Hay colegas queridos, futboleros a muerte, que creen que la fatalidad que persigue a la Selección Nacional tiene que ver más con “circunstancias excepcionales”, específicas de un momento de infortunio, que con una incompatibilidad genética, por llamarla de alguna manera jocosa, del mexicano con un deporte que tanto ama la población en su conjunto. O sea, no es que el tricolor sea maleta.
Que si el árbitro anuló el tanto de El Abuelo Cruz, que si Ricardo Osorio se equivocó en un pase clave, que si el gol de Maxi Rodríguez a Oswaldo Sánchez fue uno en un millón, que si nadie quería tirar los penales en el 86, que si no era penal con Holanda y así continúa la lista de “circunstancias excepcionales” que, en resumen, siempre dejan fuera a México en la cita grande.
Desde que se conoció el calendario del Mundial en curso se hacían cuentas alegres, como cada cuatro años, apostando a que la debilidad de Sudáfrica lo hacía víctima fácil para que México sumara sus primeros tres puntos y avanzara firme a la siguiente ronda, pronóstico que comenzó a tomar forma ayer en los primeros 10 minutos. ¿Qué pasó después?
Pasó que si bien ganó 2-0, no se impuso con la autoridad que pintaba la situación a un equipo ahogándose con la altura de la Ciudad de México y que tuvo en algún tramo dos jugadores menos. Cuadro visitante que, aun así, estuvo a punto de anotar y provocó la expulsión de un mexicano.
Y, por supuesto, las “circunstancias excepcionales”. El hecho de que el portero estuviera nervioso y arriesgara un par de balones y de que tres jugadores padecieran calambres, cuando no pasó nunca en 25 partidos anteriores, lo explicó el técnico Javier Aguirre así: “El Mundial es un escenario brutal que hace que las patitas te sacudan un poquito. (…) No a todos, pero les pesó un poquito el escenario. (…) Hubiéramos metido más goles y nadie hubiera dicho nada”.
Uno, villamelón, puede que no entienda la lógica de ese discurso, pero es imposible no preguntarnos: ¿no deberían haber sido los sudafricanos los nerviosos, los de las patitas temblorosas, los nerviosos ante un entorno adverso, ante 80 mil aficionados presionando? Cosas de “circunstancias excepcionales”, supongo. ¡Vamos, México!