Como recordarán los lectores, a principios de febrero publiqué un artículo en Swamp Notes donde exponía lo que consideraba que se gestaba una reacción en contra del movimiento MAGA en el Medio Oeste. Entre los ejemplos que cité estaba la forma en que los senadores estatales de Indiana se opusieron a los intentos de Donald Trump de fomentar la manipulación de distritos electorales en sus estados (aunque les hubiera beneficiado).
Por desgracia, el control que tiene Trump sobre mi estado natal se mantiene más fuerte de lo que desearía. El presidente tomó la postura fundamentalmente conservadora de los senadores sobre los derechos de los estados como una afrenta personal y realizó una campaña activa en su contra, inundando las ondas con anuncios donde los atacaba. Los periódicos locales informaron que los republicanos gastaron 9 millones de dólares para derrotar a todos los titulares, excepto a uno, en un estado donde el gasto total en publicidad para una campaña suele ser de apenas un par de millones de dólares.
Es difícil no ver esto como parte de la misma tendencia que llevó a Trump a la presidencia, donantes con mucho dinero, liderados por Elon Musk, quien gastó la friolera de 290 millones de dólares para que el republicano llegara a la Casa Blanca por segunda vez, aplastando cualquier intento de alcanzar un punto medio conservador más sensato.
La pregunta es: ¿hasta dónde puede llegar esto? Como escribí hace un par de semanas, Trump “hizo enojar” a las “mamás MAHA” (un movimiento influyente de madres en redes sociales que defienden la filosofíaMake America Healthy Again (Hagamos que Estados Unidos vuelva a estar sano), a la gente de clase trabajadora que sufre la inflación, a los católicos y a muchos otros sectores de su base, dejando espacio para que tanto los demócratas populistas como los conservadores que no son seguidores de Donald Trump capten a los votantes descontentos en las primarias y en las elecciones presidenciales de 2028.
Lo que pensé inicialmente fue que esto iba a favorecer a los candidatos más moderados, aunque con suficiente instinto populista para abordar los problemas de poder concentrado que están en el centro de muchos de nuestros problemas políticos; sin embargo, puede haber otro camino, más preocupante, hacia un grupo de partidarios más jóvenes de Estados Unidos Primero, como James Fishback, el republicano que se postula para gobernador de Florida (lean en Financial Times el excelente artículo de mi colega Guy Chazan sobre él). Parece un tipo extremadamente inquietante, aunque se opone a la guerra contra Irán.
Luego están los seguidores de Nick Fuentes, un nacionalista blanco con una popular transmisión en vivo y un pódcast, conocidos como Groypers (una red descentralizada de activistas de extrema derecha, supremacistas blancos y troles de internet que buscan promover ideologías nacionalistas y conservadoras extremas). Financial Times previó que su retórica de odio en línea podía convertirse en un movimiento político más sustancial, y de hecho así ha sido.
Estos individuos son una verdadera amenaza, y lo peor es que, según The New Yorker, ahora constituyen una parte significativa de los jóvenes asesores y activistas republicanos del Congreso. Se consideran partidarios de Estados Unidos Primero, pero antiisraelíes, racistas y abiertamente sexistas (con algunas ideas que respaldan, como el “voto familiar” en el que el jefe de familia vota por todos los miembros del hogar). Hay cierta similitud con Charlie Kirk, pero estas personas parecen ir mucho más allá.
Hoy me acompaña en el Swamp mi amigo Barry Lynn, director del Open Markets Institute (Instituto de Mercados Abiertos), originario de Florida, quien desde hace tiempo estudia las teorías del poder en la política y la economía. Barry, tengo una pregunta muy abierta para ti: ¿qué opinas de todo esto y hacia dónde se dirigen los partidos Republicano y Demócrata en respuesta a esta situación?
Lecturas recomendadas
-Karen Ward, estratega jefe de mercado para Europa y MENA (Medio Oriente y Norte de África) de JP Morgan Asset Management, publicó un artículo muy interesante en Financial Times sobre cómo el exceso de ahorro global puede transformarse en diversos auges de inversión regionales.
-Greg Ip, de The Wall Street Journal, resumió de manera muy acertada el nuevo fenómeno en forma de K de la economía estadunidense: la inteligencia artificial (IA) contra todo lo demás.
-Y luego de leer un artículo en The New York Review of Books, tengo pensado leer Bloodline, de Lee Clay Johnson, y Fever Beach, de Carl Hiaasen.
Barry Lynn responde
Gracias, Rana. En mi opinión y la lectura que tengo de los republicanos, es que MAGA, tal como lo conocíamos, está prácticamente muerto. Trump, con demasiada frecuencia, no alcanzó a cumplir con sus promesas fundamentales, ya sea en materia de precios o de construcción de nuevas fábricas. Y se aleja cada vez más de los principios originales del movimiento, como vemos en la guerra contra Irán.
Creo que lo que está ocurriendo en Indiana y otros lugares es algo nuevo y más preocupante. Se trata de un resurgimiento de la antigua ala libertaria corporativa del partido, al estilo de los hermanos Koch, su fusión con la supresión del voto propia de la era de Jim Crow y una creciente disposición a formar alianzas discretas con los Groypers. El objetivo de este partido emergente es cualquier cosa menos el conservadurismo tradicional; es capturar el poder de manera implacable y utilizarlo en beneficio de la oligarquía.
Lo que nos lleva a tu pregunta sobre el estado del Partido Demócrata. Y aquí vemos dos realidades distintas. La primera es la mayor oportunidad en generaciones para alcanzar el poder real y usarlo para atacar las raíces de las crisis actuales y reconstruir los cimientos de la democracia y la libertad estadunidenses.
La energía, sin duda está presente. Los votantes están mucho más enfadados ahora que en 2016 o 2020. Después de toda la cacofonía y el caos de los últimos diez años, nada se ha solucionado. Al contrario, cada gran problema se agrava. No sólo suben los precios y bajan los salarios, sino que la corrupción es más profunda, las redes sociales y la inteligencia artificial causan una disrupción en nuestras familias y comunidades más que nunca, y estamos al borde de una tercera guerra mundial.
Es un momento verdaderamente revolucionario. Una oportunidad perfecta para que el Partido Demócrata obtenga una victoria aplastante y reconstruya la mayoría gobernante que controló desde la década de 1930 hasta la de 1980.
Ahora, esto nos lleva a la otra realidad: la continua fortaleza del ala corporativa del partido, que prácticamente no ofrece políticas concretas en comparación con los populistas, pero su riqueza es suficiente como para comprar el poder.
El éxito de Graham Platner en Maine es una clara muestra de hacia dónde se inclinan los votantes cuando tienen una opción clara. Pero Platner es un orador y líder excepcionalmente talentoso. Gran parte del resto del partido, en cambio, parece más que feliz de dejar que Donald Trump haga todo el trabajo para que sean elegidos. En lugar de demostrar que comprenden la magnitud de la crisis actual y saben cómo solucionarla, ofrecen las mismas políticas libertarias que allanaron el camino a la oligarquía y la autocracia.
Dicho todo esto, soy optimista y creo que los demócratas finalmente lograrán acertar. Para empezar, hay demasiado en juego. Esta es en realidad nuestra última oportunidad. Además está el poder del electorado, que no sólo incluye a la base demócrata, sino también a todos los republicanos e independientes que, como aquellos que lucharon con tanta valentía en Indiana, creen con firmeza en la democracia que estudiaron en sus libros de texto de educación cívica. De vez en cuando, las elecciones no solamente se deciden, sino que se guían por la sabiduría y la voluntad del pueblo. Creo entonces que 2026 y 2028 estarán entre esas pocas ocasiones.