Por qué son relevantes los desequilibrios mundiales

La res­puesta breve es que están en la inter­sec­ción de casi todo lo que importa en eco­no­mía y polí­tica: empleo, for­ta­leza indus­trial, estabilidad financiera, normas fis­ca­les y gestión del tipo de cambio

Una de las funciones del Fondo Monetario Internacional es ayudar a manejar los conflictos actuales. OLIVIER DOULIERY/AFP
Martin Wolf
Londres /

Como señalé la semana pasada, los conflictos sobre cómo ajustar los desequilibrios externos se han repetido aproximadamente cada dos décadas desde 1980. Debí añadir los años 20 y 60. Los últimos terminaron con el colapso del sistema de Bretton Woods de tipos de cambio fijos, pero ajustables y, en última instancia, con un mundo de flotación (excepto en la eurozona).

La primera terminó con una depresión económica global, una guerra mundial y con la creación del sistema de Bretton Woods en 1944. Uno de sus productos fue el nacimiento del Fondo Monetario Internacional (FMI), cuya función es ayudar a manejar ese tipo de desequilibrios en la actualidad.

¿Por qué el manejo de los desequilibrios de la balanza de pagos global es tan difícil y a la vez tan importante? La respuesta breve es que se encuentran en la intersección de casi todo lo que importa en la economía y la política: poder nacional, empleo, fortaleza industrial, estabilidad financiera, normas fiscales y monetarias y gestión de los tipos de cambio. En resumen, influyen de manera considerable en las relaciones internacionales.

Ahora nos encontramos en una era “neomercantilista”. La era mercantilista de los siglos XVII y XVIII —una época en la que los superávits comerciales se consideraban un indicador de fortaleza económica— también fue una época de constantes conflictos bélicos. En la actualidad, mientras el presidente de Estados Unidos se reúne con el líder de China, los equilibrios externos vuelven a ser una importante fuente de fricción.

Las décadas de 1920 y 1930 fueron un claro ejemplo de cómo todo puede salir espectacularmente mal. Después de la Primera Guerra Mundial, EU se convirtió en la potencia económica dominante y en el principal país acreedor. Esto generó fragilidad económica y financiera en los países socios. Reino Unido volvió al patrón oro con la paridad de antes de la guerra en 1925. El resultado fue la deflación. Para paliarla, la Reserva Federal, bajo la influencia de Benjamin Strong, presidente de la Fed de Nueva York, flexibilizó la política monetaria en 1927. Esto volvió más grande la burbuja bursátil y financiera estadunidense. La crisis se produjo en 1929, el arancel Smoot-Hawley en 1930 y, en plena Gran Depresión, el ascenso de Adolf Hitler a la cancillería alemana en 1933.

Esta saga es espantosa, pero también tiene repercusiones posteriores. Una de ellas es que los países con superávit no gozan de una posición tan dominante. Una fuente de debilidad reside en que estarán sujetos a presiones para ampliar la demanda interna (como le ocurrió a EU en la década de 1920) y, de este modo, reducir la presión deflacionaria sobre sus socios. Esto sucedió con Japón en la década de 1980 y con China después de la crisis financiera de 2007-2009. En ambos casos el resultado fue una burbuja inmobiliaria insostenible que, como era de esperar, estalló.

Alemania se encontró en una situación similar durante la crisis de la eurozona. Sin embargo, en el contexto de la unión monetaria, su disyuntiva era financiar a los países afectados por la crisis o permitir que la moneda única se fragmentara. Optó por la primera opción, en parte mediante los llamados “balances objetivo” dentro de la unión monetaria: el Bundesbank se convirtió en un acreedor gigante.

Esto implica que los países con déficit, si bien en apariencia están en una posición más débil, también tienen poder. Sí, se les puede cortar el crédito. Pero las naciones con superávits estructurales de ahorro sobre inversión y con superávits externos (como China, Alemania y Japón), han construido sus economías en torno a un exceso de oferta de bienes y servicios comercializables. Perder de repente estos superávits puede provocar una recesión. Los moralistas se quejan del despilfarro, pero necesitan esas economías.

La dificultad reside en encontrar países con déficit que no sólo sean solventes, sino que lo sean a una escala grande. Muchos países emergentes y en desarrollo han intentado obtener préstamos a gran escala. Sin embargo, en la mayoría de los casos han tenido que endeudarse con pasivos con denominación en moneda extranjera. Esto resulta arriesgado para ellos, ya que, en una crisis, sus bancos centrales no pueden crear el dinero que los acreedores demandan; por tanto, necesitan un rescate externo. Por desgracia, el FMI no siempre puede cumplir con la función.

Así que, después de la crisis de la eurozona, que mermó la solvencia de sus países con déficit, EU y (en mucha menor medida) Reino Unido, ambos con la capacidad (hasta ahora) de endeudarse libremente en sus propias monedas, se convirtieron en países dominantes con déficit. En la práctica, Estados Unidos se convirtió en el principal equilibrador de la balanza de pagos mundial: sus déficits compensan los superávits de otros países.

Sin embargo, los países con déficit suelen presentar dos características problemáticas: un gran aumento de la deuda interna y una producción debilitada de bienes (y servicios) comercializables. Esto genera retos políticos internos. En la actualidad se centran en EU. La presidencia de Donald Trump, sus agresivas guerras arancelarias y los esfuerzos de Scott Bessent, secretario del Tesoro, por mantener la demanda global de bonos son síntomas de estas dificultades. Lo mismo ocurre con la generalizada fragilidad financiera que señalan los analistas preocupados.

El punto fundamental, como insistió John Maynard Keynes, es que ninguno de estos retos se resolverá de manera automática mediante los mercados, en parte debido a la fragilidad de estos, y también porque todo aquello que afecta y refleja la prosperidad nacional y global siempre es objeto de poder político. Siempre ha sido así: incluso el siglo XIX, la era del laissez-faire, fue también una era de imperios.

Si la era del capitalismo liberal ya terminó, es necesario que algo la reemplace sin que esto provoque también el colapso de la economía mundial. Sin embargo, en la actualidad, nos encaminamos hacia crisis financieras relacionadas, en parte, con la persistencia de desequilibrios y con el papel singular y, en mi opinión, insostenible de EU (y Reino Unido) como equilibradores del sistema mundial. En definitiva, esto cambiará y debe cambiar. Cómo lo hará, eso todavía no lo sabemos.


LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite