¿Televisa o Tv Azteca?

Ciudad de México /

Le guste a quien le guste, le moleste a quien le moleste, los narradores de TV Azteca son millones de veces mejores que los de Televisa.

Sí, me queda claro que Televisa es la ley y que sus números siempre van a ser los más altos del universo.

Y cómo no si objetivamente hemos regresado a 1986 cuando la muy humilde Imevisión no podía competir contra el imperio de Emilio Azcárraga Milmo.

No era porque los programas de Imevisión fueran malos. No era porque la gente no los viera. No era porque no representaran un hito en la historia de los medios de comunicación de este país.

Era porque a la hora de los números, la vieja Televisa tenía muchísimas más antenas que la televisora del gobierno.

Se compite entre pares. Imevisión nunca estuvo al nivel técnico de Televisa. Nunca fue su par. Exactamente igual como le está pasando a TV Azteca el día de hoy.

Por más que reconozcamos que Luis García, Christian Martinoli y sus compañeros son un fenómeno social, por más que los adoremos, no hay manera de que su transmisión única sume más que todos los esfuerzos, de todas las ventanas, de todos los espacios y de todas las plataformas de Televisa.

Es como poner a competir al supercito de la colonia contra Walmart. ¡Pues no!

Pero el supercito de la colonia siempre será el supercito de la colonia y honor a quien honor merece: los narradores de los partidos de futbol de la televisora de Ricardo Salinas son excelentes.

Las preguntas son: ¿Por qué los de Televisa son tan malos? ¿Por qué los de TV Azteca son tan buenos?

Para explicar esto hay que enfriar la cabeza y apelar una vez más a la comunicación emocional.

Comencemos por Televisa. Escuchar un partido de futbol mirando Televisa es como sintonizar una sesión del Canal del Congreso justo cuando Lilly Téllez le está mentando la madre a Morena.

Pura tensión. Todos se odian. Todo se defienden. Todos se atacan. Y por ahí anda un histérico que supone que gritar como si le estuvieran extirpando los testículos es la solución a todos los males.

Quiero mucho a mucha gente de por ahí pero en verdad se nota que están haciendo eso porque les pagan. Me imagino que en cuanto acaba la transmisión cada uno voltea para otro lado y se va sin despedirse.

No hay una sensación de equipo. Son puras individualidades luchando por justificar su puesto y por llamar la atención, no del público, del jefe. Su tema es el poder y caen muy mal.

¿No me cree? ¿Pudo haber habido un error más monstruoso que mandarle saludos a Claudia Sheinbaum durante la transmisión del partido contra Inglaterra?

Yo cuando escuché eso dije: “¡Me equivoqué de sexenio! ¡Que pase Enrique Peña Nieto!” Pero no, era verdad. ¡Me muero! ¡Me muero! ¡Me muero!

Y en la cúspide de la estupidez propia de los lamesuelas, como se equivocaron y dijeron que la presidenta estaba en Palacio Nacional, a los cinco minutos tuvieron que corregir. ¡No fuera a ser que se enojara la señora!

¿Sí entiende el nivel? En serio: si ellos creen que eso es narrar un partido de futbol, urge que los manden a terapia.

Hablemos de TV Azteca. Escuchar un partido de futbol mirando TV Azteca es como estar en una fiesta, en el patio de la casa, con ese grupo de amigos que nos ha acompañado toda la vida.

Hay pachanga, sí, pero antes que cualquier otra cosa hay profesionalismo, dominio del tema y algo francamente enloquecedor: trabajo en equipo.

No son Luis García, Christian Martinoli y los demás. Son compas. Son brothers. Son familia.

Y como nadie tiene la necesidad de justificar nada, ni de lucirse, nadie se está peleando por el micrófono, por hacer el comentario más docto o por hacer el chiste más estridente.

Me queda claro que les pagan, pero me queda todavía más claro que les encanta lo que hacen, que se divierten y que trabajan para la gente, para el pueblo.

¿Cómo fue que sucedió esto en TV Azteca, la empresa más elitista, derechista y conservadora de México?

Porque este esquema de narradores nació en otra administración. Es la heredera de otro momento, de otra vocación.

Y como fue lo único que, por las más insólitas razones administrativas, sobrevivió a los montones de movimientos que ha habido en esa televisora en los últimos 20 años, se consolidó hasta convertirse en lo único que vale la pena de todos esos canales.

Un olvido, un error, fue lo que salvó a la televisora de Ricardo Salinas.

Tan es así que hoy, a diferencia de lo que ocurre cuando comparamos cualquier contenido de Televisa y de TV Azteca, lo único que prende a las multitudes es jugar a comparar a los narradores de ambas corporaciones.

¡Exactamente como en los tiempos de la guerra de las televisoras!

¡Exactamente como en la época en que este equipo de genios pudo imponer su estilo por encima de lo corporativo que fue lo que desgració a TV Azteca!

¡Felicidades! El que es grande es grande y Luis, Christian y los demás son grandes, inmensos, los mejores. ¿O usted qué opina?


  • Álvaro Cueva
  • alvaromilenio5@gmail.com
  • Es el crítico de televisión más respetado de México. Habita en el multiverso de la comunicación donde escribe, conduce, entrevista, da clases y conferencias desde 1987. publica de lunes a viernes su columna El pozo de los deseos reprimidos.
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