Ahora que una inmensa mayoría de la narrativa en todos los territorios de la lengua española imita a las tesis de licenciatura en sociología, a los informes policiacos y aun a los manuales de pediatría, y no a la misma literatura, el encuentro con La vida de los poetas (Salto de Página) se equipara al consuelo de un viento refrescante. La noveleta de Daniel Espartaco Sánchez tiene temperamento sabiamente irónico, un ritmo narrativo que sostiene cada cambio de compás y un tono de nostalgia que sortea la tentación del desencanto.
El título mismo invita a la sonrisa maliciosa. Hay poetas, es cierto, uno por encima de todos: el joven protagonista que malgasta sus días en una pequeña ciudad del norte de México, un antihéroe de la propaganda aspiracional, solitario y gris, que llega a la poesía por la nociva influencia de las revistas soviéticas que encontraba en su casa de interés social. Los pocos versos evocados —porque la materia de La vida de los poetas es una evocación— son una mezcla de galimatías e impostada oscuridad. No venderé el curso en columpio de la trama. Solo diré que ese joven de la periferia llena solicitudes de empleo con la esperanza de ser rechazado pues tiene la “certeza de que había algo más allá de mi entorno”.
Ese pobre ambiente provinciano, que vegetaba en las décadas de 1980 y 1990, donde “Leer un libro que no fuera de texto era convertirse en un marginado”, guarda mucho de los decorados físicos y psicológicos de Chéjov: la misma apariencia de inmovilidad, el mismo aire a tienda de antigüedades, aunque sin la tristeza añeja de esos cocheros, mujeriegos y actrices que ya no se reconocen a sí mismos. Al carácter chejoviano, Daniel Espartaco Sánchez añade un humor cuya levedad combate sin aspavientos los llamados a “superarse” o a convertirse en licenciado.
Los lectores no escucharán en La vida de los poetas un grito de indignación contra las maquiladoras, no hallarán la tinta de la nota roja, no escucharán consignas pronunciadas para el consumo de las tribus uniformadas. Encontrarán, tan solo, porque de eso se trata, de evitar la estridencia, una envidiable disposición literaria: que los Grandes Discursos se vayan a llenar de ruido las plazas; mejor contar la vida tragicómica de un inocente bueno para nada.
La vida de los poetas
Daniel Espartaco Sánchez | Salto de Página | México, 2025
AQ / MCB