La lectura de la poesía del autor de Nostalgia de la muerte siempre es una oportunidad para escapar del conformismo dominante de la poesía actual. En un contexto literario en el que la rebeldía ha devenido edificante denuncia moral y trapacero documental sociológico, olvido de la imaginación y burla de la música de las ideas, releer las “incorrectas” composiciones, por hiper-enigmáticas y super-refinadas, de Xavier Villaurrutia produce “absurdamente, anacrónicamente” —como bien dijo Ramón López Velarde— un movimiento imprevisto y una emoción descarriada. Es sorprendente ver que, en un puñado de poemas, sobre todo de los nocturnos, Villaurrutia logró crear un universo completo. El sueño repetido en reverberaciones, la muerte violenta por asesinato en un espejo y la fuga interminable por una calle llena de sombras reflejan, mejor que nada, la irrupción en el tiempo roto de la modernidad y la conciencia atribulada de la cultura contemporánea, tanto de México como del mundo. Villaurrutia produjo una síntesis formidable. En su poesía vemos cómo se entrelazan las formas coruscantes del barroco con el brillo acerado de la poesía pura y observamos, también, cómo las formas cerradas, décimas y sonetos —fríos e impecables— se transfiguran en composiciones fragmentadas entre los rápidos travellings desbocados de la fantasía surrealista. Todo articulado en una comprensión que nos asombra por su elevada inquietud; todo elaborado en una dificultad que nos fascina por su limpidez. Descubrir a Villaurrutia es descubrir a un poeta puro, a un poeta surrealista y, a la vez, a un poeta clásico. Y, no obstante, en esta perfección, en esta integridad desmesurada, podemos escuchar los giros imprevistos del habla o de la conversación, que pide necesariamente un lenguaje íntimo, provocador y espontáneo. No debe confundirnos la brevedad de la obra de Villaurrutia, porque su pequeñez y fugacidad insólitas son ilimitadas.
La reedición del libro Xavier Villaurrutia, obra poética, de Rosa García Gutiérrez (UNAM, 2026), publicada en Hiperión hace veinte años, no es simplemente un pequeño cambio o una repetición de lo ya conocido. El trabajo de la crítica española representa un auténtico enriquecimiento de la relectura de nuestro gran poeta contemporáneo. En su libro, García Gutiérrez aporta, en primer lugar, un excelente ensayo abarcador, sugerente y novedoso, ya que integra, en una lectura clara y lúcida, los aspectos fundamentales de la obra y vida del autor mexicano. Pero, además, en un minucioso estudio de la cronología de los poemas, García Gutiérrez nos acerca al orden original de creación y publicación de sus textos. Por ejemplo, pone en claro que el primer poema del libro Reflejos no era “Poesía”, sino precisamente el poema del mismo nombre que le da título al libro y nos descubre que la conocida pieza, que siempre hemos leído como la puerta de entrada a la poesía de Villaurrutia, es un texto posterior. Ello entraña una corrección no pequeña a la edición de Alí Chumacero, Miguel Capistrán y Luis Mario Schneider. García Gutiérrez realiza esta “precisión”, sí, con un sentido crítico, pero también como un reconocimiento a la edición original.
AQ / MCB