, el teatro de sombras que sin darnos cuenta actuamos para ella en nuestro trajinar. A Canica la encontraron muy chiquita, abandonada en un terreno baldío; tengo la impresión de que desde entonces vive un poco en pie de guerra, aunque sus enemigos principales sean incorpóreos: persigue al puro movimiento, a la pura luz. A veces quisiera que hablara y me pudiera contar la épica de su día: la mosca que voló por el cuarto de lavado, el reflejo móvil en la puerta de la regadera, las ventanas que son su televisión, los sueños agitados que la hacen maullar dormida. Y las sombras que nos acompañan sin que sepamos; no de balde los gatos tienen fama de comunicarse con el más allá y de alguna manera estoy segura de que Canica y la sombra de Sacha se tocan en alguna parte, asombradas y sombrías.

La Canica voladora, color de sombra gris con blanco, persigue también las sombras de las pantallas, como es de esperarse, y en la pantalla de mi computadora pudo leer conmigo los números de la Revista de la Universidad e Inundación Castálida dedicados a los gatos. No sé si fue coincidencia que dos revistas de dos universidades, la UNAM y la Universidad del Claustro de Sor Juana, decidieran dedicar sus números del mes de mayo a los gatos. Curioso como un gato, por supuesto, que husmea en todos los rincones buscando a saber qué cosas. Y es notorio lo que ambas revistas reúnen, como en una guarida gatuna, sobre estos animales: los gatos y los egipcios, los gatos en la literatura japonesa, infinidad de poemas y cuentos, clásicos y contemporáneos, sobre gatos; ni el gato de Schrödinger se salva de aparecer o desaparecer, según se considere.

En cuanto a los contemporáneos, colaboradores diversos indagamos sobre los gatos y su misterio, sobre su historia y las pequeñas historias de cada quién con su gato, porque cada gato es un prodigio en sí mismo; por ello resaltan los lamentos por los gatos fallecidos, y es que podríamos responder así al hermoso poema de Wisława Szymborska: “Morir, eso no se le hace a un dueño de gato”.

​AQ / MCB

  • Ana García Bergua
  • Autora de novela, cuento y crónica. Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte, Premio Sor Juana Inés de la Cruz 2013 por La bomba de San José y Premio Nacional de Narrativa Colima 2016 por La tormenta hindú. Recientemente publicó Leer en los aviones y Waikikí, junto con Alfredo Núñez Lanz.

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