Es sabido que mientras el apego a los animales de compañía adquiere cada vez mayor importancia en la vida sentimental del individuo moderno y sustituye otros vínculos humanos significativos, el contacto con otros animales se limita y especies con las que se convivía habitualmente, como los caballos, vacas, gallinas o conejos, han desaparecido del paisaje cotidiano. En la extensa antología Zoografías. Literatura animal, preparada por Mariano García, (Adriana Hidalgo, 2021), se recupera la amplia y multidimensional presencia de los animales en la literatura.
La huella del animal se ha plasmado de muy ricas y diversas maneras en la escritura científica y la imaginación literaria: por ejemplo, en la mitología, que desvanece las fronteras entre especies y recuerda la condición limítrofe y ambivalente de lo humano; en los antiguos tratados zoológicos, en los que se mezcla la observación científica con la más deliciosa fantasía; en la fábula, que mira los rasgos animales como representación de las virtudes y defectos humanos; en las leyendas donde los animales son el enlace con lo sobrenatural; en los estudios sobre especies particulares, donde se describe a ciertos insectos o mamíferos (las hormigas o los bonobos) como modelos de organización social cooperativa y feliz; en las construcciones narrativas que miran a los animales como fuerzas ingobernables con las que se escenifica la lucha entre la civilización y la naturaleza (la ballena asesina de Melville) o en los poemas y narraciones que observan en los animales existencias individuales intrínsecamente valiosas (Un corazón sencillo de Flaubert, Flush, de Virginia Woolf).
De modo que desde la Odisea, hasta las asombrosas metamorfosis de Marosa di Giorgio, pasando por las fábulas de Esopo o las alegorías políticas de Anatole France, las confesiones de compasión animal de Baudelaire o la adoración a las aves e insectos de Emiliy Dickinson, existe una gran nómina animal en las letras.
Organizada de acuerdo a la taxonomía de Linneo, la antología de casi 600 páginas de Mariano García es muy disfrutable, pues contiene un abundante acervo de especies, mezcla escritos arcaicos y modernos e incorpora no solo la literatura, sino textos provenientes de la zoología, la antropología, la historia y la filosofía. La yuxtaposición de escritos viejos y nuevos o la rotación de disciplinas brinda sorpresa y tensión dramática a la selección.
Por lo demás, el animal literario, al extraer al individuo de su autocontemplación, lo humaniza auténticamente, pues contribuye a su sensibilización y a su empatía con otros especímenes. Gracias a este esfuerzo reflexivo y emotivo es posible cruzar barreras biológicas e identificarse con otros seres vivos en el prodigio del nacimiento, en el trajín de la supervivencia y en el trance de la muerte. Esta identificación acaso enriquezca la percepción humana del mundo y refuerce su menguada solidaridad y su sentido de responsabilidad con la preservación de todo lo existente.
AQ / MCB