Montando el polvo: sobre ‘Carne fósil’, de Jorge Martínez

A fuego lento

En ‘Carne fósil’, de Jorge Martínez, el desierto se convierte en un territorio donde los personajes avanzan hacia una condición casi protohumana.

Portada de ‘Carne fósil’, de Jorge Martínez. (Tierra Adentro/ FCE)
Ciudad de México /

Creo que fue a mediados de la década de 1970 cuando la narrativa mexicana empezó a mirar al norte del país como una entidad ontológica; ya no era un accidente geográfico, tampoco un repertorio musical. De esta manera, ontológicamente, Jorge Martínez (Torreón, 1994) aborda el desierto: sabe que ahí la Vida no deja de batirse con la Muerte.

Carne fósil (Tierra Adentro/ FCE) colecciona viñetas —veinte, ceñidas, contenidas, con una cadencia que envuelve y exige el silencio—. Son, diríamos, manifestaciones de un libro mayor, el de la naturaleza harta del género humano. Por eso, a primera vista, cada una de ellas guarda semejanza con las otras. Se repiten los motivos: el polvo omnipresente, la sed, el viento, el sol quemante, la tierra estéril, el sudor, las llanuras infinitas. Diríamos incluso que esos rancheros errantes, jinetes, vengadores, enamorados, enfermos de desamor, exploradores, matanceros… son proyecciones de un solo ser que en ocasiones se antoja mitológico. ¿Variaciones sobre un mismo tema? Sí, porque el desierto muda siempre de carácter.

Jorge Martínez es un hábil naturalista y algo más: sus descripciones, la columna dorsal de Carne fósil, tienen no solo un minucioso revestimiento material sino una poderosa carga existencial. Escuchemos a una de las voces del insoportable vacío: “He visto la disolución de muchas criaturas en la agonía de las llanuras pero ninguna muerte me ha parecido más hermosa que otra. La ponzoña que ronda el desierto y lo alebresta”. No estamos ante la expresión de un estado de ánimo a la manera de aquellos paisajistas de la novela de la Revolución mexicana y la novela indigenista a quien Rulfo convirtió en polvo. Vemos el sentimiento de angustia a los ojos y comprobamos al fin que vagamos por un mundo en el que nos sentimos extraños.

A pesar de las botas y los cinturones y las pistolas y los vestidos y las camas de hotel, queda la sensación de que todas esas criaturas de Carne fósil se mueven sin conciencia ni rumbo hacia una edad protohumana, cuando no había más que manantiales subterráneos y estratos donde miles de años después un paleontólogo hallaría esqueletos de grandes saurios, igual que esa mujer embelesada por “el torbellino anhelado” que, sin dudarlo, “Se fue montando el polvo”.

Podrán parecer caracteres inocuos

Carne fósil

Jorge Martínez |FCE | México, 2025

AQ / MCB

  • Roberto Pliego
  • (1961) Cursó Letras Hispánicas en la UNAM. Fue subdirector de la revista Nexos. Autor de La estrella de Jorge Campos y 101 preguntas para ser culto, es editor de Laberinto.

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