Es increíble pensar que desde que Rusia invadió Ucrania, los precios del petróleo cayeron de 100 dólares por barril a alrededor de 60 dólares. Hay buenas razones para esto, hay demasiada oferta, una menor demanda en algunos grandes países consumidores e incluso la sensación de que se sobreestimó el efecto de la geopolítica en el mercado.
Sin embargo, en mi opinión se les está minimizando. Las enormes protestas en Irán y las amenazas de un ataque militar estadunidense aumentaron los precios unos cuantos dólares. La amenaza de una posible guerra comercial con Europa por Groenlandia los volvió a estabilizar. Pero los mercados son pésimos para calcular el riesgo político, que por naturaleza carece de liquidez (cada evento político es, después de todo, algo excepcional) y difícil para hacer modelos. Mientras, hay otras razones para pensar que estamos a punto de ver cómo los precios del petróleo comienzan a subir.
Empecemos por la acumulación de inventarios por parte de China. Como señaló Gavekal Research en un seminario web para clientes la semana pasada, a pesar de la transición a los vehículos eléctricos y la desaceleración del sector de la construcción chino, el país sigue comprando volúmenes récord de crudo. Pekín está acumulando una reserva estratégica de petróleo, algo que es positivo al tener en cuenta que EU se está convirtiendo en un petroestado con el objetivo, claramente establecido en la estrategia de seguridad nacional de la administración Trump, de proteger más recursos naturales.
Se puede argumentar que el control estadunidense del petróleo venezolano llevará aún más oferta al mercado, lo que implica precios más bajos (aunque vale la pena destacar que la reacción inicial del mercado fue un aumento de 1.8 por ciento en el precio del crudo debido a la incertidumbre).
Pero incluso si se es optimista sobre los recursos venezolanos, se necesitarán al menos 10 años y decenas de miles de millones de dólares para llevar ese petróleo al mercado. Y hasta el momento, a pesar de las exigencias de Trump, las grandes firmas de energía no parecen dispuestas a volver al país demasiado pronto. ¿Quién puede estarlo, cuando hay poca idea de cuál será el modelo político en ese país, y de hecho en el propio EU durante la próxima década?
Lo que está claro es que ya llegamos al pico de producción de petróleo en el corto plazo. En septiembre, la Agencia Internacional de la Energía informó que en 2024 alrededor de 80 por ciento de la producción mundial de crudo y 90 por ciento de la de gas natural provendrían de yacimientos que ya superaron sus topes.
En el informe se indica que, salvo nuevas inversiones importantes, la producción de los yacimientos existentes alcanzaría su pico este año y disminuirá rápidamente, incluso con el uso de inyecciones de agua a presión y otras técnicas para extraer más producción.
Al mismo tiempo, la AIE ahora puede ver un escenario en el que la demanda de petróleo continúa creciendo, debido a que muchos países dan marcha atrás a sus compromisos de energía limpia (con EU a la cabeza, por supuesto).
Un posible desajuste entre la oferta y la demanda a largo plazo implica precios más altos. A pesar de esto, la posición larga neta en petróleo que mantienen los fondos de cobertura es excepcionalmente bajista en comparación con los últimos años, y la sólida perspectiva de consenso en el mercado para el próximo año sigue siendo bastante bajista. Es posible que vivamos en un mundo de “por si acaso”, pero la mayoría de los comercializadores aún tienen una visión de “justo a tiempo” respecto al petróleo y parecen asumir que no hay problemas en el horizonte.
Sin embargo, en un mundo de mayor volatilidad política, el exceso de oferta podría desaparecer rápidamente por diversas razones, desde una disrupción del suministro en Irán, una mayor inestabilidad en Latinoamérica, un bloqueo en los cuellos de botella del transporte en el Golfo o el Mar de China Meridional, un desastre natural o simplemente una acumulación de inventarios más rápida por parte de China.
Que el mercado no tome en cuenta esos acontecimientos, más al optimismo inequívoco sobre los valores, “aumenta la probabilidad de que ocurra lo contrario: que las acciones caigan y el petróleo suba en 2026”, como lo expresó Currency Research Associates en una nota a los inversionistas del 6 de enero. De hecho, su análisis predice un precio del petróleo de 500 dólares por barril para 2030 (aunque vale la pena mencionar que nadie ha podido pronosticar con éxito el precio del petróleo a un plazo tan largo).
Esto se debe en parte a que los mercados de energía se adaptan y evolucionan cuando los precios suben demasiado. Siempre que una fuente de energía se vuelve demasiado cara, surge otra para reemplazarla. Es más, la historia demuestra que cuando el mundo atraviesa la transición de un tipo de combustible a otro, a menudo se producen picos de precios y mucha volatilidad. Esto se debe a que se están desarrollando cadenas de suministro e infraestructura para el nuevo combustible (lo que requiere más energía), incluso cuando la producción del antiguo está disminuyendo. Así ocurrió en la transición, por ejemplo, del aceite de ballena y la leña al carbón, del carbón al petróleo, del petróleo al gas, etcétera.
Esto nos lleva a un último factor que los inversionistas deben considerar con respecto al precio del petróleo en los próximos años. China podría estar acumulando crudo por razones geopolíticas. Pero también está ansiosa por avanzar más rápidamente hacia un futuro de energía limpia, aprovechando su competitividad en tecnologías verdes como baterías de litio, vehículos eléctricos, paneles solares y similares. Esta es una manera no solo de impulsar su propia economía y sus ambiciones de ser el líder del sector de la energía limpia a nivel mundial, sino también de reducir la dependencia que tiene de los combustibles fósiles en un momento en que EU trata de controlar una mayor cantidad de ellos.
Así como las sanciones basadas en dólares impulsaron a los países en riesgo de represalias financieras estadunidenses a mantener una canasta de reservas diversificada, la petropolítica y el aumento de los precios del crudo desatarán una transición verde más rápida, un rayo de esperanza poco habitual para la historia de la energía en el caótico mundo actual.