‘Los farsantes’, de Ernesto Anaya Adalid: ¡un ‘noir’ sin narcos!

A fuego lento

‘Los farsantes’, nueva novela de Ernesto Anaya Adalid, narra el ascenso de un escritor mediocre convertido en celebridad tras apropiarse de un manuscrito, en una trama de suspenso y engaños.

Portada de ‘Los farsantes’, de Ernesto Anaya Adalid. (Moho)
Ciudad de México /
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En su primera encarnación, Los farsantes (Moho) fue un guion cinematográfico que no llegó a rodarse, de modo que tomó la forma de una novela negra que cumple al menos con las tareas de entretener y probar que este género “menor” puede prescindir de narcotraficantes embrutecidos y policías sacados de un cómic.

Los farsantes desarrolla la historia de una impostura y sus consecuencias. Una noche de cantina, un escritor fracasado conoce a una pareja de amantes —él un patán sardónico, ella una vampiresa— con la que termina haciendo un trío. Nada inusual, a excepción de que el patán sardónico se pega un tiro. Hay confusión, hay zonas grises de la memoria y un manuscrito, que ese escritor se lleva consigo. Lo que sucede a continuación parece un regalo de la casualidad: la publicación del manuscrito, Vivir para contarlo, el éxito de ventas, la nominación al Booker, la fama. Luego vienen las consecuencias —pues en ocasiones hay quien debe responder por plagio—, materia dura de Los farsantes.

Su autor, Ernesto Anaya Adalid, parte de la premisa de que “la Justicia en México es, en última instancia, una ficción, una simulación”. Así la trama se pone en marcha y con ella una pequeña galería de personajes —muy bien definidos, el mérito mayor de la novela— que giran alrededor y en las sombras del escritor que meses atrás fue un mediocre y ahora es una celebridad.

¿Y las consecuencias? Anaya Adalid tiene buena mano para el suspenso, para el diseño de atmósferas —mórbidas o confortables—, el ritmo narrativo y el tributo a unos cuantos clásicos. Con estos argumentos, urde y proyecta una vorágine de miedos, acechanzas, golpes de fortuna, reveses que mucho le deben al oficio cinematográfico. Quiero decir, una vez más, que Los farsantes entretiene. Carece, sin embargo, del don de la contención estilística. Tira demasiados dardos que suenan a desfiguro dramático: “Los verdaderos artistas no somos asesinos”; “el arte tiene que ser vivido para ser verdadero”; “¡Mi nombre no importa porque no soy nadie!”; “aquello parecía un escenario importado directamente de Saló o los 120 días de Sodoma”. Es demasiado (pero justísima la reivindicación de María Elvira Bermúdez, la “Agatha Christie mexicana”).

Los farsantes

Ernesto Anaya Adalid | Moho | México, 2026

AQ / MCB

  • Roberto Pliego
  • (1961) Cursó Letras Hispánicas en la UNAM. Fue subdirector de la revista Nexos. Autor de La estrella de Jorge Campos y 101 preguntas para ser culto, es editor de Laberinto.

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