No toda el agua que cubre una calle se comporta igual. A veces sube poco a poco y otras veces llega de golpe, avanza con velocidad y comienza a arrastrar todo lo que encuentra a su paso. Aunque están relacionadas, una riada y una inundación no describen exactamente lo mismo.
Cuando el agua comienza a ganar fuerza
Una riada ocurre cuando aumenta de manera importante el caudal de agua que circula por un cauce, como un río o un arroyo. Puede producirse después de lluvias intensas, pero también estar relacionada con deslizamientos, deshielos o bloqueos temporales de un cauce. El peligro no depende únicamente de cuánta agua hay, también importa qué tan rápido se mueve.
Cuando el agua desciende por terrenos inclinados, puede ganar velocidad. Y mientras avanza, puede incorporar lodo, piedras, ramas, árboles y escombros. La corriente deja entonces de ser solamente agua y se convierte en una masa con una enorme capacidad de arrastre.
¿Y qué pasa con una inundación?
Una inundación es, en términos generales, la acumulación o desbordamiento de agua en un lugar que normalmente permanece seco. Puede producirse cuando un río se desborda, cuando las lluvias superan la capacidad del drenaje de una ciudad o cuando una tormenta lleva agua hacia zonas costeras. No todas las inundaciones son repentinas ni tienen la misma velocidad o fuerza.
Una riada puede provocar una inundación cuando el agua de un río o arroyo se desborda, mientras que una inundación también puede producirse sin que exista una riada, por ejemplo, cuando una ciudad recibe más lluvia de la que puede desalojar su sistema de drenaje. Por eso, aunque ambos fenómenos están relacionados con el exceso de agua, no representan exactamente el mismo tipo de peligro.
¿Por qué importa distinguirlas?
Porque el peligro también cambia. Ante una inundación que aumenta lentamente puede existir cierto margen para evacuar, pero durante una crecida repentina ese tiempo puede reducirse considerablemente. Y hay algo que nunca debe subestimarse: una corriente de agua aparentemente baja puede tener suficiente fuerza para derribar a una persona o arrastrar un vehículo.
Por eso, ante lluvias intensas o una alerta de Protección Civil, lo más seguro es alejarse de ríos, arroyos, barrancas y zonas bajas, y nunca intentar cruzar una corriente de agua. Porque cuando el agua comienza a moverse con fuerza, unos cuantos centímetros pueden ser suficientes para convertirse en un peligro.