El arte de distraerse

Escolios

Lejos de ser sólo evasión, la distracción puede ser una zona productiva en diálogo con el esfuerzo intelectual, que permite dar lugar a la memoria, la invención y el descubrimiento.

William Merritt Chase, ‘Horas de inactividad’, 1894. (Wikimedia Commons)
Ciudad de México /

Podría decirse que la distracción consiste en evadirse de la atención y la experiencia común y atender otras dimensiones de la realidad. Ese desprendimiento del tiempo, la percepción y el pensar colectivo tiene mala fama y tiende a considerarse excéntrico, ofensivo o, de plano, subversivo. En el ámbito del trabajo intelectual, la distracción suele concebirse como signo de inmadurez e inconstancia; sin embargo, la distracción también puede ser una deriva muy fecunda, preludio de la intuición salvadora o del invento genial. El poder de la distracción, de Alessandra Aloisi, (Alianza Editorial 2022) enseña, a través de una breve historia de la consideración filosófica de la distracción, cómo apropiarse creativamente de ese acto y enumera los estímulos y hallazgos que puede deparar ese trance entre la digresión y la ensoñación. Para ilustrar la oscilante valoración de la distracción, la autora se remonta a Pascal y su concepto básicamente negativo de divertissement, esa forma de enajenación y aturdimiento cotidiano, esa búsqueda insaciable e insatisfactoria de incentivos que impide a los individuos atender sus prioridades mundanas y religiosas. Con todo, si la distracción tiene la etiqueta de evasiva y estéril que le atribuye Pascal también ostenta esa valoración positiva que se le otorga desde Montaigne, para quien la distracción es un remanso de los sufrimientos y rigores del mundo, un gesto esencial para la realización de los potenciales humanos y una reivindicación de los actos de errar, divagar, reír y revolotear.

Con alusiones a científicos como Poincaré, filósofos como Bergson o escritores como Proust, Aloisi aborda la fecundidad de la distracción y la asombrosa conexión entre trabajo sistemático y corazonada, entre concentración y relajación, entre razón y azar. Si la distracción erosiona la función práctica y racional, agudiza, en cambio, la capacidad para captar lo original e inaudito. La distracción, por lo demás, opera en diversos planos temporales: puede ser recuperación de la memoria involuntaria, inmersión profunda en el presente o atisbo visionario de futuro. ¿En qué momento se incuba la inspiración distractiva, antes o después de la obra negra? Ciertamente, algunos razonamientos inacabados o esforzados proyectos se completan felizmente, gracias a sensaciones evanescentes, a minucias que se vuelven significativas o a situaciones casuales De hecho, el elogio de la distracción llega hasta el extremo de quienes localizan toda fuente creativa en el sueño o el inconsciente. No obstante, concuerdan los autores convocados, todas estas fabulosas operaciones del intelecto que parecerían mágicas requieren siempre como antecedente una formación rigurosa y un trabajo conscientemente esforzado. Con un estilo grato y vagabundo, que combina la profundidad con la claridad, una auténtica lírica de la digresión, la autora reivindica la dignidad del distraído y encomia sus fugas de la realidad y sus gozosos paseos por las nubes.

AQ / MCB

  • Armando González Torres
  • Armando González Torres. Ha ganado varios premios literarios. Es autor de alrededor de 20 libros, como los de poesía Los días prolijos y La peste, y los de ensayo y aforismo La lectura y la sospecha y Sobreperdonar.

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