Locura mundialista

Ciudad de México /

M+.- Desde el megáfono principal se anuncia el arranque de la justa. La cancha es majestuosa: los carriles centrales de la avenida Reforma. ¿Qué más se puede pedir? ¿Un aumento salarial del cien por ciento? El partido se lo van a echar los profesores de la CNTE que, en medio del plantón, se van a divertir un rato. ¿Lo dije bien? O más bien es que en medio de la diversión se van a echar un plantón y, de paso, un partido. Las chamarras y suéteres de los profesores marcan las porterías. Una mirando a Cuauhtémoc que hace ya tiempo debió haber arrojado la lanza con la que todavía apunta. Y la otra hacia Insurgentes. Cruce neuronal de la ciudad. Lo cual, a esas alturas del partido, da casi igual. Estando con los nervios de punta, las neuronas dejan de funcionar. Falta agregar que el camellón de Reforma, columna vertebral de la ciudad, es ahora amarillo. Modificaron el ciclo de vida natural del cempasúchitl, para que ahora la flor que llama a muertos adorne antes. Ahora tendremos muertos desde junio. Por si faltara algo al fondo se alcanza a ver a una mujer alegre, con un vestido de flores, brincando descalza entre baches y pasos peatonales con un bote de spray morado en la mano, pintando con el color feminista todo lo que se le cruza por enfrente. Buenos días, arbolito. Buenos días, banquetita. Buenos días, ajolotito. Mientras tanto resuelve cómo hacer la ola más grande del mundo, después de todas las olas que ha hecho.

Esto es una locura.

No es que antes no lo fuera. Es que desde hace un mes todo se desborda. Las calles por la lluvia y las plazas por las manifestaciones y los agravios. Ese es el resultado de patear el balón: el Mundial durante ocho años antes de empezar a hacer las remodelaciones necesarias y las demandas de la gente por haberles dado largas. Todo a medio hacer, todo a las carreras y para colmo, con una cabeza que no está ni fría ni caliente. Más bien una cabeza que está en otro lado después de que llegara la solicitud de detención con fines de extradición para el gobernador Rocha Moya y nueve de sus colaboradores por presuntos vínculos con el narco.

Y como esa sí es una falta mayor en plena área, a nuestro gobierno se le ocurrió tirarse al suelo y revolcarse de dolor argumentando una patada en la espinilla de nuestra soberanía.

Aventarse un clavado a veces funciona y otras veces hace gracia. ¿Dónde falla la jugada? Cuando confunden la patria con su partido. Cuando defienden a los suyos diciendo que nos están defendiendo a todos. Ni siquiera es necesario revisar el VAR para saber si están mintiendo. Basta con fijarse en cómo defienden la soberanía mexicana. Si cuando hablan de soberanía hablan de lo que pasa en Estados Unidos y no de lo que pasa en México, mienten. Si mencionan a Trump, pero jamás a Rocha Moya, mienten. Si acusan de injerencismo sin hablar de narcogobiernos, mienten.

Mientras tanto, prepárese: se inaugura el Mundial y en los carriles centrales de Reforma llegarán ocho nuevos colectivos para sostener más cascaritas y disputas con el gobierno. Lo bueno es que ya viene de vuelta la mujer que pinta con su spray de mano nuestra vida de morado. Ojalá que haya logrado conseguir el récord Guiness de la ola más grande del mundo. Sólo una ola gigante logrará cubrir todo lo que está pasando.


  • Ana María Olabuenaga
  • Maestra en Comunicación con Mención Honorífica por la Universidad Iberoamericana y cuenta con estudios en Letras e Historia Política de México por el ITAM. Autora del libro “Linchamientos Digitales”. Actualmente cursa el Doctorado en la Universidad Iberoamericana con un seguimiento a su investigación de Maestría. / Escribe todos los lunes su columna Bala de terciopelo
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