Pinocchio: ser leal al genio

Ciudad de México /

Las aventuras de Pinocho fueron escritas por el italiano Carlo Collodi, pero han sido reproducidas en distintos formatos. Recientemente la versión cinematográfica que dirigió Guillermo del Toro le otorga realismo a los personajes fantásticos, privilegiando lo artístico.

El guion está apartado del que creadores catalogan como cuento infantil, romatizando los hechos. De inicio la muerte le ocurre al auténtico hijo del carpintero Gepetto dentro de una iglesia donde residen, para los creyentes, la esperanza y el Eterno.

No será primigenia la empatía del padre hacia Pinocchio, surge desde el dolor y nace de lo perdido. Literalmente brota: Gepetto planta una semilla de pino y de su tallo leñoso creará nuevamente al niño que falleció. Una hechicera, no el hada encantadora pero enigmática Ninfa, le brinda vida y a la voz de su conciencia, un malogrado escritor con cuerpo de insecto.

Hay un misticismo en torno de los personajes que remonta a otro tiempo y Collodi no debía mencionar, objetivizando la trama. Del Toro aclara que estos sucesos ocurren durante la época del régimen nazi, personificándose en Benito Mussolini.

El mexicano puede tomarse licencias creativas de las que Collodi careció, aunque sí interpreta fielmente el drama en episodios que conserva del original, entre ellos cuando a Geppetto lo engulle una ballena. Visualmente Pinocchio resulta cautivador, entre su porosidad y tierna expresión no necesita nada más.

Por Erandi Cerbón Gómez

@erandicerbon

  • Erandi Cerbón Gómez
  • femme.de.lettres@hotmail.com
  • Erandi Cerbón Gómez (Ciudad de México, 1991) hizo estudios de filosofía en la UNAM y escribe sobre libros en MILENIO desde 2014. Publica los jueves cada 15 días su columna Igitur.
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