Arturo Argente
  • Tec de Monterrey, Campus Toluca.
  • La casa de los espíritus... y la caída de Rocha

    En La casa de los espíritus, Isabel Allende retrata una sociedad donde el poder se hereda, los privilegios se protegen y los abusos permanecen ocultos hasta que el peso de la memoria los hace imposibles de ignorar.
  • Roma soy yo

    En Roma soy yo, Santiago Posteguillo reconstruye la figura de Julio César como la de un hombre que comprendió que el poder no se conquista solamente con ejércitos
  • México: un ejército ciego frente al poder

    Durante años tuvo la oportunidad de ofrecer una alternativa y, sin embargo, muchas veces respondió al nuevo poder con los mismos vicios que decía combatir.
  • La sociedad abierta frente al espejo del poder

    En La sociedad abierta y sus enemigos, Karl Popper advierte que el mayor peligro para una democracia no siempre llega desde un enemigo externo, sino desde la incapacidad del poder para aceptar la crítica.
  • 1984: el eco de Orwell ante la ley mordaza

    La lección de Orwell sigue vigente porque recuerda que la libertad no suele desaparecer de un día para otro. Se erosiona gradualmente, entre discursos que prometen orden, seguridad o bienestar.
  • Zacatecas y el corazón de las tinieblas

    Los cuerpos suspendidos en puentes o estructuras públicas no son únicamente víctimas de una organización criminal; son mensajes dirigidos al Estado, a los grupos rivales y, sobre todo, a la ciudadanía.
  • La divina comedia y la traición de Marina del Pilar

    Dante reservó el último círculo del Infierno para los traidores, el pecado que destruye la confianza.
  • Comala y los ecos del poder

    Como Pedro Páramo, el poder descubre que gobernar mediante la fuerza del símbolo es insuficiente cuando la realidad reclama soluciones
  • Cien años de soledad y el ocaso de una ilusión

    En Cien años de soledad, la mítica novela de Gabriel García Márquez, el viento final no destruye únicamente un pueblo: borra la soberbia de quienes creyeron que el destino podía escribirse sin escuchar las lecciones del pasado.