I
Suena muy pretencioso decir que Gabriel García Márquez, alias Gabo, me consiguió una entrevista con Willie Colón, pero fue cierto y el Nobel ni se enteró.
A mediados de 1985, sin previo aviso, abordé a Willie Colón en un hotel del entonces Distrito Federal. No le hizo ninguna gracia mi presencia y me quiso batear de inmediato. Dijo que acababa de regresar de Veracruz y que la altura de la Ciudad de México estaba haciendo estragos en su organismo.
Ante la insistencia, me preguntó para qué publicación trabajaba. Le mostré la revista Su Otro Yo, que era una especie de Playboy a la mexicana. Se sentó en un sillón del vestíbulo del hotel y la empezó a hojear. Obviamente sólo veía fotografías de esculturales mujeres con poca o ninguna ropa y eso no lo convencía para dar su brazo a torcer. De pronto, llegó a una sección de artículos de opinión donde vio la firma de Gabriel García Márquez. En ese bendito momento me volteó a ver y dijo: “Si aquí escribe García Márquez, vamos a platicar”. Y se abrió de capa.
Los artículos de Gabriel García Márquez que aparecían mensualmente en Su Otro Yo no eran exclusivos sino tomados de la colección de libros Obra periodística , del escritor colombiano. Él estaba enterado de esa situación porque era amigo del dueño de la revista, Vicente Ortega Colunga.
Tal como se ha comentado en varios espacios informativos, Su Otro Yo fue uno de los primeros sitios donde trabajó José Luis Martínez S., fundador y director de Laberinto, quien el mes próximo recibirá el Homenaje Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez, dentro de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.
II
De raíces puertorriqueñas, Willie Colón nació en Nueva York en 1950 y murió ahí mismo en febrero de 2026. Hasta hace muy pocos días, sus declaraciones para la revista Su Otro Yo andaban perdidas en la noche de los tiempos. Reaparecen gracias a Jorge Carrasco, crítico de cine, gran conocedor del Rey de los Deportes y, por fortuna, coleccionista de diversas publicaciones.
III
Lo que más me impactó de la charla con Willie Colón fue su recuerdo de cómo se inició musicalmente: “La matriarca de mi familia, es decir, mi abuela, siempre me hizo creer que yo era la reencarnación de un hijo suyo que falleció muy joven y que era músico. Ella me compró una trompeta de 50 dólares, que era un dineral para una familia pobre como la mía, y me metió a estudiar. No quería que me anduviera peleando por las calles. Durante toda la secundaria fui primera trompeta en la banda de la escuela. Luego conocí compañeros latinos, tocábamos en la calle y pasábamos el sombrero”.
Colón recordó que con esos compañeros tocaba “en bailes cada vez de mayor categoría, hasta que llegamos al salón Colgate Gardens (de Nueva York), donde me vio Al Santiago, ese hombre que, a pesar de todo, es una leyenda dentro de nuestra música”.
Le pregunté qué quería decir con “a pesar de todo” y entonces explicó que Al Santiago había descubierto a grandes personalidades de la música como Johnny Pacheco, Tito Puente y varios más, “pero lo que yo no sabía era que a él ya le estaba patinando el coco. Me hizo un contrato, pagó nuestra primera grabación con cheques sin fondos y aquello quedó congelado. Esperamos un año para ver qué se resolvía y no pasó nada, quebró la empresa. Entonces, otra firma, la de Fania, se interesó por nuestro conjunto”.
IV
La carrera de Willie Colón fue muy importante como líder de su propia orquesta, trombonista, cantante, arreglista y productor. Hizo inolvidables y duraderas parejas musicales con Héctor Lavoe y Rubén Blades, y alguna fugaz con Celia Cruz.
De su época con Héctor Lavoe recordó: “Fueron ocho años de viajes, discos, éxitos y grandes pleitos. Éramos jóvenes impetuosos que peleábamos dondequiera. La gente veía las portadas de los discos y era como desafiar a Billy The Kid. Cuando nos presentábamos, decían: ‘¡Ah, va a venir El Malo!’. Nunca faltaba el tipo que me daba una nota diciendo que no iba a bailar sino a ‘cocotear’ conmigo. En una ocasión me rompieron el tobillo, aunque el otro quedó con la quijada rota. Me tuve que retirar de eso. En 1973 le dije a Héctor: Ya está bueno, quédate con la orquesta y hasta luego”.
Acerca de su apodo: “A mí me pusieron El Malo no porque fuera un maldito sino por travieso, nunca fui un ‘tiratajo’. Desde chico era El Malo y luego, ya de grande, mucha gente se lo creyó del todo”.
De su rompimiento con la compañía Fania Records: “La casa grabadora estaba en decadencia, sin departamento de publicidad, con muchos misterios en las cuentas y facturas, un gran embrollo que no quise desenredar para no perder el tiempo”.
V
Le recordé a Willie Colón que él había dicho que Héctor Lavoe era un artista muy espontáneo y Rubén Blades más premeditado. Eso me sirvió para preguntarle en qué bando estaba él. Contestó: “Me siento más premeditado que natural. Bueno, todos somos naturales, pero quizás soy menos espontáneo. Me siento más del lado de Blades, aunque él es muy extremista. En ese asunto, creo que estoy en medio de ellos”.
Quise saber qué tipo de música oía en su casa: “Tengo un gusto muy ecléctico. Oigo música folclórica de África y Sudamérica. Me gustan los clásicos alemanes, desde Wagner a Bach. Oigo rock, pop, a Billie Joel, Elton John, Chick Corea, Prince, Ray Charles, Stevie Wonder, Chico Buarque. Me gustan Ricardo Rey y El Gran Combo. No me gusta McCartney por plástico, ni Michael Jackson. Lennon, sí.
VI
Los asuntos políticos lo entusiasmaban. Habló así de la injerencia de Estados Unidos en Puerto Rico: “La gente en mi país está siendo usada, los tienen maniatados. Se van del campo a las ciudades para recibir los beneficios de la industrialización o de los cupones, que los hay para todo. Casi todos tienen un auto, otros dos. El nivel de vida es considerable, pero no va a la par del nivel educativo. Ahí está el gran problema”.
De su infancia en Nueva York: “Los primeros inmigrantes puertorriqueños que llegaron a Nueva York se instalaron en una comunidad ítalo-irlandesa en el South Bronx. Cuando yo era muy chico, mis canciones de cuna tenían ritmo de conga, canciones que se oían en la radio o que venían de la calle. En mi barrio todos los rótulos estaban escritos en español. Era como una ciudad dentro de otra”.
Acerca de la violencia en Estados Unidos: “Si yo trataba de ir solo a la escuela, era muy seguro que me dieran una ‘pela’. Cierto racismo hizo que nos sacudiéramos en el barrio, entonces se creó una solidaridad dentro de la comunidad sin importar la nacionalidad. Dominicanos, panameños, puertorriqueños, nos juntamos para defendernos y sentir más seguridad. Hicimos nuestro club, hacíamos giras de ‘guagua’ o paseos al campo, a las cataratas, alquilábamos un bus y salíamos en grupo. La música era el eje de nuestra convivencia”.
Vivir en la Gran Manzana: “Es el único modo de vida que conozco, para mí es algo normal. Cuando salgo a otros sitios, me impaciento porque no hay todo lo que existe en Nueva York. Allá tenemos una gran combinación de elementos culturales que sirven para seguir evolucionando artísticamente. Es una ciudad con más ventajas que desventajas. La vida para nosotros los latinos es dura, pero la comunidad hispana es tan grande que hemos plantado banderas. El español es el segundo idioma en Nueva York. Yo vivo ahí pero no viajaría por el sur de Estados Unidos, en cualquier momento puedes tener la corbata como soga. A pesar de que Estados Unidos es un país tan rico, existe mucha ignorancia, eso es lo que genera la violencia”.
La relación de los latinos con los afroamericanos: “Hay ciertos negros que no nos quieren. En Nueva York, el negro sí llega a identificarse con el latino, pero en el sur ellos sienten que son otra clase de estadunidenses y nos quieren hacer sentir que nosotros no somos estadunidenses ni de segunda ni de tercera. En general, los negros le temen al latino porque este habla dos idiomas y eso es una clara desventaja para ellos. Entonces, ellos se van del lado gringo. Yo creo que buscan hacer alianza incluso con los judíos a ver si se quitan un poco de candela”.
Los frutos de vivir en El Bronx: “Eso me dio un carácter perseverante. Yo nunca me rindo y eso es importante. Como la música es cosa de gustos, alguien te puede decir que no la haces y puedes llegar a creerlo. No debemos dejar que nos desanimen o cambien de rumbo. Hay que tener una idea y seguirla hasta que el golpe avise”.
Acerca del peligro de ser asimilado por el american way of life: “La cosa es distinta conmigo. El éxito musical que tengo se debe a la búsqueda de mis raíces y eso no cuadra mucho con el sistema norteamericano. Si me aceptan los gringos será por novedad o algo así, nada serio. Allá es muy fácil que los hispanos se sientan nada. Yo busco que nuestra juventud se sienta orgullosa de su propia cultura. Allá te preguntan de dónde eres y aunque seas cuarta generación nacida en Estados Unidos no sirve de nada si tienes ascendencia latina. Si fueras irlandés tendrías cierta fisonomía que nosotros no tenemos. Llevamos la mancha de plata. Los norteamericanos del poder son los WASP, es decir, White Anglo-Saxon Protestant: blanco, anglosajón y protestante”.
VII
De su fama en Puerto Rico, Willie Colón dijo: “Recientemente llené un estadio con 40 mil personas y ahora voy a presentar un ballet en el Teatro de Bellas Artes. Sin embargo, el tratamiento que me dan es distinto que a los de afuera. Si llegan Julio Iglesias o José José los tratan diferente y mejor. Para que a mí me reciban con el tapete rojo debo ganar la corona afuera y regresar como campeón. Nadie es profeta en su tierra. La diferencia es que yo toco para el pueblo, para la gente que se reconoce en sus propias raíces”.
El dinero: “La plata te da la oportunidad de expresarte artísticamente sin tener limitaciones materiales. El dinero que gano lo invierto en proyectos que me van a dejar algo positivo, lo dejo correr, nunca lo ando contando. El dinero tampoco resuelve todo, ahora que lo tengo me siento más solo que cuando tenía 14 años”.
El futuro de la salsa: “El término salsa sirvió para identificar varios ritmos dentro del mercado comercial, ahora se requiere una palabra nueva más acorde. Se piensa en la contracción ‘sonba’, para juntar son y samba. Otra palabra que se maneja es etnofusión, pero todavía no existe un término que cuaje”.
VIII
Con apenas 34 años de edad, Willie Colón me comentó que nunca había pensado en residir en Puerto Rico porque le daba pánico vivir en una isla. Le dije que en una de sus canciones hablaba de guerra nuclear y quise saber si eso no era un rasgo paranoico. Contestó así (en tiempos de Ronald Reagan): “Quien vive en Nueva York y no es algo paranoico, está en peligro de no amanecer. Como están las cosas, todo es posible. Por lo que pueda ofrecerse, yo ya tengo mi huequito en las afueras de la ciudad, donde ahora vivo. Es un refugio que tiene todos los aditamentos listos. Un país le apunta a otro y ese otro a otro. Mucha gente está temblando mientras los líderes están muy felices”.
Desde el punto de vista político, Willie Colón dio bandazos a favor de candidatos demócratas y republicanos, finalizando sus días, con 75 años de edad, como inexplicable simpatizante de Donald Trump.
Descanse en paz Willie Colón, el niño a quien su abuela le compró una trompeta porque estaba convencida de que él era la reencarnación de un músico muy especial para ella: su propio hijo, tío de Willie.
AQ / MCB