DOMINGA.– Ella fue Tamara, Tania y Laura. El arte de vivir varias vidas no es para cualquiera. La vida de los agentes de inteligencia es una afrenta a la ficción porque la supera sin temor. Tamara, una argentina de padre alemán y madre rusa, se formó e instruyó en Cuba a inicios de los años sesenta y hoy es una de las mujeres más icónicas en la historia de las guerrillas de América Latina. Haydé Tamara Bunke Bider, más conocida como “Tania, la guerrillera”, fue la única mujer que murió junto a Ernesto Guevara de la Serna, el Che, en Vallegrande, Bolivia, a los 30 años.
El Che lideraba una corriente que pensaba que América Latina era un territorio en el cual se podía aplicar la guerra de guerrillas: un pequeño foco armado puede crear las condiciones para una revolución, derrotar a un ejército regular y tomar el poder mediante la lucha armada prolongada con apoyo campesino.
Ya había atravesado por la experiencia en Cuba y después en El Congo. Llegó a Bolivia con un plan de gran despliegue geográfico para el cual no contó con el apoyo del tradicional Partido Comunista de Bolivia. Entonces el despliegue de la guerrilla en ese país se digitó desde Cuba. Así ella llegó a Bolivia.
Esta es una historia de secretos. La historia de Tania, Tamara o Laura, como prefieran llamarla –los nombres con los que vivió esta mujer, según constan en expedientes de la CIA de Estados Unidos, de la Stasi (la policía secreta de la Alemania Oriental), así como investigaciones históricas y cientos de diarios– es uno de los gajos de los barbudos en Cuba que triunfó en 1959. La Revolución cubana cambió el curso de la historia de la resistencia en el continente de habla hispana y, más tarde, también se convirtió en una de las piezas claves dentro del tablero mundial de la Guerra Fría.
La Flor del Río Grande: Tania leyenda
La leyenda cuenta que del Río Grande emerge una hermosa mujer de trenzas largas, con el cuerpo brillante por la humedad del agua cristalina. Carga una cesta de frutas, flores y huevos. Ella sale del río y penetra hasta el mercado de Vallegrande y allí regala a la que trae consigo. Ella es una más, ella es Tania.
Tania es una leyenda en ese y otros lugares del mundo. Llegó siguiendo instrucciones cubanas a Bolivia, para hacer realidad el sueño del Che Guevara: la liberación de Sudamérica. Pasó al catálogo de leyendas locales, como si se tratara de una Virgen. Cual un hechizo, las alucinaciones se apoderaron de los soldados del Ejército boliviano. No daban crédito de lo que veían luego de más de diez horas bajo el intenso calor y el asedio de los insectos.
Luego de la emboscada que los guerrilleros concretaron contra el Ejército en marzo de 1967, entre estos uniformados se rumoreaba a manera de mito sobre la hermosa mujer de ojos azules que estaba entre los guerrilleros. Para ellos no quedaba claro el rol de Tania. Pero era de carne y hueso, caminaba sumergida en el agua del río, a ratos con el cuerpo cubierto hasta la barbilla, a ratos con el agua delineando su cintura, con la ropa pegada al cuerpo, la mochila a cuestas y los cabellos rubios ondulados chorreando sobre su torso.
Ahí estaba la única mujer del pelotón rebelde más buscado, la única mujer en combate de la guerrilla del Che Guevara en Bolivia. Esa era la imagen que los militares bolivianos alcanzaron a ver de Tania antes de herirla de muerte con una bala que atravesó sus pulmones y terminó llevando su cuerpo río abajo.
Los investigadores que han seguido el paso del Che por Bolivia afirman que la CIA, en coordinación con el Ejército boliviano y la cooperación estratégica de un campesino de nombre Honorato Rojas, terminó con la guerrilla del Che en Bolivia, con el propio Ernesto Guevara y con Tania, entre tantos otros. El delator, Rojas, brindó la información necesaria para concretar la emboscada a los guerrilleros.
A Vallegrande, en el sur de Bolivia, llegaron helicópteros del Ejército para llevarse los cuerpos de los combatientes que murieron en lucha junto a Guevara de la Serna en 1967. Pero las mujeres del pueblo no permitieron que se llevaran el cuerpo de la única mujer que combatió en el pelotón.
Tania fue herida de muerte en combate mientras intentaba escabullirse por las aguas del río. Su cuerpo fue hallado río abajo por pobladores locales y las mujeres se organizaron para darle una cristiana sepultura, a pesar de la radical oposición de facciones del Ejército boliviano. Pero el presidente René Barrientos Ortuño de aquel entonces determinó apoyar a las mujeres vallegrandinas y por alguna extraña razón, incluso acudió desde La Paz para ver sus restos.
Luego su tumba fue profanada y terminó en una fosa común cercana al poblado. Más de treinta años después, en 1998, un equipo cubano altamente especializado en antropología forense, identificó los restos de Tania en Bolivia. A finales de ese año fue trasladada a Cuba y enterrada con honores junto al Che Guevara en el icónico mausoleo de Santa Clara, en presencia del entonces presidente, Fidel Castro Ruz, a quien Tania, dicho sea de paso, reconocía como su Comandante.
Tamara es un resumen del siglo XX: de hija de la guerra a guerrillera
Tamara es Tania. Nació en Buenos Aires, Argentina, el 19 de noviembre de 1937, hija de un alemán y una rusa comunistas, devenidos en migrantes que salieron de Alemania perseguidos por la Gestapo. Pero en 1952, con el fin de la Segunda Guerra Mundial, tras una promesa que se hicieron a ellos mismos, los padres de Tamara deciden volver a Alemania.
En el viejo continente, Tamara empieza su militancia juvenil en el Partido Socialista Unificado. Luego comenzó sus estudios en Filosofía en Berlín y, para 1959, ya era una persona con alto conocimiento sobre América Latina que además, añoraba las tierras al otro lado del océano. Como miles de alemanes del Este, forma parte de redes de información de la Stasi, impulsada por su militancia y su vida universitaria. Desconfiando de la burocracia de la República Democrática Alemana, fue atraída por la novedad izquierdista de los cubanos y festejó el triunfo de los revolucionarios en 1959, luego de seis años de guerrilla que acabó con la dictadura de Fulgencio Batista. Quizás le provocaba algo especial que entre los guerrilleros triunfantes destacara su compatriota argentino, Ernesto Guevara de la Serna.
Para 1961 la joven Tamara ya había conocido a la primerísima bailarina Alicia Alonzo que era directora del Ballet Nacional de Cuba y a Guevara durante su cartera como ministro de Industria, para quienes ella sirvió como intérprete en sus visitas a Alemania durante los primeros dos años del gobierno cubano revolucionario.
Ese año se mudó a Cuba donde trabajó y se entrenó en varios ámbitos. En la ciudad de Cienfuegos recibió entrenamiento militar y en contrainteligencia, según consta en las biografías escritas por los cubanos Ulises Estrada –su pareja sentimental– y Froilán Gonzalez, entre otros. Tamara así se convirtió en Tamara Lorenzo y adquirió conocimientos especializados en radio, transmisión y telegrafía, códigos secretos de escritura y lectura, clandestinidad y otras.
Ulises Estrada pasó por su camino en esta época. Cercano a Fidel Castro y a Ernesto Guevara, fue una de las máximas autoridades de la inteligencia cubana en los albores del gobierno verdeolivo. Además es uno de los principales estrategas de la guerrilla guevarista en Sudamérica. Tania y Ulises planearon tener hijos al retorno de ella de Bolivia, pero ya no volvió con vida. Éste y otros detalles personales de su relación están plasmados en los libros de Estrada sobre Tamara Bunke.
Pasó unos meses en Europa junto con oficiales de inteligencia cubana, elaborando la historia de vida de Laura, con la que llegaría a Bolivia, para cumplir con las instrucciones de la isla. Tania ensayó un par de historias con origen europeo, su paso por Europa en esta época tenía ese fin: construir una identidad solvente. Luego de un par de intentos finalmente nació Laura Gutiérrez Bauer: oriunda de Buenos Aires, de madre alemana y padre cordobés.
Laura: una durmiente en medio de la élite
Tania es Laura. Laura Gutiérrez Bauer llegó a Bolivia en 1964. Imponente por su belleza y admirada por su inteligencia y talentos, pronto logró vincularse con la élite boliviana. Ese año René Barrientos Ortuño, mediante un golpe de Estado, instauró un régimen militar con el apoyo decidido de Estados Unidos. Este gobierno, coincidente con otros gobiernos militares en el continente, respondía a la Doctrina de Seguridad Nacional estadounidense, misma que asumió cualquier impulso izquierdista como una amenaza comunista. Ése era el clima de la Guerra Fría y Bolivia siempre fue un punto de interés geopolítico especial tanto por su ubicación estratégica, que limita con cinco países, como por el impulso obrero y campesino de su gente.
Hay quienes dicen que Laura llegó a compartir unas vacaciones en Perú con el entonces presidente Barrientos Ortuño. El comandante del Ejército, Alfredo Ovando, también era parte de la red amistosa que entabló en la capital, La Paz.
Laura llegó a La Paz porque recibió instrucciones del propio Guevara de la Serna para hacer trabajo de inteligencia. En el país contrajo matrimonio con un ingeniero boliviano, Mario Martínez, aunque su verdadero amor yacía en la isla. De este matrimonio, Laura obtuvo la nacionalidad boliviana.
“Una durmiente” en la jerga de los sistemas secretos es una persona que llega a un lugar para hacer trabajo de inteligencia con el fin de introducirse en entramados sociales, no es una reclutadora de cuadros ni nada parecido; o en términos sencillos es una buena actriz. Llegó a Bolivia como durmiente para la guerra de guerrillas del Che. Aplica en La Paz lo aprendido en Cuba: pasa por la ciudad de manera anodina en los entornos elitistas. Tamara hizo un brillante papel como Laura.
Su paso por la sociedad paceña de los años sesenta fue un éxito. Se matriculó en la universidad pública como estudiante de Antropología, a la vez que se presentaba como una experta etnóloga y amante del folclore andino. Pero además era bailarina profesional y tocaba con maestría el piano y el acordeón. Sus azules ojos hacían mucho trabajo acompañando su carisma. Laura además era políglota –hablaba español, alemán, ruso, francés e inglés– y usó ese talento para adentrarse incluso en los hogares de la élite paceña que la contrataba como profesora particular de idiomas para niños de escuelas bilingües, particularmente del colegio Alemán.
Poco a poco, empieza a recibir otro tipo de instrucciones de Cuba, como recibir a los guerrilleros que llegaban al país andinoamazónico o reuniones estratégicas en Argentina, con personajes como Regis Debray, cercano amigo de Fidel y el Che, a quien finalmente termina trasladando a Bolivia para insertarse en Ñancahuazú.
Todos los textos sobre Laura reconocen la capacidad operativa que tuvo en La Paz. Nadie sospechó de ella, ni su marido, quien se casó con ella sin saber nada de sus varias identidades. A nadie se le pasaba por la cabeza que se tratara de una agente de inteligencia. Nunca soltó una palabra que la delatara ni a ella ni a sus convicciones políticas que muy seguramente estaban constantemente puestas a examen en los provocadores círculos de la rancia élite paceña.
De Laura a Tamara: el ingreso al monte boliviano
Tanto agentes extranjeros como bolivianos estaban con todas las alertas encendidas buscando a los rebeldes y, particularmente a Ernesto Guevara. Laura conducía un jeep Toyota que había sido identificado como foráneo en Camiri, al sur de Bolivia, justamente a su llegada de Argentina con combatientes que se sumarían a la guerrilla, entre ellos el francés Debray y el argentino Ciro Roberto Bustos. Los uniformados encontraron el coche estacionado con documentos que delataban a los guerrilleros, lo cual abrió paso para que se investigue a quién pertenecía el jeep Toyota.
Descubierta por el Ejército en abril de 1967, Laura deja de existir. Ya no puede salir del campamento en Ñancahuazú, unos días después su foto se publica en uno de los periódicos icónicos de La Paz, Jornada, con la noticia sobre sus vínculos con la guerrilla. El periódico no publica la verdadera identidad de Laura, sino que relata que la joven de la élite tenía vínculos con la guerrilla.
Gustavo Rodríguez Ostria, célebre biógrafo de Tamara, dice que es probable que la publicación de la foto haya sido promovida por un aliado de la guerrilla para que el Che ya no le permita salir de Ñancahuazú, es decir, era una forma encubierta de lanzar el mensaje para los guerrilleros: “cuidenla”.
Tania cumple así su sueño: ser parte del pelotón en la guerrilla del Che. Tania fue descrita por sus biógrafos siempre como una mujer valiente y esto no fue diferente en la guerrilla. Sus movimientos no eran iguales a los de sus camaradas varones. Sus labores en el monte principalmente estaban enfocadas en la escucha inteligente de las noticias de Bolivia y el mundo por radio. Y de hecho nunca portó arma larga, sólo corta de defensa. Según Rodríguez Ostria, no disparó nunca una bala y fuera de sus tareas de información y cuidados del campamento, hacía guardias nocturnas.
La nigua es un insecto similar a la pulga común en la Vallegrande y sus alrededores. El bicho busca insertar sus huevos en la piel humana, sobre todo en las partes suaves de los pies, causando úlceras dolorosísimas que pueden llegar a limitar la movilidad. Tania tenía profundas heridas por nigua. Evidentemente, ella no era la única herida. Entonces el Che decide separar el convoy para que los enfermos puedan avanzar, pero debían atravesar antes el río para resguardarse. Un campesino, que había sido contactado por la guerrilla para colaborar en el resguardo de los enfermos, habría sido quien otorgó la información precisa al Ejército que finalmente los embosca.
Bonus: El libro que no idealiza ni demoniza a Tania
Gustavo Rodríguez Ostria, ya fallecido historiador marxista, ofreció buenos años de su vida a investigar los recovecos Tamara, Laura o Tania. Si te interesa conocer la historia real de Tania, la única mujer que combatió junto al Che en Bolivia, recomiendo el libro Tamara, Laura, Tania: un misterio en la guerrilla del Che (Rba Libros, 2011). El autor recorre con mucha paciencia y rigor toda la vida de Haydé Tamara Bunke Bider: su infancia en Argentina, su adolescencia en la Alemania Oriental, su apasionada juventud en la Cuba revolucionaria y, finalmente, su papel complicado y contradictorio durante la guerrilla boliviana.
Lo más interesante de este libro es que Rodríguez Ostria tuvo acceso a documentos que recién se estaban abriendo en los antiguos países socialistas, especialmente archivos de la Stasi, mismos que contrastó con archivos de la CIA. Gracias a eso, logra reconstruir su historia de forma más completa y equilibrada.
A diferencia de otras biografías que la idealizan o demonizan, este libro mantiene una mirada más distante y objetiva. El autor sigue todos los hilos: tanto los que quieren convertirla en una heroína perfecta como los que intentan destruir su imagen con rumores de romances –con el Che– o de que era una agente doble. Sobre este punto tan polémico, Rodríguez Ostria es claro: sí, Tamara Bunke perteneció a la Stasi en su tierna juventud, pero ocupaba un puesto secundario, nunca realizó ninguna tarea de espionaje contra el Che ni sabotaje a la guerrilla.
GSC/ATJ