Ana María Olabuenaga
  • Maestra en Comunicación con Mención Honorífica por la Universidad Iberoamericana y cuenta con estudios en Letras e Historia Política de México por el ITAM. Autora del libro “Linchamientos Digitales”. Actualmente cursa el Doctorado en la Universidad Iberoamericana con un seguimiento a su investigación de Maestría. / Escribe todos los lunes su columna Bala de terciopelo
  • Embarrados

    La metáfora del chocolate revela cómo el gobierno evade responsabilidades evidentes con descaro y simulación.
  • El fin de la polarización

    En México ha terminado la polarización, ahora nos vamos a agarrar a golpes. Empieza la guerra emocional y de valores. Es la guerra cultural
  • Un chingo

    Los mexicanos tenemos una medida exacta que delimita nuestro aguante. Todo lo que esté por debajo es tolerable. Sin embargo, llegado al nivel señalado, la paciencia se agota y el hartazgo se desborda.
  • Lo podrido no es la manzana, es la canasta

    La corrupción no siempre nace del individuo: el sistema político puede ser la “canasta” que pudre a las manzanas.
  • Declaración de guerra

    La guerra cultural está declarada. Y no, no es metáfora, el bando que triunfe no solo impondrá leyes, sino el marco desde el cual se interpretará la realidad. Es una batalla en donde no hay neutrales: o se gana la historia o se hereda la desgracia
  • Enojo en Palacio

    La trama es un rompecabezas de corrupción con piezas mojadas: las piezas resbalan, no encajan, se pierden. Carlos Loret lo reveló hace tres años y el Presidente lo negó y desacreditó.
  • Compasión artificial

    Las amenazas son muchas y dentro de ellas hay una cuya dimensión apenas empezamos a intuir: la inteligencia artificial.
  • El lujo silencioso de Giorgio Armani

    Armani hizo un homenaje permanente a la discreción, a la mesura, a la sensualidad y al feminismo. Una prueba de que el silencio es el último lujo
  • Team 'Alito'

    En política, el que no te quieran es aún peor a que te odien: el odio al menos te reconoce como enemigo, pero Noroña no llegó hasta allá. Simplemente lo desprecian