I
Asocio el nombre de Kyra al del personaje de la novela del escritor rumano Panait Strati (Kyra Kyralina, 1923). Alguna vez me contó la poeta apellidada Galván que sus padres habían decidido ponerle ese nombre. Leí con fascinada atención su novela Las mansiones de Zatar, publicada por el FCE en 2025. Luego me ha acompañado La vorágine, lo visceral, el vértice filoso y lo vacante fatuo (Los libros del perro, 2026). Es un extenso e intenso poema sobre el duelo. Está movido por lo que el psicoanalista Igor Caruso llamó “la separación de los amantes”. Este desprendimiento es padecido como una explosión y un aplastamiento, una mutilación y una pérdida de lenguaje. El libro de Kyra es la crónica de una pérdida y una mutilación, es un canto de amor al querido ausente y un salvavidas tejido con palabras para salir del naufragio y buscar la semilla de una sonrisa en el interior para restablecer la armonía perdida.
El repaso de este itinerario doliente permite al lector asomarse al bosque de la experiencia devastada por la muerte del compañero y cómplice. El libro se alza como una serie de campanadas que anuncian la ceremonia del desprendimiento y la separación. La vorágine... es a la par una inmolación y un acto propiciatorio para auspiciar un nuevo florecimiento más allá del duelo y el sacrificio. Lamento y canción, himno y elegía. Con estas letras calcinadas y calcinantes Kyra Galván enriquece la comprensión del duelo y de la soledad de quienes han pasado por este doloroso tránsito.
II
Se trata de un libro póstumo o casi póstumo. Está escrito al filo de la muerte. En ese espacio donde el que se va y la que se queda pueden dialogar no con palabras sino por silencios y alusiones, como en una danza butoh articulada desde la penumbra y la oscuridad. El conjunto de poemas acompañado por un epígrafe de Sigmund Freud, sobre el desamparo producido por la pérdida del ser amado, y otros de Mariana Bernárdez, sobre el “resquebrajamiento”, y unas líneas sobre la letra “V”, entresacadas de la IA, amén de un texto fulgurante de Ethel Krauze, siembran en la inteligencia leyente una rara combinación de piedad y desasosiego, finalmente resuelta en una andadura armónica.
El álbum de estampas dolientes es un libro de horas en que se repasa meticulosamente el itinerario del desprendimiento. Bitácora calcinante de un desollamiento. La vorágine, lo visceral. El vértice filoso y lo vacante fatuo se deja leer como un territorio desolado “donde no hay sutura” posible para citar las palabras de la poeta Danivir Kent:
No hay retórica
Solo una desolada belleza
La espiral del duelo se articula en X estaciones pautadas por la letra “V”. A manera de acampamiento musical enlisto otras posibles palabras:
Vuelta - la del regreso y la resurrección.
Voluta - la de la espina una y otra vez clavada del dolor.
Vacante - la del ausente amado.
Vacación - la de la muerte.
Vocación - la del pulso e impulso que lleva a la poeta a revivir su experiencia.
Vividura - la de la rueda afligida que deletrea la hora final.
Vivero - el de la experiencia afligida.
Vado - el de la escritura que serpentea por la identidad crispada.
Vicaria - la de la experiencia devastada.
Vestigio
Volar
Valor
Vigente
Valija vencida
Valija vacía
Ver/nos
Vincular
Vacante
Vertebrada
Vendas
Vacilar
Vestirse
Víscera
Veto
Varada
Vergüenza
Víctima
Verbo floreciente
Valdrá la pena
Veracidad
Vida de ficción
Vertiendo
Vibras de amor
Vacilación
Vistas de araña
Vacío
Veneno
Vivero
Venerable
Vislumbrar la despedida
Vessels
Verbo floreciente
El conjunto de 52 poemas se arma como un canto ritual concebido como urna capaz de guardar en su seno las semillas de un himno porvenir.
AQ / MCB