“El gran río en mi sangre”, un poema de Dulce Chiang

Poesía

Dulce Chiang imagina un río que habita en la sangre y transforma el cuerpo en paisaje.

La poeta, editora y gestora cultural mexicana Dulce Chiang. (Cortesía)
Dulce Chiang
Ciudad de México /
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Entré en el túnel de metal

y al romper del silencio

los doctores descubrieron

que en mis venas

serpenteaba un antiguo cauce.

Un arroyo insomne

            que latía

un pulso incesante

              que golpeaba

un torrente indómito

          buscando desembocar quién sabe dónde.

Guardaron silencio los médicos

           primero,

discutieron

          después

acerca de un lecho novedoso,

de una sinuosa corriente,

de un insistente martilleo

que parecía ya por mucho tiempo

discurrir en mi sangre.

Y yo ya lo había notado.

                    Ese vaivén.

Caminaba,

          dormía,

          respiraba,

sabiendo que dentro de mí

un trepidante

             bravo río,

hubo fincado su cauce,

y su latido era mi nombre.

Sé ahora que llevo un río adentro,

y que mi pulso tiene vertiente propia.

Que ese insilente toque

es un río que murmura y a veces bramando grita

que en mí vive

que en mí está su meandro.

Concluyeron los doctores

que hay ríos,

que no vienen de la lluvia o el deshielo,

ni escurren desde las Tierras Altas,

pero sí brotan en un cuerpo.

Pero ese cuerpo se vuelve su remanso.


Este poema forma parte de un libro en preparación.

AQ / MCB

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