Estados Unidos mantiene la ruta para volverse un petroestado

Mientras la Casa Blanca elogia el ahorro con los recortes regulatorios, a los defensores de la salud pública y el medio ambiente les preocupan las miles de muertes prematuras debido al cambio climático

El presidente Trump se ha reunido con líderes mineros de carbón. Especial
Rana Foroohar
Nueva York /

Estados Unidos una vez más se dirige a donde ningún país rico ha llegado antes. A principios de este mes la Casa Blanca culminó un año de retrocesos regulatorios en torno al cambio climático al derogar la “declaración de peligro”, la norma que permite a la Agencia de Protección Ambiental reducir las emisiones de carbono debido a sus consecuencias para la salud.

El presidente Donald Trump presenta esto como una gran noticia para la economía estadunidense, la seguridad energética, la industria de los combustibles fósiles y los que trabajan en ella, como los mineros de carbón que recibió en la Casa Blanca a principios de este mes después de firmar una orden ejecutiva que exige al Departamento de Guerra (me duele escribir esto) utilizar más energía de carbón. La verdad es que no es ninguna de esas cosas. La guerra de Trump contra las energías limpias va a empeorar la situación de EU y lo hará más pobre.

Empecemos por el hecho de que el sabotaje por parte de la administración a los créditos fiscales federales existentes para vehículos eléctricos, la retracción de subvenciones y préstamos ya financiados para proyectos de energía limpia y los recortes a los mandatos federales de eficiencia de combustible tienen un costo de 50 mil millones de dólares para Detroit. Esa es la cantidad de amortizaciones que están asumiendo los tres grandes grupos automotrices —GM, Ford y Stellantis—, ya que ahora se les está desincentivando la transición hacia los vehículos eléctricos.

Pero esa cifra, por grande que sea, no alcanza a captar todos los costos para los cambios de rumbo federales, tanto en la demanda como en la inversión, en el sector del transporte, que es la mayor fuente de gases de efecto invernadero en EU.

La BlueGreen Alliance, una asociación de sindicatos y grupos ambientalistas, publicó un estudio el año pasado en el que se estima que la derogación del crédito fiscal para la fabricación de energía limpia por sí sola pone en riesgo más de 2 millones de empleos en lugares como Arizona, Kentucky, Míchigan, Carolina del Sur, Tennessee y Virginia Occidental, que comenzaban a beneficiarse de un auge de la inversión en la fabricación relacionada con la energía limpia.

Ese auge ya empieza a entrar en crisis. Los empleos de fabricación registran una caída con Trump, quien prometió traer de vuelta el trabajo industrial a EU. La firma de investigación Rhodium Group estima que ya se secaron los 22 mil millones de dólares de la inversión prevista en vehículos eléctricos, baterías y minerales esenciales.

Mientras, los trabajadores de los estados que dependen de los combustibles fósiles, que habían logrado una transición exitosa y difícil a empleos en tecnologías limpias, están siendo despedidos. En diciembre, por ejemplo, Ford cerró una enorme planta de baterías en Kentucky, un estado del sector del carbón, despidiendo a mil 600 trabajadores en un lugar donde los gobiernos estatal y local habían invertido 250 millones de dólares para atraer a la nueva empresa.

Algunos trabajadores podrán verse obligados a volver a la minería de carbón. De ser así, no estarán protegidos por la norma más estricta sobre sílice aprobada por la administración Biden. Este fue un esfuerzo para erradicar la enfermedad del pulmón negro que padece una quinta parte de los mineros veteranos del carbón debido al uso de la maquinaria más potente necesaria para alcanzar el carbón en minas maduras, ya que su extracción se vuelve más difícil y genera más polvo de sílice

La administración Trump suspendió la aplicación de la norma en medio de una reestructuración de varias agencias federales que provocó la pérdida de empleos de miles de obreros y trabajadores de atención de salud. “Al tipo que dice ser un defensor de los mineros del carbón literalmente no le importa si viven o mueren”, señala el director ejecutivo de BlueGreen Alliance, Jason Walsh.

Podría seguir, pero ya se entiende la idea. Mientras la Casa Blanca elogia el dinero ahorrado gracias a los recortes regulatorios, los defensores de la salud pública y el medio ambiente están preocupados por los cientos de miles de muertes prematuras relacionadas con el cambio climático en la era previa a las regulaciones a la que parece que estamos regresando. Los habitantes de Mississippi, preocupados por la contaminación causada por la entrada de petróleo venezolano que se espera que afecte a una refinería de Chevron en su comunidad, le piden a la compañía petrolera que compre sus casas. Mientras China suministra paneles solares baratos a los mercados emergentes, EU se convierte en uno de ellos.

Los costos inmediatos que mencionó solo son el comienzo. Para la industria automotriz estadunidense, el estancamiento es ahora el mejor resultado posible. Incluso si logramos revertir las reducciones de Trump después de 2028, eso pondrá a Estados Unidos años por detrás de China, que domina el futuro de la energía limpia.

Las batallas legales sobre todo esto ya comenzaron (la primera demanda sobre la norma de declaración de peligro se presentó la semana pasada, sumándose a muchas otras). La falta de certeza derivada de las acciones legales en curso constituye en sí misma un enorme impedimento para la inversión extranjera, no solo en el sector del transporte, sino también en la cadena de suministro que lo abastece.

Uno puede preguntarse qué prima de riesgo puede aplicarse a una nación con menos interés en las industrias de alto crecimiento, así como en un agua y un aire más contaminados, sobre todo en un momento en que la industria de los seguros pretende trasladar los costos de los desastres relacionados con el clima a las empresas, los bancos y los propios gobiernos. Es probable que las primas, que ya registran un aumento de dos dígitos en algunos lugares, sigan subiendo. Los costos generales de los préstamos para los que invierten en EU también pueden aumentar.

Me pregunto si la abdicación de EU de cualquier responsabilidad por el calentamiento global se volverá en su contra algún día en forma de aranceles o sanciones financieras impuestas por otros países. ¿Qué va a impedir que un grupo de países con pérdidas económicas récord relacionadas con el clima penalice a EU, al igual que Estados Unidos ha penalizado a las naciones que apoyan el terrorismo? Los costos, tanto humanos como económicos, de lo primero ya son mucho más grandes.


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