Busca el ciervo enamorado de la flecha,
la ocasión de su herida.
No halla más que la luz vertical
que lo atraviesa
y el silencio
roto por un acúfeno que lo desquicia.
Prisionero del bosque, sueña despierto
con lebreles imposibles;
huyendo dentro la neblina
como un pitabil en la mañana
entre remolinos vegetales.
Extraviado con ojos de reclamo,
busca una silueta
o un rastro albufero de luna.
Ese sueño lo conduce
hasta el corazón de un claro:
una celda arbórea donde queda cautivo,
limitado entre barrotes de sombra verde.
Un aposento interior del bosque.
Una tregua de silencio
que le obliga a detenerse
herido de deseo
y pertinaz lujuria.
Bielefeld, diciembre de 2025
AQ / MCB