Los grandes proyectos de construcción siguen una ley de hierro, argumenta el geógrafo danés Bent Flyvbjerg: invariablemente “exceden el presupuesto y los plazos previstos, una y otra vez”. ¿Esto también se aplicará al auge de la infraestructura para la inteligencia artificial (IA)? La consultora PwC estima que la inversión mundial en centros de datos alcanzará 31.6 billones de dólares para 2050; decir que los constructores tienen prisa es quedarse corto. Hay un gran margen para el error, tanto humano como de otro tipo.
SB Energy, una compañía que se dedica a la construcción de centros de datos, se muestra optimista, al menos respecto a sus propias posibilidades. Filial de la japonesa SoftBank, solicitó salir a bolsa en Nueva York con la esperanza de atraer inversionistas gracias a una cartera de proyectos que incluye el enorme complejo Ports-Pike en Ohio. La empresa suministra edificios y sistemas, pero no chips ni servidores, por lo que no está expuesta a la volatilidad de precios de estos componentes esenciales para la IA. OpenAI y SoftBank ya firmaron contratos de más de diez años de duración; lo único que debe hacer SB es construir: idealmente, ajustándose al presupuesto y a los plazos, una y otra vez.
Es una apuesta audaz, ya que en la construcción de centros de datos pueden surgir muchos problemas: desde la escasez de materiales y los retrasos en la planeación hasta la falta de mano de obra y las dificultades de acceso a la red eléctrica. Obtener el permiso para conectarse a la red, un proceso que se conoce como “interconexión”, puede tardar dos, cinco, siete o incluso diez años, dependiendo del estado. Los centros de datos de SB en su mayoría se ubicarán junto a nuevas centrales eléctricas, lo que conlleva sus propios retos de construcción y planeación.
A esto se suma un nuevo reto para los constructores estadunidenses: la opinión pública. El presidente Donald Trump ha criticado con vehemencia a quienes prefieren “quedarse atrasados y pobres” antes que tener un centro de datos en su propia comunidad, pero su postura choca con el sentir general de la población. Una encuesta reciente de Gallup revela que 71 por ciento de los ciudadanos se opone, ya sea “en cierta medida” o “firmemente”, a la construcción local de estas gigantescas instalaciones para la IA.
SB cree que puede superar estos obstáculos. Aunque nunca ha construido un centro de datos por su cuenta, aunque una división de consultoría que adquirió recientemente ya completó 15 proyectos de este tipo en el pasado. Presentó solicitudes para más interconexiones de las que necesita; si bien adelantarse es una ventaja, esto no garantiza aprobaciones a tiempo. La documentación presentada reconoce que la “creciente resistencia pública” a la IA constituye un riesgo constante.
El tiempo es, literalmente, dinero. Algunos constructores de centros de datos sólo encuentran arrendatarios cuando el proyecto ya está muy avanzado. En el caso de SB, los arrendatarios ya están asegurados, pero esto crea un riesgo de plazos: si el proyecto se retrasa, la firma puede verse obligada a aplicar descuentos y sufrir problemas de liquidez. Según advierten sus documentos, en algunos casos el cliente puede comprar directamente el proyecto retrasado, quizá a un bajo precio.
Es posible cuantificar estos riesgos con la cabeza fría. ¿Pero en este mercado? Con la valoración de empresa de 50 mil millones de dólares que, según se informa, busca alcanzar, SB cotizaría a unas 400 veces su ebitda anualizado, tomando como referencia los resultados de los primeros seis meses de 2026. OpenAI adquirió warrants de SB que se activan si la valoración del capital de la empresa alcanza 80 mil millones de dólares, lo que sugiere que el grupo de tecnología de Sam Altman es optimista.
Al menos SB cuenta con el respaldo de inversionistas con gran capacidad financiera por si se cumple la ley de hierro de los errores en grandes proyectos de infraestructura. Y si los centros de datos son realmente esenciales para la prosperidad mundial, alguien tendrá que asumir estos riesgos. El auge del esquisto demostró que Estados Unidos es capaz de llevar a cabo megaobras impresionantes, y además con rapidez. La posterior caída demostró que no siempre salen como se pretendía.