M+.- Los intereses expansionistas de la Casa Blanca se afianzaron con la llegada del nuevo gobierno de Colombia, encabezado por el ultraderechista Abelardo de la Espriella.
Estados Unidos tiene hoy el control militar del llamado norte andino que incluye Venezuela, Ecuador y Colombia. Un fenómeno que no es nuevo, pero está a la vista, sin maquillaje.
En medio de ello, hay intereses económicos, sociales y de combate al narcotráfico y las bandas criminales transnacionales, pero también, marca una demostración de poder hegemónico para ahuyentar a otras potencias del continente americano.
Pete Hegseth anunció refuerzo militar en Colombia
El broche de oro para consolidar el cerco militar en la región lo anunció el secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, justo cuando Colombia sufre el impacto de uno de los terremotos más devastadores de su historia.
“Colombia ha solicitado que el Departamento de Guerra se una a Colombia en su lucha contra el narcoterrorismo autorizando operaciones militares conjuntas para destruir a los terroristas y a sus redes de terror", dijo.
Anunció que fue precedido por la declaración del nuevo presidente de iniciar un combate “sin tregua” contra las organizaciones criminales y la posterior declaración de Estados Unidos de donar mil millones de dólares para este fin.
Detrás de todo ello, hay una lista de intereses que Estados Unidos quiere cuidar, proteger e incluso apoderarse.
Influencia del bloque andino en América Latina
Para Tomás Muñoz, investigador del Centro de Relaciones Internacionales de la UNAM, la presencia de Estados Unidos en el norte andino es una muestra de fuerza para mantener el control político, de seguridad y sobre todo de recursos que hay en los países de América Latina.
Y ahora la Casa Blanca de la mano de Donald Trump lo hace abiertamente sin poner de por medio algún pretexto que maquille sus intenciones como lo hacía antes en pro de la democracia, por ejemplo.
Pero además, el fenómeno se vuelve más interesante porque, por un lado, los gobiernos se han ido convirtiendo en aliados de Washington por diferentes razones, una de las más fuertes es el estrepitoso fracaso de los gobiernos de izquierda.
“Lo que está haciendo Estados Unidos básicamente y de forma, insisto, muy cínica, es decirle al mundo, ¿saben qué? América Latina y el Caribe sigue siendo mía y donde hay presencia de otros actores que son enemigos, los voy a ir eliminando poco a poco, cómo, ya sea a través de estrategias vinculadas con el combate al narcotráfico o de manera todavía insisto tradicional inyectando dinero a personajes que son proclives a la lógica y afines a Donald Trump”, expresó.
El investigador de la UNAM explicó que la presencia simultánea de Estados Unidos en Sudamérica no es nueva, pues durante las dictaduras del siglo XX, la unión americana tuvo un despliegue militar en varios países.
Sin embargo, Estados Unido no tiene empacho en demostrar que le interesa el petróleo o las tierras raras de la región.
Lo ha logrado gracias a que tiene aliados en el gobierno, como el ultraderechista de la Espriella en Colombia o Noboa en Ecuador.
Pero también, que ha dejado atrás el soft power y ahora negocia con intimidaciones, chantajes y presiones políticas o económicas.
“Estados Unidos, desde hace varias administraciones deseaba recuperar, particularmente con Donald Trump, la influencia que tradicionalmente había tenido en la región, considerada siempre, pues como su zona de influencia inmediata y principal.
“Esto se había perdido en los últimos años hasta que retoma el poder y esto lo hace también, obviamente, para evitar que exista influencia económica y política por parte de su gran rival geopolítico que en estos momentos es China”, agregó.
Presencia militar de EU en Colombia
A principios de este siglo, Estados Unidos desplegó una fuerte presencia militar en el norte andino.
En Colombia se llevó a cabo el Plan Colombia, firmado por los presidentes Bill Clinton y Andrés Pastrana. Su propósito original era buscar la paz en el país y combatir al narco, pero con los atentados del 11 de septiembre la estrategia dio un giro y promovió con recursos la eliminación de la guerrilla.
Su contribución incluyó el suministro de helicópteros de combate, programas masivos de fumigación y entrenamiento de las Boinas Verdes de Estados Unidos a la milicia colombiana para reestructurarla y dotarla de nuevas capacidades.
Sin embargo, el despliegue de tropas fue limitado por Washington al “no combate”, es decir, los 800 elementos en territorio se dedicaron a dar asesoría, adiestramiento táctico y mantenimiento técnico dentro de bases estratégicas de Colombia como Tolemaida, Larandia y Tres Esquinas, sin participar directamente en los enfrentamientos en primera línea.
Al mismo tiempo, en Ecuador los presidentes Jamil Mahuad y Clinton firmaron un convenio de arrendamiento por diez años para que las fuerzas armadas de Estados Unidos usaran las instalaciones de la Base Aérea Eloy Alfaro en la ciudad costera de Manta.
Este sitio sirvió como la principal plataforma logística y tecnológica de Washington en el Pacífico Sur para el monitoreo de las rutas aéreas y marítimas del narcotráfico transnacional y en tierra incluyó la presencia constante de tropas de soporte, ingenieros, personal de aviación y analistas de inteligencia del Comando Sur.
RM