No hay, al menos para mí, sorpresa: ayer ganó el futbol.
Mal cálculo de quienes pensaron que la política nacional podría derrotar a la pasión que comparten millones de aficionados en México y en el mundo.
Y no, no jueguen con eso, no lo utilicen. Que ayer el Azteca —sí, así se llama, más allá del dinero—, el Zócalo y otros lugares públicos, más cientos de bares y restaurantes, hayan estado llenos para disfrutar del juego inaugural no tiene que ver con Palacio Nacional, que de hecho ignoró el Mundial los seis años que estuvo en la jefatura de Gobierno. Los maestros apostaron a joderse la celebración más importante para la mayoría de los mexicanos, más allá de su posición política, porque el futbol no se trata de eso, y fracasaron. El gobierno también quiso utilizarlo para ganar puntos e igual nos valió gorro, porque esto se trata de la cancha y el futbol.
Ayer me di a la tarea de recorrer lugares y barrios antes y después del partido. Miles de personas, muchas familias caminando vestidas de verde, contentas, sonriendo, entusiasmadas. Lugares llenos.
En el restaurante donde vi el partido había una mesa con un grupo de una docena de hombres mayores, de más de 80 años. Por supuesto, llegaron después del show raro, ese que no existía, de Shakira y amigos.
Venían a ver el partido y se levantaron, como yo y los de mi mesa, a cantar el Himno Nacional cuando se entonó en el Azteca.
Durante noventa minutos se pararon y gritaron, como yo, con los dos goles de la Selección Mexicana, y se frustraron y también gritaron reclamando, como yo, a una Selección Mexicana que, frente primero a diez y después a nueve, debió haber sido otra, como debió haber sido el resultado. Por cierto, porque pregunté: no son muy fans de la Presidenta y odian a la CNTE; pero, como me dijo uno de ellos ayer, se trataba de futbol.
Cuando salí y caminé otras calles me encontré a varios niños felices, porque habíamos ganado, son niños, no entienden que debimos haber vapuleado, pero estaban felices.
En redes, en algunos chats multitudinarios de WhatsApp, la gente se queja: que si el sonido del Azteca, que si “¡Ay, cuánto nos costó llegar!” —pero ya están en sus casas—, que si la Liga Mexicana, que si la FIFA y sus negocios… Y sí, pero…
Ayer ganó el futbol, nadie más. Y para quienes lo aman, como yo, desde pequeños, fue un gran día, más allá de la preocupación por la actuación de la Selección Mexicana.
Once contra once en una cancha de pasto durante noventa minutos.
El mejor invento. Por mucho.