Gran parte de lo que compramos es, como dice el dicho, diesel y tierra: productos que se extraen del subsuelo más la energía necesaria para transportarlos por carretera. Y el diesel se volvió mucho más caro; en Estados Unidos alcanzó un nivel máximo de 5.90 dólares por galón. Sin un final a la vista para la guerra contra Irán, los precios del combustible se mantendrán altos durante un tiempo: ¿esto provocará una transformación de la economía que reduzca la demanda de forma permanente?
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) piensa que las disrupciones en el suministro mundial de petróleo, desde Irán hasta Rusia, provocaron una caída de la demanda de crudo de alrededor de 5 millones de barriles diarios —cerca de 5 por ciento— en el segundo trimestre. Gran parte de este descenso no será permanente: las plantas paralizadas, las rutas aéreas y la actividad económica suelen reactivarse cuando se resuelven los cuellos de botella y bajan los precios. Sin embargo, el comportamiento de los consumidores a largo plazo también puede cambiar; la crisis del crudo de la década de 1970 contribuyó a popularizar en todo el mundo los vehículos más pequeños y eficientes de Toyota y Honda.
Pero la destrucción estructural de la demanda de petróleo depende de la inversión en fuentes de energía alternativas. Un buen indicador de esta tendencia son las exportaciones chinas de productos de tecnología limpia, que incluyen células y paneles solares, baterías y vehículos eléctricos.
Estas exportaciones cobraron impulso: según la Asociación de la Industria Fotovoltaica de China, las ventas al exterior de productos solares aumentaron casi una cuarta parte interanual en el primer semestre de este año, mientras que la AIE calcula que las de vehículos eléctricos aumentaron más del doble.
En parte, se trata de una tendencia a largo plazo impulsada por la enorme capacidad de fabricación de China y lo floja que es su demanda interna.
Sin embargo, el repunte de los precios de los combustibles fósiles ayudó a las tecnologías limpias.
Sólo hay que pensar en África, donde las energías renovables suelen sustituir a los generadores diesel: los paneles solares chinos importados en los últimos 12 meses costaron 2 mil 400 millones de dólares, según Ember. Esa inversión permitiría desplazar un consumo de diesel valorado, a los precios actuales, en 10 mil millones de dólares anuales, es decir, una cifra cuatro veces mayor. Esa magnitud ayuda a explicar por qué se pronostica que las instalaciones solares en África crezcan 45 por ciento este año. En Reino Unido, el costo total de un vehículo eléctrico —tanto su adquisición como su uso— ya es más competitivo que el de modelos similares con motores de combustión tradicionales.
Los consumidores de gas natural también se ven afectados por la crisis de Ormuz, la segunda disrupción después de la invasión de Rusia a Ucrania en 2022. Los países que dependen de las importaciones de gas natural licuado, como Corea del Sur, Tailandia y Pakistán, recurren cada vez más a alternativas como la energía nuclear y las energías renovables.
Este impulso a las energías renovables y a los vehículos eléctricos es una buena noticia para las emisiones mundiales de carbono. Además, sugiere que el mundo empieza a adaptarse a una disrupción en el suministro de petróleo que puede prolongarse más de lo previsto. No obstante, el mercado logra mantenerse a flote recurriendo a sus reservas y existencias. Si la situación no se normaliza, será necesario acelerar aún más la adopción de esos alegres vehículos eléctricos.