Donde termina el verano (Seix Barral) obtuvo el Premio Biblioteca Breve 2026. Es una novela, como asentó el acta del jurado, “sobre la amistad y la culpa entre dos mujeres a lo largo de los años en la brutal frontera entre México y Estados Unidos”. Cierto. Es “una historia sobre la amistad y la culpa entre dos mujeres” pero esta decisión narrativa obedece a un propósito activista y documental. Como la ficción está al servicio de la denuncia, la novela tiene el encanto de un informe de un antropólogo social.
El escenario es un barrio miserable de Mexicali y la atmósfera es indeseable: los niños, las niñas, desaparecen de las calles y reaparecen días después transformados en cuerpos violados, mutilados, desfigurados… Ahí encontramos a Elisa y Aimé, de doce años, hermanadas por la miseria y la sombra de su responsabilidad en la desaparición de otra niña, y a quienes veremos dos décadas más tarde sabiendo ocultar sus heridas físicas y emocionales: aquella, la que ganaría la medalla de oro en salto de longitud, vive de satisfacer las fantasías de una camarilla de pedófilos; esta, que no destacaba en nada, es ahora la esposa de un jefe de plaza a las órdenes de El Mencho.
Elma Correa construye un escenario conveniente para irse por las ramas (porque la trama no avanza, parece tener hipo, a largos ratos se esfuma para dar paso a estampas de la vida cotidiana donde, por ejemplo, un par de enfermeras combaten la gonorrea que se extiende por el barrio). Más que narrar, porque la escritura apenas tiene aliento para ser denotativa, monta escenas desgarradoras o simplemente ilustrativas en las que se proyecta la “violencia contra las mujeres” en sus expresiones más brutales o sofisticadas. Eso es Donde termina el verano: un alegato, un expediente judicial, pero no literatura. Sospecho que Elma Correa piensa en ella como un bien social (por eso es didáctica y dada a la parrafada informativa), y no como si solo fuera importante para el individuo.
En este país, algunos hablamos de las librerías del Estado cultural cerradas por razones opacas, hablamos de la cada vez más débil cadena del libro, de las editoriales en estado de coma y el triunfo del mal gusto sobre el refinamiento estético. Ya hay que hablar de quienes empobrecen a la novela escribiendo novelas.
Donde termina el verano
Elma Correa | Seix Barral | México, 2016
AQ / MCB