• José Alfredo Jiménez: porque sigue siendo el Rey

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Cuatro voces mayores coinciden en José Alfredo Jiménez: poeta del pueblo, institución emocional, explorador del sentimentalismo y rey que sigue cantando en la memoria, el idioma y la vida cotidiana de México.

Laberinto
Ciudad de México /

Porque sigue siendo el Rey

Joaquín Sabina

Porque le puso letra a nuestras emociones, porque musicó nuestro fracaso, por Chavela Vargas, por Lola Beltrán, por Vicente Fernández; porque encarnó el alma de México (lindo y querido), porque quiso ver, y de qué manera, “puritito pueblo”, porque nos sigue enseñando a querer como tú no has querido; por “Vámonos”, por “El último trago”, por “Que te vaya bonito”, por el caballo blanco de san Emiliano, porque está más vivo que tantos vivos, porque consuela, porque acompaña, porque redime, por sus clases de llanto, poque no hubo, porque no hay, porque no habrá quién lo calle, porque lo cantó mi padre, porque lo canto yo, porque (ojalá) lo canten mis hijos y los tuyos y los hijos de mis hijos, por ganarle un paso al olvido, por hermosear nuestro idioma, por el tequila con sangrita, por el mariachi, por el Tenampa, por el desgarro, por su elegancia, por su tristeza, por su alegría, porque canta como nunca, porque gana batallas, como el Cid, después de muerto, por su altísimo ejemplo. PORQUE SIGUE SIENDO EL REY.

Una institución de instituciones

Carlos Monsiváis

En los inicios del siglo XXI, José Alfredo (inútil el apellido, usarlo denotaría falta de confianza) es en la vida popular, o en la vida de México para ser más exactos, una institución de instituciones. Imposible que pase de moda, sus canciones adquieren significados imprevistos, y a la admiración de los comienzos (multiclasista) la amplía considerablemente la valoración artística de hoy, que también suscriben todas las clases sociales. De manera paulatina, la dimensión oculta o minimizada de la obra de José Alfredo resulta la más favorecida, y el vocero de las emociones y los conflictos de cantina se vuelve el poeta de la desolación. “Yo sé bien que estoy afuera...”. Queda claro: José Alfredo, ligado en sus comienzos a la industria del nacionalismo cultural, ya se libró de la condena (“producto de una época”), así todavía dependa de la invención de un pueblo y de un estilo nacional. Sí, José Alfredo es “muy mexicano”, pero si nada más fuera eso no trasciende su ámbito formativo, y queda como en decoración de las fiestas. Su “Mexicanidad”, aunque 1o constituye íntimamente, no explica la fuerza de sus canciones ni aminora su éxito en el mundo de habla hispana. Por lo pronto, no hay cómo “envejecer” a José Alfredo.

Una voz que salió del pueblo

Elena Poniatowska

La voz de José Alfredo salió del pueblo que no necesita saber de Venus y de sortilegios. José Alfredo habla de un caballo blanco, de un perro negro, de una mujer bonita, de un mundo raro y pregunta si lo van a dejar amar como él quiere; las historias que él canta son comunes y en ellas todos podemos reconocernos y, tequila en mano, brindar por él.

Insuperable explorador del sentimentalismo

Juan Villoro

Insuperable explorador del sentimentalismo, José Alfredo Jiménez descifró nuestros más íntimos anhelos y descalabros. En sus canciones, México pudo verse en el espejo. El rencor, el despecho, la nostalgia adolorida, el revanchismo, la idolatría romántica, la posesión machista, el generoso desprendimiento, la desaforada necesidad de querer, ¡las chingadas ganas de llorar a gusto!, no han tenido entre nosotros intérprete más profundo.

AQ / MCB

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