‘Carpintería’ de un guion: sobre ‘Amarga Navidad’, de Pedro Almodóvar

Café Madrid

En ‘Amarga Navidad’, Pedro Almodóvar apuesta por un guion arriesgado y literario, con silencios y varias tramas. Recurre a la autoficción y a la reescritura como eje de su proceso creativo.

Pedro Almodóvar, cineasta español. (EFE/Juan Herrero)
Madrid /

Cuando el próximo mes Pedro Almodóvar llegue a México (después de un buen tiempo sin visitar el país de su amada Chavela Vargas), además de presentar su nueva película y recorrer algunos mercados en busca de artesanías, también hablará sobre la “carpintería” del guion de Amarga Navidad. Ya lo hizo hace unos días en Madrid, durante una interesante charla con la escritora Alana S. Portero, autora del best seller La mala costumbre, en el edificio de Telefónica, empresa en la que él fue empleado administrativo antes de dedicarse completamente al cine.

El director de las canas alborotadas dijo que la cinta que lleva el mismo nombre de la canción de José Alfredo Jiménez (por eso se ha visto “obligado” a ir a México) está envuelta en un manto de riesgos. El guion es complejo, alterna varias historias, solicita la colaboración del espectador para comprender, posee muchos niveles y se cuestiona a sí mismo, algo poco común en la pantalla grande, pero habitual en las obras de teatro y en las novelas.

Ya la otra vez subrayé aquí que el trabajo de Almodóvar es dueño de una dimensión literaria que se superpone al lenguaje cinematográfico y él mismo lo corroboró ante un auditorio repleto: “la palabra tiene mucha importancia en la película. Sé, por ejemplo, que es poco cinematográfico destacar la migraña de un personaje, encerrarlo en una habitación oscura, donde no hay acción. O poner a un par de amigas a escuchar durante cinco minutos una canción de Chavela, simplemente para mostrar que están sufriendo. O poner tres canciones seguidas en una película que no es un musical. Es algo más literario y también es un riesgo pero, según me dicen, el público se lo ha tomado bien.”

Es difícil contar una historia sin hablar de ella explícitamente. El director manchego, sin embargo, hace gala de los silencios “que dicen mucho” para implicar al espectador, “que sabe lo que pasa aunque no se cuente.” Este es un recurso cuyo uso ha aumentado en sus últimas películas. Desde Julieta, pasando por Dolor y gloria, Madres paralelasLa habitación de al lado  hasta Amarga Navidad, se notan principalmente dos cosas: que ha dejado se ser tan barroco, como en los 80 y 90, para ser más austero y contemplativo o sobrio en la narración, y que cada vez habla más de sí mismo.

No obstante, recurre a la autoficción con mucho cuidado, aclaró, porque “hay que procurar no hacerle daño a los demás, a los que quieres. Escribir sobre tu entorno es lago delicado. Si siento que le hago daño a alguien, mejor dejo el tema. Lo sacrifico. Y no siento que me reprima, eh. De verdad. Simplemente cuento otra cosa. Prefiero ser irónico conmigo mismo y con mi trabajo, exhibir mis flaquezas e, incluso, poner los reproches que me haría a mí mismo. En esta película, por cierto, el personaje de Aitana Sánchez-Gijón le escupe una serie de reproches al personaje de Leonardo Sbaraglia que siento que van dirigidos a mí. Lo digo muy en serio”.

Alana S. Portero le preguntó sobre su método de escritura. “Escribo todos los días”, respondió. “No me lo impongo, me sale. Escribo con más soltura por la noche y corrijo por la mañana. Me gusta mucho escribir en los aviones porque ahí, en un ‘no lugar’, rodeado de desconocidos durmiendo, me concentro demasiado”. También confesó que mientras escribía el guion de Amarga Navidad hizo además una novela. “Es que me gusta ser infiel a mí mismo con otra historia. Me ocupo de dos o más a la vez. Y como no duermo bien, pues… aprovecho.” Además, dijo ser “muy disciplinado” y que para él escritura es igual a reescritura. “Me gustan mucho las correcciones. En ese momento es cuando más feliz soy”.

El libro de Amarga Navidad contiene, además del guion de la película, un anexo con comentarios sobre su proceso creativo y el rodaje, escrito por el propio Almodóvar. Está ilustrado con fotogramas del film, imágenes del rodaje y fragmentos del storyboard y se cierra con un texto, a modo de epílogo, del escritor y psicólogo Gustavo Martín Garzo.

Antes de concluir la presentación, el director multipremiado habló sobre el poder de la ficción. “La ficción no tiene el poder de acabar con una guerra”, dijo para disipar cualquier atisbo de ingenuidad. “Pero sí tiene un poder descomunal para salvar personas. Primero salva al que escribe o crea y luego al que lee o ve la obra. Lo digo por experiencia propia”.

AQ / MCB

  • Víctor Núñez Jaime
  • Es reportero y escritor. Sus trabajos, en todos los géneros periodísticos, se publican en los principales medios del mundo hispano. Es autor de libros como Los que llegan. Crónicas sobre la migración global (Debate) y ha sido galardonado, entre otros premios, con el Internacional de Periodismo “Mario Vargas Llosa”, el Premio a la “Excelencia Periodística” de la Sociedad Interamericana de Prensa o el “Rey de España” que otorga la Agencia EFE. Escribe en Laberinto desde hace dos décadas.

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