Aunque en sus diálogos Platón realiza un auténtico escrutinio de todos los campos del saber y el acontecer humano es muy notorio su interés especial por la política, a la que dedica sus coloquios más largos y sistemáticos. Si por su cuna acomodada y su genealogía llena de figuras prominentes en la vida pública Platón ya estaba estrechamente vinculado a la política, la cercanía con Sócrates, sus ejemplos de integridad y su trágica muerte lo hacen observar esta actividad desde un enfoque totalmente nuevo. En efecto, que Atenas sacrificara a su ciudadano más virtuoso y devoto bajo cargos absurdos denotaba la crisis no sólo de un modelo judicial y un sistema político, sino de un modo de vida fincado en lo peor de las pasiones humanas. En este contexto de degradación, la tarea intelectual de Platón apunta a una purificación radical de la política, que transforma el duelo y el pesimismo inicial en una prodigiosa reflexión, alumbrada por la razón y la esperanza.
En Platón: la filosofía como ciencia política (FCE, 2015) Josu Landa busca justipreciar la profundidad y vigencia del pensamiento político de Platón y rescatarlo de las reducciones ideológicas. Porque, a decir de Landa, el enorme esfuerzo de arquitectura intelectual de Platón en la República ha llegado a ser tergiversado y, particularmente a partir de La sociedad abierta y sus enemigos de Karl Popper, se le ha reducido a una aviesa anticipación totalitaria. Según el autor, Platón busca implementar un nuevo paradigma en el que las leyes, las instituciones y los incentivos estén orientados a promover la justicia colectiva y la virtud personal. Para ello, crea un esquema extremadamente ambicioso y detallado, sustentado en la reflexión ontológica, antropológica, jurídica o económica, en el que, reacomodando las formas de gobierno, los modos de producción, la interrelación social entre géneros y estamentos, las formas de producción y las recompensas sea posible alinear las características de los individuos en favor de la justicia y la armonía social. La filosofía es imprescindible para localizar la justicia en la política, distinguiéndola de la predominancia del más fuerte o de la aceptación convenenciera de la ley. La auténtica filosofía implica una identidad entre ética, vida interior y participación en lo colectivo y los filósofos deben ser los demiurgos de la ciudad justa. Sin embargo, esta ciudad no es una cortesía divina, sino una ardua construcción humana indisoluble de las virtudes y voluntades de los individuos. Con rigor filosófico, filológico e histórico, Landa desmonta y actualiza los argumentos de este clásico y analiza sus aspectos más novedosos y controvertidos, desde la mayor igualdad de mujeres y hombres y la abolición de la familia convencional hasta la división del trabajo o el muy célebre (y atinado) desaire a los poetas. Con ese celo y admiración contagiosa, Landa habilita, para las múltiples necesidades e interrogantes de la política contemporánea, un Platón más diáfano y lozano.
AQ / MCB