‘Una noche en la selva’, de Martín Solares: Edward James en Xilitla

A fuego lento

En ‘Una noche en la selva’, Martín Solares convierte la vida de Edward James y su aventura en Xilitla en una novela de peripecias.

Portada de ‘Una noche en la selva’, de Martín Solares. (Random House)
Ciudad de México /
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En sus tres novelas a la manera de un thriller con acentos sobrenaturales (Catorce colmillos, Muerte en el jardín de la luna y Cómo vi a la Mujer Desnuda cuando entraba en el bosque), Martín Solares se lanzó a fabular un momento estelar del surrealismo en París. Tan cómodo se sintió con esta aventura que Una noche en la selva (Random House), su más reciente novela, explora, con todas las estratagemas de la ficción, otro capítulo —quizá marginal pero no menos representativo de una estirpe que creía en la naturaleza profética de los sueños— de la historia del surrealismo: la descabellada y genial empresa de Edward James en Xilitla, en la zona serrana de San Luis Potosí, donde, con la complicidad de la naturaleza, erigió un jardín de madera, piedra y cemento, casa de caprichosas y encantadoras figuras escultóricas, escaleras al cielo, bodegones de tierra y hojas.

Importa el punto de vista. Es Edward James quien habla —porque la novela tiene una fuerte carga oral—, quien le cuenta su vida a un mudo y ambiguo visitante: ¿un asesino?, ¿un espía?, ¿un fantasma? Llevado por una memoria azarosa, James va de sus amores imposibles a su amistad espinosa con Salvador Dalí, de sus orígenes privilegiados a sus encuentros con Peggy Guggenheim, de sus fallidos pasos como poeta a su debilidad por el mecenazgo… sin desplantes biográficos porque Martín Solares ha confiado en la peripecia —como detonadora de la novela de aventuras— y no en el enfadoso relato con aire académico. Es decir: Solares quiere la verosimilitud a costa de la verdad y aún de la mentira. Qué importa si Edward James nunca fue secuestrado por Gonzalo N. Santos cuando ese episodio (“Cuando la Revolución surrealista conoció a la Revolución mexicana”) es una pieza redonda de la imaginación novelística.

A pesar de que Una noche en la selva se inclina en ocasiones al didactismo (para qué hacerle la vida pesada a los lectores), reconocemos en ella una inclinación celosamente narrativa, esa pulsión que solo sabe de historias bien contadas, como si fuera aún posible sentarse frente al fuego y escuchar a quien ha venido de muy lejos y solo pide una botella de ron y una discreta hospitalidad antes de dirigirse a su auditorio.

Una noche en la selva

Martín Solares | Random House | México, 2026

AQ / MCB 

  • Roberto Pliego
  • (1961) Cursó Letras Hispánicas en la UNAM. Fue subdirector de la revista Nexos. Autor de La estrella de Jorge Campos y 101 preguntas para ser culto, es editor de Laberinto.

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