Aunque las candidaturas independientes son ya una vía más de acceso al poder público, opción que emerge como respuesta de la ciudadanía al endurecido rostro de los partidos,éstos siguen siendo un elemento esencial de la democracia, ya que, sin un sistema de partidos no hay posibilidad de gobernabilidad democrática.
No obstante, los partidos viven hoy la crisis más grande de su historia.Los problemas más graves que enfrentan son el dogmatismo,pues no hay diferencia entre un credo religioso y un credo partidista, y el de la democracia interna.
El dogmatismo se muestra de la manera más pueril y grosera en la mentada “disciplina partidista”, que no es sino una parálisis cerebral que imposibilita pensar por cuenta propia para decidir sobre lo que es mejor, no para la camarilla, sino para el partido, los partidos y para la vida democrática del país.
Cuando en los partidos se entienda por disciplina partidista no un acto de sometimiento ciego al líder, sino como un acto de conocimiento y reconocimiento al líder,por parte del militante que posee una plena formación política, entonces se habrá dado el primer gran paso hacia la democratización de la vida interna de los partidos. Mientras esto no acontezca, los partidos seguirán siendo cuevas donde habitan los cavernícolas de la política.
Morena no escapa a este problema. En el mes de septiembre la militancia de Nuevo León elegirá de manera paritaria a 120 consejeros, quienes a su vez elegirán al presidente de ese partido.Y al igual que en el PRI y en el PAN, las zancadillas y patadas por debajo de la mesa no se han dejado esperar.
Hasta ahora hay tres aspirantes: Horacio Flores, con un pasado de activismo político estudiantil;el aguerrido Herminio Gómez, quien en 1991 quiso ser presidente municipal de Monterrey y, no obstante haber sido el único que se registró, el comité municipal del PAN no lo dejó llegar, lo que originó su renuncia a ese partido; y Julio Lanestosa.