El auge de las fusiones en EU llega a las universidades

Entre 2000 y 2025 el número de operaciones dentro de la educación superior se triplicó debido a cambios demográficos, costos prohibitivos, extralimitación financiera, pérdida de confianza y boom de la IA

Northeastern, con sede en Boston, se convirtió en los últimos años en una de las escuelas más selectivas del país. Shutterstock
Rana Foroohar
Nueva York /
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El auge mundial de fusiones y adquisiciones llegó a un sector sorprendente: el sistema universitario estadunidense. La educación superior es la sexta mayor exportación del país, pero el número de instituciones está disminuyendo. Si la administración Trump se sale con la suya, la cifra se reducirá aún más.

El mes pasado, la administración anunció nuevas reglas diseñadas para acelerar la consolidación del sector. Como señaló en junio Nicholas Kent, subsecretario de Educación: “Hay 6 mil instituciones de educación superior en este país, y no todas van a sobrevivir la próxima década. Las que lo logren serán aquellas que sepan adaptarse con agilidad”. A finales de julio, varias universidades de Nueva York, Nueva Jersey y California ya habían anunciado nuevos acuerdos de fusión o adquisición.

Sin embargo, la consolidación ya estaba en marcha mucho antes de que la administración, que se muestra escéptica respecto a la educación superior en general, empezara a hacer más fácil la fusión de centros educativos. Esta tendencia responde a diversos factores: cambios demográficos, costos prohibitivos, extralimitación financiera, pérdida de confianza en las instituciones, la disminución del valor del título universitario y la necesidad de encontrar nuevas eficiencias en la era de la educación en línea y la inminente disrupción de la inteligencia artificial.

Entre 2000 y 2025, el número de fusiones y adquisiciones en el ámbito de la educación superior se triplicó, impulsado por las instituciones con fines de lucro (algunas blanco de críticas por sus malos resultados y prácticas abusivas; pensemos en el caso de la Trump University). Muchas de ellas llevaban años ofreciendo un desempeño deficiente y haciendo promesas exageradas, aprovechándose de un generoso sistema de préstamos federales pero sin lograr graduar a un gran número de estudiantes de bajos recursos, quienes terminaban incumpliendo pagos y abandonando la universidad con deudas pero sin título.

Más recientemente, las universidades privadas sin fines de lucro —donde el costo anual de matrícula y alojamiento puede alcanzar cifras muy elevadas, llegando incluso a las seis cifras— se han visto presionadas para consolidarse. Si bien las grandes universidades públicas concesionarias de tierras siguen ofreciendo una buena relación calidad-precio (sobre todo para los estudiantes residentes en el estado), las escuelas privadas de alto costo y segmento intermedio, que no cuentan con una marca de élite o de una oferta especializada (como programas de orientación vocacional o títulos orientados a una carrera específica) se encuentran bajo presión. En las últimas dos décadas, muchas de estas instituciones contrajeron deudas para contratar a más personal administrativo y construir instalaciones sofisticadas con el fin de atraer a estudiantes que pagan la matrícula completa (a menudo provenientes del extranjero).

Hoy ese panorama cambió. Los costos operativos y las tasas de interés aumentaron, mientras que el nivel de endeudamiento se mantiene igual o incluso es más alto. Los estudiantes extranjeros empiezan a reconsiderar la opción de estudiar en Estados Unidos, dado que el país se volvió más hostil hacia la inmigración. Mientras, la matrícula universitaria general cayó 11 por ciento entre 2010 y 2021. Si bien las cifras se recuperaron ligeramente en los últimos años, se avecina un precipicio demográfico. En el país se gradúan 3.9 millones de estudiantes de preparatoria al año, pero es probable que esa cifra ya alcanzó su techo. Un estudio reciente proyecta que el número descenderá a alrededor de 3.4 millones para 2041, lo que representa una disminución de 13 por ciento.

Muchas universidades empiezan a reducir sus precios en un intento por mantener las cifras de matriculación (las universidades privadas sin fines de lucro aplicaron descuentos de 57 por ciento en promedio en la matrícula para el curso 2025-2026). Esto puede generar déficits presupuestarios. Mientras, tal como señaló una encuesta reciente a responsables estatales de educación superior, a medida que “el sector educativo en general sigue enfrentándose a una reducción del financiamiento público y a una creciente necesidad de maximizar la eficiencia operativa”, el número de consolidaciones cobrará mayor relevancia en EU.

Casi una quinta parte de los rectores de universidades mantuvieron conversaciones serias sobre fusiones en 2025, de acuerdo con un estudio; 34 por ciento de ellos pertenecía a escuelas privadas sin fines de lucro, frente a 7 por ciento de instituciones públicas. Muchas de estas son las instituciones de élite, costosas y centradas en las artes liberales, que en los últimos años se encontraron en conflicto con la administración debido a los recortes de financiamiento y a las investigaciones sobre derechos civiles.

Sin embargo, la historia de las fusiones y adquisiciones en la educación superior no es sólo una reacción a fuerzas políticas y económicas. También se trata de instituciones que se anticipan a las tendencias. Existe un buen número de instituciones que buscan la consolidación para ganar presencia y visibilidad a escala mundial en un entorno que cada vez se inclina más a un modelo en el que “el ganador se lo lleva todo”. Un ejemplo es Northeastern, con sede en Boston —conocida en su día como una universidad para estudiantes que residían fuera del campus—, que en los últimos años se convirtió en una de las más selectivas del país, gracias a un exitoso programa de prácticas profesionales en el que los estudiantes suelen trabajar —en empleos bien remunerados que arregla la propia universidad— durante al menos seis meses para poder graduarse.

Tal como me comentó la semana pasada Joseph Aoun, rector de Northeastern (que no debe confundirse con el presidente del Líbano): “A las universidades que logran diferenciar su marca les va bien en el entorno actual, mientras que a las que no lo consiguen, no”.

En la última década, Northeastern ha adquirido otras tres instituciones (en Londres, Oakland en California y, en julio, en Nueva York) como parte de una estrategia que no sólo sirve para desarrollar una marca global, sino también para prepararse ante los efectos disruptivos de la IA, tecnología frente a la cual muchas universidades estadunidenses adoptan una postura hostil.

Desde el punto de vista de Joseph Aoun, la IA ampliará las posibilidades de aprendizaje a distancia, pero no va a sustituir el contacto humano. Por eso, contar con un mayor número de campus físicos será crucial. “La educación vivencial cobrará mayor importancia en un mundo dominado por IA”, dice. Dada la tendencia hacia una mayor consolidación en la educación superior, la escala también lo será.


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